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Qué hay detrás de la línea de pobreza en Argentina

Pobreza: la grieta que importa

Según datos del INDEC, durante el primer semestre de 2026, el 24,4% de los hogares y el 32,3% de la población de Argentina se encontraban por debajo de la línea de pobreza. El indicador establece el ingreso mínimo necesario para acceder a un conjunto de bienes y servicios esenciales. ¿Qué ocurre con las condiciones estructurales de vida de las personas que se encuentran por debajo de esa línea? El nuevo libro de Andrés Schipani, profesor del Departamento de Ciencias Sociales en la Universidad de San Andrés, Pobreza: La grieta que importa (Editorial Ariel), profundiza la discusión sobre la pobreza en Argentina. En él colaboran otros profesores de la institución como Mariano Tommasi, Guillermo Cruces y María Victoria Anauati, del Departamento de Economía. El texto propone un enfoque interdisciplinario con el fin de identificar “cuáles son los puntos ciegos de la política social y cómo podemos salir de esa pantalla”, en palabras de Schipani. Aborda la problemática desde una perspectiva cuantitativa respecto de los ingresos económicos, aunque también incluye un componente cualitativo que busca comprender la realidad de la pobreza y las políticas públicas en profundidad. 

Según el profesor e investigador de UdeSA, hasta los años setenta la sociedad argentina era la más integrada de América Latina. En comparación con la región, el país tenía niveles de pobreza históricamente bajos y el modelo de la movilidad social ascendente prevalecía en la sociedad. Sin embargo, a partir de las hiperinflaciones del 1989 y 1990, junto a la crisis del 2001, los niveles de pobreza incrementaron significativamente. A pesar de que los índices han disminuído desde ese entonces, el nivel pre-crisis nunca se recuperó. En este sentido, Schipani identifica a la pobreza como “la verdadera grieta de la Argentina” que trasciende a los gobiernos e ideologías políticas.

El libro ahonda sobre la transmisión intergeneracional de la pobreza, el lugar que ocupan los jóvenes dentro de los barrios populares, el problema de la crianza y también la educación. Advierte que la problemática ya no afecta únicamente al trabajo informal, sino que en la actualidad el trabajo formal también es compatible con estas condiciones. El texto describe un doble aislamiento de los sectores pobres en el país. Por un lado, hay una segregación de los barrios populares respecto del resto de la sociedad. “No llega el pavimento, no llega la policía, no llega la ambulancia, no llega el colectivo que es lo que puede conectar a esas personas a un trabajo formal”, explica el autor. Por el otro, existe un aislamiento cada vez mayor entre las familias de los propios barrios populares. “En el marco de barrios atravesados por la violencia y los consumos problemáticos, las familias que aspiran a enviar a sus hijos a la universidad terminan encerrándolos en un modo de crianza tipo burbuja para que no se vean afectados por las dinámicas del barrio y los atrape la esquina”, indica Schipani. 

El autor entiende que la política social argentina ha sido fundamental para contener la pobreza. Sin embargo, indica que no ha resultado eficiente en materia de movilidad social: “Tenemos muchas políticas de red pero pocas políticas de trampolines”. De este modo, el libro pone el foco en una de las principales problemáticas de la Argentina,  indaga sobre cuáles son los principales obstáculos para el desarrollo y la reducción de la pobreza, y qué políticas públicas podrían contribuir a superarlos.

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