Mariano Tommasi y Nora Lustig para Clarin: La desigualdad social se adueña del debate económico mundial

El estudio de la brecha entre ricos y pobres gana cada vez más terreno en el mundo y la Argentina. Los límites de las estadísticas y mediciones en el país.

La distribución del ingreso y la desigualdad ganaron peso en el debate económico después de la crisis de Lehman Brothers, diez años atrás. Ocurrió que después de aquella recesión mundial —la peor en ochenta años—, los países desarrollados, China, el G-20 y el FMI acordaron políticas de estímulo que recuperaron pronto el nivel de actividad. Pero no los salarios de las clases medias.

 

Economistas de distintas visiones como Paul Krugman, Tyler Cowen, Dani Rodrik y Larry Summers advirtieron rápidamente el fenómeno. Cowen en su libro Average is Over mostró que los empleos de menor calidad ganaron más terreno. Krugman, que Trump empeoró la tendencia porque bajó los impuestos a los más ricos —el jueves salió que EE.UU. es el país miembro de la OCDE con la cuarta presión tributaria menor—, Summers hace énfasis en la inefectividad de la política macroeconómica tradicional para aumentar la productividad de la economía y, ergo, crear empleos de calidad. Finalmente, Rodrik apuntó a la globalización.

En paralelo, un grupo de economistas, menos conocido, se dedicó a estudiar y medir específicamente estos fenómenos. Lo lidera el francés Thomas Pikettty, quien catapultó el tema al salón de la fama cuando en 2013 publicó El Capital en el siglo XXI. Branko Milanovic y Emmanuel Saez son otras de las figuras destacadas. Entre los locales sobresalen Nora Lustig y Leonardo Gasparini.

Piketty sostiene que la desigualdad es creciente e inherente al sistema capitalista porque la tasa de retorno del capital crece más que la de los ingresos, lo cual provoca que el primero crezca proporcionalmente por sobre los salarios. Para muchos, la obra de Piketty tiene una conexión ineludible con El Capital de Karl Marx. “Es excelente”, dijo Krugman.

Esta semana salió en Buenos Aires el nuevo libro del francés. Entrevistado por Clarin, el economista de la Paris School of Economics contó que se propuso elaborar un modelo para contrarrestar la falta de equidad y aumentar la movilidad del capital. Propone cobrar un impuesto a la propiedad para que a los 25 años todos tengan un patrimonio de US$132.000.

El equipo de economistas de Piketty mantuvo un contacto la semana pasada con un grupo de colegas argentinos del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano de la Universidad de San Andrés, a cargo del economista Mariano Tommasi“Estamos poniendo a punto una herramienta que nos permita ver las implicancias distributivas que tome un gobierno”, explicó Tommasi.

El CEDH está en la frontera del tema de pobreza y desigualdad: hizo una alianza con el Instituto para el Compromiso de la Equidad que fundó Lustig, una argentina de la Universidad de Tulane (EE.UU.), y que está de paso por Buenos Aires unos días. Se suma así al CEDLAS y la UCA, otras instituciones universitarias que siguen y evalúan el fenómeno.

The Economist, la semana anterior, puso en cuestión las estadísticas que señalan un aumento de la brecha que separa a ricos y pobres. “En Sudamérica la desigualdad bajó en los últimos años”, dice Lustig. “El fenómeno de los commodities en la década pasada y las políticas de gobiernos progresistas en estos años, ayudaron a bajar la desigualdad”. Sin embargo, la experta reconoce que las encuestas sobreestiman su reducción porque no captan los ingresos de los más ricos y esto puede explicar el descontento en la región. “Además, la desigualdad que medimos cae pero la diferencia absoluta entre los ingresos crece”.

Existen dos grandes centros a nivel mundial que miden estos fenómenos. Uno es el de Piketty, basado en París. El otro es el de Lustig, en EE.UU. Ambos miden la desigualdad de manera diferente. El primero se concentra en cuánto ganan los más ricos. El segundo, en los pobres.

En la Argentina la distribución del ingreso se mide por la Encuesta Permanente de Hogares. Como se trata de un cuestionario, el coeficiente de Gini —un indicador que va de 0 a 1 cuanto más cerca de cero la disparidad entre los ingresos es menor—, refleja una respuesta y no un dato que se ajusta a la realidad 100%.

El economista Emmanuel Álvarez Agis midió que durante el gobierno de Mauricio Macri hubo deciles que vieron sus ingresos aumentar mientros otros cayeron. Leopoldo Tornarolli (CEDLAS), en una medición corregida de la de Agis, halló que todos perdieron y que, por ende, la desigualdad no aumentó tanto. Aunque sí es de esperar que surjan esos datos dado el contexto recesivo de estos años

Lunes, Diciembre 9, 2019