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Una IA que pregunta en lugar de responder

“Si una máquina pareciera devolvernos en segundos todas las respuestas, ¿qué sentido tiene formarnos en las diversas disciplinas?”, se preguntan Mariana Ferrarelli, profesora de la Escuela de Educación de Universidad de San Andrés, Clarisa Vittoni y Florentina Guaita, investigadoras del Laboratorio Abierto de Inteligencia Artificial (LAIA). En un contexto en el que los principales sistemas de inteligencia artificial generativa adoptaron el formato conversacional del chatbot como forma dominante de interacción, orientado a obtener respuestas rápidas, eficientes y listas para usar, la lógica transaccional comenzó a consolidar el vínculo entre humanos y máquinas. “Las personas empezaron a relacionarse con los modelos de IA en busca de contenidos terminados y sus intercambios comenzaron a parecerse más a una conversación con un experto que al uso de una herramienta de apoyo que requiere supervisión constante, como una máquina expendedora donde se ingresa un pedido y se extrae un texto para copiar y pegar” explican. 

Junto a un equipo interdisciplinario integrado por programadores, sociólogos, comunicadores, docentes de lengua y literatura, periodistas, ingenieros y especialistas en diseño UX/UI, las investigadoras desarrollaron Calíope, una interfaz de inteligencia artificial generativa diseñada para intervenir en procesos de escritura creativa, académica y profesional, sin reemplazar el acto de escribir. En un artículo publicado recientemente en la revista Exlibris documentan las decisiones técnicas y pedagógicas que guiaron el diseño de la herramienta y exploran modos alternativos de interacción con la IA capaces de preservar la agencia autoral y sostener la reflexión crítica durante la escritura. 

A diferencia de los sistemas que producen textos cerrados y listos para copiar y pegar, Calíope replica deliberadamente la experiencia de una “hoja en blanco” y no la de un chat conversacional basado en preguntas del tipo “¿En qué puedo ayudarte?”. En lugar de escribir por la persona, la interfaz lee el texto en desarrollo y, a partir de instrucciones configuradas previamente por quien escribe, formula preguntas destinadas a estimular nuevas perspectivas, detectar inconsistencias y tensionar argumentos. Por ejemplo, puede configurarse para trabajar desde la mirada de una autora específica o acompañar la escritura de artículos académicos o crónicas periodísticas. Además, la herramienta se activa únicamente a demanda y la decisión de incorporar o descartar sus sugerencias permanece siempre en manos de quien escribe. Hasta el momento, el equipo de investigación realizó pruebas iniciales con niños y adolescentes en espacios de educación no formal en Argentina, docentes en España y Bolivia, y con estudiantes universitarios en México.

“La idea fue diseñar una herramienta en la que la intervención tecnológica no opaque el proceso de pensar y escribir”, señalan las investigadoras. En un escenario donde gran parte de las interacciones digitales se organizan bajo la lógica “te pregunto/me respondés; te pido/me das”, el diseño de Calíope parte de una pregunta central: qué aspectos de la escritura estamos dispuestos a delegar y cuáles queremos preservar como parte de la experiencia humana. “Por ejemplo, uno puede no querer automatizar la producción textual, pero sí utilizar la IA para inspirarnos, explorar ideas o destrabar caminos pobres”, señala Ferrarelli. La especialista en Educación de UdeSA explica que el desarrollo de Calíope le permitió materializar en una herramienta muchas de las discusiones actuales del campo educativo en torno a cómo nos vinculamos con las máquinas y qué aspectos de los procesos de pensamiento resulta deseable, o no, automatizar.

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