Un algoritmo para detectar alteraciones sutiles de la memoria en personas con VIH

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) afecta a casi 40 millones de personas en el mundo y, además de comprometer el sistema inmunitario, puede producir alteraciones cognitivas, entre ellas en la memoria episódica, es decir, en la capacidad de recordar eventos pasados. Estas dificultades, que incluyen problemas para recuperar palabras, evocar detalles específicos y organizar coherentemente un relato, suelen evaluarse mediante tareas de recontado de historias, en las que la persona escucha o lee una narración y luego la reproduce con sus propias palabras. Sin embargo, las evaluaciones tradicionales se basan en el recuento manual de información recordada u omitida, un procedimiento estandarizado pero poco sensible a alteraciones sutiles del discurso, lo que limita su utilidad clínica.
En un estudio publicado recientemente en The Clinical Neuropsychologist, Lucas Federico Sterpin, Camilo Avendaño Avello, Jeremías Inchauspe, Gonzalo Nicolás Pérez, Franco J. Ferrante, Agustina Birba, Lucía Amoruso y Adolfo M. García, investigadores del Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés, junto con Valeria Abusamra (ITBA-UBA), Carolina A. Gattei (CONICET-UTDT), Lorena Abusamra (Hospital Municipal Dr. Diego Thompson) y Bárbara Sampedro (UBA), propusieron superar estas limitaciones mediante herramientas de procesamiento del lenguaje natural. “La idea es aprovechar tecnologías que ya existen y aplicarlas a pruebas de uso clínico habitual para extraer más información. El deterioro cognitivo en el VIH es muy variado, de modo que contar con indicadores más precisos puede mejorar el diagnóstico temprano y orientar estrategias terapéuticas y de rehabilitación”, explica Sterpin.
Los investigadores evaluaron la memoria episódica de 50 personas con VIH y 42 controles, todos hablantes de español. Los participantes escucharon una historia de cinco párrafos y la volvieron a contar con sus propias palabras, respetando su volumen, ritmo y cadencia habituales. Los relatos fueron grabados y transcritos literalmente por psicolingüistas, incluyendo vacilaciones, errores gramaticales y deslices del habla. Luego, los discursos fueron analizados automáticamente según tres dimensiones: la proporción de sustantivos, verbos, adjetivos y adverbios utilizados en relación con el número total de palabras enunciadas; la precisión semántica, es decir, la cercanía conceptual entre el relato de los participantes y el texto original; y la similitud organizativa, que refiere a la coherencia y estructura del discurso.
El análisis reveló alteraciones multidimensionales en la memoria episódica de las personas con VIH. En comparación con los controles, produjeron menos sustantivos, lo que sugiere dificultades específicas para recuperar entidades como personas, objetos o animales, y elaboraron relatos conceptualmente más distantes del texto original, es decir, con menor precisión semántica. Asimismo, presentaron menor coherencia discursiva, lo que evidencia mayores dificultades para organizar la información de manera secuencial y sostener el foco temático sin reiteraciones ni desvíos. Estas diferencias fueron detectadas de forma robusta mediante modelos de aprendizaje automático. Según Sterpin, la principal fortaleza del enfoque radica en su capacidad para identificar cambios sutiles y potencialmente más tempranos que los captados por pruebas convencionales, además de su potencial de aplicación en otras patologías neurodegenerativas, como la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Alzheimer o la demencia frontotemporal.