Pablo Quirno: de las finanzas al desafío de transformar Ualá

Para empezar, más allá del cargo ¿quién es Pablo Quirno?
Tengo tres hijos. Soy hijo, soy marido y soy padre. Me interesa mucho más eso que la silla en la que estoy sentado.
Soy muy familiero e intento estar todo el tiempo posible con mi familia. También soy fanático de River y voy todos los domingos que juega de local. Es un momento que comparto con mis hermanos, mi padre y mis hijos.
Tengo algunas reglas para tratar de encontrar ese balance: no tengo reuniones a las nueve porque llevo a los chicos al colegio e intento llegar siempre a casa. Y cuando estoy en casa, trato de despejarme y ser solamente Pablo. A veces lo logro y a veces no.
Tu carrera pasó por las finanzas, el sector público y la industria fintech. ¿Qué te fue llevando de una etapa a la otra?
En mi casa las finanzas fueron siempre un tema. Pero yo siempre tuve una fuerte vocación por entender y participar de algo que fuera mayor a uno mismo.
Entre 2016 y 2019 tuve un paso por el Gobierno y ahí había una sensación de que uno estaba intentando hacer algo por otro grupo de personas, por un bien mayor al propio.
Siempre mezclé eso con las finanzas. En ese momento, además, el mundo fintech estaba en pleno boom y empecé a mirar distintas alternativas.
Lo que más me atrajo fue la inclusión financiera y la posibilidad de construir una entidad más eficiente, con una cercanía mucho mayor al cliente.
¿Qué te dejó tu paso por el sector público?
Para mí fue una experiencia increíble. Cuando uno está en el sector público ve la macro real del país. Cuando uno está en una empresa, la macro de una empresa es la micro del país.
Es muy valioso entender, desde una empresa, por qué se toman determinadas decisiones y, desde el sector público, cómo esas decisiones impactan después en la macro del sector privado.
¿Qué te llevó hasta Ualá?
La inclusión financiera fue lo que más me atrajo. Poder ver historias concretas de cómo algo que hoy parece muy simple, como abrir una cuenta bancaria desde un celular, hace diez años no existía.
He hablado con personas que me contaron que, gracias a esta transformación, se ahorraban 300 kilómetros una vez por mes para cobrar su sueldo en la Patagonia.
Eso que parece algo simple puede cambiar la vida de una persona: empezar a ahorrar, acceder a herramientas de inversión, pedir un crédito o desarrollar un emprendimiento.
Creo que parte de nuestro negocio es poder acompañar la vida financiera de una persona en todas sus etapas: desde su primera cuenta hasta su primer trabajo, su primera tarjeta, un préstamo, un auto, un emprendimiento y, eventualmente, una hipoteca.
¿Qué habilidades fueron importantes para pasar de un rol financiero a una mirada más integral del negocio?
Somos una startup, con filosofía de startup. A medida que uno va creciendo, el valor adicional que puede aportar es el armado de equipo.
Siempre decimos que uno tiene que tener un equipo mucho mejor y con más conocimiento que uno mismo.
Es importante tener bases sólidas porque somos una empresa financiera, pero el salto es poder entender cómo esas implicancias financieras se traducen en el negocio: qué necesita el cliente, cuál es el siguiente producto y cómo innovamos.
Nuestro rol es estar constantemente innovando. Si no, nos transformamos en un banco tradicional más eficiente. Y nosotros queremos ser un banco de innovación.
¿Cómo se construye una cultura cuando la empresa crece tan rápido?
Lo más importante es entender en qué estadio está la empresa y qué necesita en cada momento. Ualá fue creciendo y evolucionando, y eso también nos exige revisar y adaptar nuestra forma de trabajar.Tenemos una cultura muy horizontal. No hay oficinas cerradas, trabajamos en un open space y estamos todos disponibles para todos.
Creo en lo positivo de la presencialidad, pero también creo que lo importante es que cada persona pueda cumplir sus objetivos.
¿Cómo cambió la relación de los argentinos con el dinero en los últimos años?
Creo que la diferencia está en la velocidad con la que podemos responder a determinadas situaciones.
Hoy, gracias a la cantidad de integraciones que existen, podemos identificar rápidamente a los clientes que necesitan una solución y ofrecérsela.
Somos una empresa de servicios hacia el cliente, tecnológica y de data, que está en el sector financiero. Con la información que tenemos podemos segmentar y personalizar mucho más.
¿Cómo imaginás el banco del futuro?
Yo veo que el futuro de los bancos va a ser mucho más relacional. Va a ser más conversacional.
Me gustaría llegar a un lugar donde podamos masificar lo que históricamente fue el servicio de un banquero privado. La tecnología debería permitirnos brindarle eso al 100% de la población: alguien que te ayude a organizar tus finanzas.
Tenemos que ir hacia un lugar donde la relación genere valor de una manera mucho más simple.
La cultura se arma en la oficina. No se arma por Zoom, ni por Meet, ni por Slack. Se arma mirándonos la cara, quedándonos cinco minutos después de una reunión y tomando un café.
¿Cómo encontrás el equilibrio entre tu vida personal y profesional?
La vida es una y es corta, y todos estamos buscando nuestro propio balance. Cada uno tiene su manera de encontrarlo. Hay momentos en los que el balance se inclina para un lado y momentos en los que se inclina para otro.
Cada etapa de la vida, laboral y familiar es diferente. Cada uno sabrá en qué momento tiene que balancear para un lado y para el otro.
¿Qué te sigue dando curiosidad profesionalmente?
Seguir aprendiendo, construir equipos y tratar de hacer que las cosas que hacemos tengan un impacto concreto.
Y creo que, en definitiva, se trata de eso: aprovechar las herramientas que tenemos, dar ese esfuerzo adicional cuando hace falta y seguir construyendo para lo que viene.
¿Qué te llevaste de tu paso por UdeSA?
Yo viví de chico diez años afuera y tenía la posibilidad de estudiar afuera. Elegí San Andrés porque quería quedarme en la que consideraba una de las mejores universidades de Argentina.
La universidad me permitió hacer un intercambio en Filadelfia, y ese intercambio me consiguió mi primer trabajo. Ese primer trabajo después llevó a un montón de situaciones que terminaron construyendo el camino hasta donde estoy hoy.
Por eso pienso mucho en el efecto mariposa o efecto dominó. Si hubiera ido a otra universidad, no tengo idea de dónde estaría hoy, pero probablemente no estaría acá.
También me llevo muchísimo de la dimensión humana. La facultad me dio un grupo de amigos que hasta hoy seguimos en contacto.