"Nunca es el momento perfecto para emprender"

¿Cómo surgió la idea de Babasal y qué oportunidad viste en el mercado para lanzar una marca como Tutti?
Después de varios años trabajando en empresas como Quilmes, InBev y PepsiCo, decidí emprender junto con mi hermano. Al principio nos dedicamos a representar comercialmente a fábricas, pero en ese recorrido detectamos una oportunidad en el mercado de jugos: había una fuerte concentración en pocas marcas y veíamos espacio para desarrollar una alternativa diferente.
Nuestra idea era crear un jugo con el mismo sabor que los líderes del mercado, pero sin azúcar agregada. Ese concepto fue el punto de partida de Babasal y nos llevó a pensar no solo en desarrollar nuestras propias marcas, sino también en construir una capacidad industrial que permitiera producir para terceros.
Para poner en marcha la compañía, recurrieron a inversión inicial de su entorno. ¿Cómo fue ese proceso de levantar capital en las primeras etapas?
Como empresa éramos muy chicos para acceder a financiamiento bancario y tampoco queríamos resignar una parte importante del negocio frente a fondos de inversión. Por eso optamos por un esquema de Friends & Family, donde las personas invierten más por la confianza que tienen en quienes lideran el proyecto que por el proyecto en sí.
Durante cuatro meses recorrimos reuniones con un PowerPoint y un Excel presentando una idea que todavía no existía. Más que apostar a un negocio, nuestros inversores apostaron a nosotros y a nuestra trayectoria profesional. Esa confianza fue clave para poner en marcha Babasal.
La alianza con Tetra Pak fue un punto de inflexión. ¿Cómo surgió y qué impacto tuvo en la evolución del negocio?
Tetra Pak fue un socio estratégico desde el comienzo. Cuando les presentamos la idea, fueron ellos quienes nos hicieron ver que no existía un productor que pudiera fabricar ese tipo de producto para terceros. Eso cambió por completo nuestra visión del negocio.
Además de incorporar su tecnología desde el inicio, entendimos que no solo podíamos producir nuestras propias marcas, sino también convertirnos en socios industriales de otras empresas. Hoy fabricamos productos para distintas marcas y esa decisión fue uno de los principales motores del crecimiento de Babasal.
Babasal es una Empresa B. ¿Cómo se traduce esa mirada en las decisiones del día a día?
Para nosotros, ser Empresa B tiene que ver con una forma de gestionar la compañía y de tomar decisiones considerando no solo el resultado económico, sino también el impacto social y ambiental.
Somos una empresa, tenemos que ser rentables, pero no a cualquier costo. Por ejemplo, trabajamos para reducir los residuos de producción y darles un destino distinto al descarte. También buscamos generar un impacto positivo en la comunidad donde estamos insertos, cuidando a nuestros colaboradores y al entorno que nos rodea.
Desde el inicio apostaron por una operación industrial avanzada. ¿Cómo fue evolucionando la planta en términos de automatización y el desarrollo de nuevas líneas, como el envasado en PET?
Desde el primer día quisimos construir una planta altamente automatizada. Venía de trabajar en grandes compañías y sabía que la automatización era clave para lograr procesos más eficientes y productivos. Hoy, gran parte del proceso está robotizado, desde el envasado hasta la paletización.
Al mismo tiempo, seguimos ampliando nuestras capacidades. Actualmente estamos desarrollando nuevas categorías como aguas, aguas saborizadas e isotónicas en PET, buscando tener un portafolio más completo para nuestros clientes.
En un contexto económico tan desafiante como el actual, ¿cómo planifican el crecimiento de la empresa?
En Argentina aprendimos que siempre hay que tener un plan B.También somos muy prudentes con el endeudamiento. Llegar hasta acá fue posible porque siempre tomamos los créditos con mucha responsabilidad. Hoy el contexto exige ser aún más cuidadosos: ya no es posible trasladar cualquier costo a precios, por lo que la planificación financiera se volvió una parte central del crecimiento de la empresa.
Mirando tu paso por UdeSA, ¿qué herramientas o aprendizajes te resultaron más valiosos al momento de emprender?
Lo más valioso que me dejó UdeSA fue la forma de pensar. Más allá de los contenidos, encontré una cultura muy orientada al emprendedurismo, que invita a cuestionar lo establecido, pensar distinto y animarse a desarrollar proyectos propios.
También destaco la red de contactos que construí durante mi posgrado, que sigue siendo muy valiosa hasta el día de hoy. Muchas de esas relaciones perduraron en el tiempo y fueron un apoyo importante en mi recorrido como emprendedor.
¿Qué consejo le darías a quienes están pensando en emprender?
Nunca es el momento perfecto para emprender en Argentina. Si esperás las condiciones ideales, probablemente nunca empieces. Lo importante es tener una buena idea, prepararse y animarse a dar el primer paso. Al final, los inversores no apuestan solo por un proyecto: apuestan por las personas que están detrás. Por eso, la formación, la experiencia y la capacidad de ejecutar son tan importantes como la idea misma.