Más allá del lenguaje: la atención visual en la afasia
Nueva investigación encuentra déficits de atención visual en el 69% de las personas con afasia y examina el impacto de un fármaco.

La afasia es un trastorno que puede aparecer tras una lesión cerebral y que afecta principalmente la comprensión y/o la producción del lenguaje. Sin embargo, las dificultades de los pacientes no se limitan al lenguaje, sino que también pueden involucrar otros procesos cognitivos, como la atención. En un artículo publicado en Aphasiology en julio de 2026, Adolfo García, director del Centro de Neurociencias Cognitivas (CNC) de la Universidad de San Andrés, Agustina Birba (CNC, UdeSA) y los investigadores de la Unidad de Neurociencia Cognitiva y Afasia (UNCA) del Centro de Investigaciones Médico-Sanitarias (CIMES) de la Universidad de Málaga, España, Marcelo L. Berthier, África Y. Gómez-Pérez, Guadalupe Dávila y María José Torres-Prioris, examinan la frecuencia y los patrones de los déficits de atención visual en un grupo de personas con afasia posterior a un accidente cerebrovascular (ACV), que ocurre cuando se interrumpe repentinamente el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro.
Según los investigadores, la atención resulta clave ya que se trata de una de las funciones cognitivas complejas que más requerimos para nuestras funciones en las actividades de la vida diaria. Cumple un papel fundamental en la comprensión de lo que nos dicen durante una conversación y en la capacidad de organizar y mantener la coherencia de nuestro propio discurso. Según Berthier, “cuando una persona tiene un trastorno de lenguaje, no sólo está alterado el lenguaje, sino también otras funciones que de alguna manera nutren y alimentan la utilización del lenguaje”.
Con el fin de analizar la frecuencia de los déficits de atención visual en personas con afasia, se definió una muestra de 55 sujetos con afasias secundarias a ACV y 25 sujetos sanos sin afasias. A partir de un experimento comportamental, midieron la cantidad de aciertos y errores ante estímulos visuales. Encontraron que el 69% de los participantes presentó algún problema de velocidad, precisión o ambas. Un 33% mostró problemas de velocidad y precisión, un 27% solo de precisión y un 9% solo de velocidad. Esto sugiere que “las lesiones que originan el problema del lenguaje son lesiones relativamente amplias que afectan a otras redes neuronales que están soportando otras funciones cognitivas”, en palabras de Guadalupe Dávila. Además, los autores destacan que los patrones de afectación varían en función de la gravedad de la afasia.
El otro punto central de la investigación consistió en evaluar si los déficits de atención visual se modulaban al suministrarse un medicamento llamado donepezilo, autorizado para el tratamiento del Alzheimer y utilizado habitualmente en casos de deterioro cognitivo vascular. Para testear la efectividad del fármaco, definieron una muestra de 26 participantes, todos afectados por afasias asociadas a ACV. Fueron divididos en un grupo tratamiento, al que se le administró el medicamento, y un grupo control, que recibió una cápsula de placebo. Se seleccionó el donepezilo ya que se trata de un fármaco que actúa sobre un sistema de neurotransmisión directamente relacionado con la atención. Los investigadores encontraron que el medicamento mostró una mejora en la atención visual, especialmente en las tareas que requieren componentes ejecutivos.
El ensayo clínico piloto no solo explora cuál es la frecuencia con la que ocurren los déficits de atención visual sino que también demuestra que pueden responder a un tratamiento farmacológico mediante estimulación colinérgica, es decir, la activación de un sistema cerebral que regula la atención y otras funciones cognitivas. Si bien se trata de un estudio experimental, los autores invitan a que se repiensen los manuales de procedimiento, los criterios diagnósticos y las prácticas con las que se abordan estas enfermedades, teniendo en consideración otras funciones cognitivas como la atención. Según el profesor de UdeSA Adolfo García, es relevante “dejar de confundir la idea de que un trastorno llamado del lenguaje es un trastorno exclusivamente del lenguaje”.