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Hacer cosas con otros, por Bárbara Talazac

Bárbara Talazac es Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la UBA y Magíster en Gestión de la Cultura de UDESA. Desde 2008, trabaja en el programa Libros y Casas, que coordina desde 2016. Ha trabajado en diversas iniciativas vinculadas a la promoción de la lectura. 

Bárbara Talazac NL

El gestor como nexo

a definición que más me gusta de la gestión cultural es, quizás, la más sencilla: hacer cosas con otros. Esa idea refiere a hacer el trabajo con otros, pero también a la necesidad de pensar siempre en el público que va a recibir nuestro trabajo. La tarea del gestor cultural puede pensarse como un nexo entre los artistas o la propuesta cultural, y el público. El gestor cultural tiene la posibilidad de darle escenario a ciertas propuestas, para que desde allí surjan nuevos sentidos, otras lecturas posibles. Lo que más disfruto de mi trabajo en gestión cultural es estar siempre en contacto con lo nuevo, con lo que pasó y lo que pasa hoy. Y obsesionarse con el detalle, para darle lugar a lo inesperado.

Cultura e inclusión social

Pensar a la cultura como factor de inclusión social es una de las visiones más interesantes del trabajo del gestor cultural, ya que pone en primer plano una función social indelegable. Esta idea reconoce los derechos culturales como derechos humanos que apuntan a asegurar la plena participación de las personas en la vida cultural de la comunidad (Bayardo García, 2008). El análisis de las barreras de acceso a la cultura (materiales, simbólicas, etc) y los modos de asegurar la mayor participación posible de las personas en el entramado cultural de la comunidad son tareas imprescindibles de los gestores culturales.

Una recomendación: lectura y subjetividad

Recomendación Bárbara Talazac

Para llevar adelante mi trabajo en la promoción de la lectura en espacios no formales fue fundamental leer a la antropóloga Michèle Petit. La autora conceptualiza el rol de la lectura en la construcción de la propia subjetividad, y desde lo social, lo plantea como un eje a partir del cual se puede trabajar el acceso a los bienes culturales en un sentido amplio.La participación en y el acceso a la vida cultural de la comunidad tiene consecuencias positivas para las personas como la generación de herramientas que mejoran las habilidades sociales que se requieren para la vida cotidiana (el ejercicio del pensamiento crítico, el conocimiento sobre los derechos, el mejor uso de tecnologías, entre otros). El libro Lecturas: del espacio íntimo al espacio público (2001) desarrolla estos temas e invita a pensar el trabajo del mediador cultural desde el lector (y no al revés), de un modo horizontal y atento.

Contra las injusticias y las desigualdades

““(...) La lucha de los sujetos a favor de su emancipación y en contra de las injusticias y desigualdades solo puede librarse como una lucha contra la apropiación diferencial del conjunto de bienes y materiales simbólicos de la sociedad, contra la distribución desigual de los papeles que jugamos en el juego de esa sociedad injusta, y eso implica discutir y combatir, entre otras cosas, el hiato que hoy separa a quienes gozan de la prerrogativa del acceso a los libros, de la posibilidad de la lectura (y del placer, los beneficios y el poder que otorga esa posibilidad de lectura), de quienes, por todo tipo de razones, ven retaceada esa posibilidad. (...) Hay un derecho a la lectura como atributo de la ciudadanía (...) y por eso mismo, el Estado tiene la responsabilidad, el deber, de garantizar a todos los ciudadanos la posibilidad del ejercicio efectivo de ese derecho universal”.

Eduardo Rinesi, del libro Basta de anécdotas. Bases para la sistematización de políticas públicas de promoción de la lectura, editado por la Universidad Nacional de General Sarmiento.

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