Los ojos y su rol en la interpretación del lenguaje

Las anáforas son expresiones lingüísticas que permiten recuperar información mencionada previamente en un discurso y orientar su interpretación. Por ejemplo, en la frase “María llegó tarde a la reunión. La investigadora pidió disculpas al equipo”, la expresión “la investigadora” remite a “María”: se trata de una anáfora correferencial, porque recupera una entidad ya mencionada. En cambio, en “El ministro anunció recortes en educación y salud. La decisión generó fuertes críticas”, la expresión “la decisión” no retoma una entidad específica, sino el evento anterior en su conjunto. Este fenómeno se conoce como encapsulación anafórica: una expresión que resume o reinterpreta una situación previa mediante una nueva formulación.
La diferencia entre ambos mecanismos radica en el tipo de información que recuperan. Mientras que la correferencia remite a entidades concretas del discurso, la encapsulación recupera representaciones más amplias y dependientes del contexto. Además, las expresiones anafóricas no solo pueden mantener información previa, sino también reinterpretarla. Por ejemplo, en la frase “Carlos y María filtraron el convenio en redes sociales. La filtración enfureció a los representantes del sindicato”, la expresión “la filtración” mantiene la información original. En cambio, si se utilizan expresiones como “la farsa” o “el chantaje”, se produce un proceso denominado recategorización, que incorpora nueva información.
En una investigación publicada recientemente en la revista Discourse Processes, Carlos Gelormini-Lezama, director de la Licenciatura en Ciencias del Comportamiento de la Universidad de San Andrés y profesor de la Licenciatura en Comunicación, junto con Óscar Loureda, Mathis Teucher, Adriana Cruz y Celia Hernández Pérez, investigadores de la Universidad de Heidelberg, analizaron cómo las personas procesan estos distintos tipos de anáforas mediante un experimento de eye tracking (seguimiento ocular). El estudio registró los movimientos oculares de 448 hablantes nativos de español mientras leían relaciones anafóricas con distintos grados de información nueva introducida por la expresión referencial. Retomando el ejemplo anterior, para los casos de correferencia se utilizaron expresiones como “el convenio”, “el pacto”, “el texto”, “el borrador” y “la farsa”; mientras que para los casos de encapsulación se emplearon expresiones como “la filtración”, “la revelación”, “la acción”, “la reacción” y “el chantaje”.
Los resultados mostraron que las encapsulaciones no generan necesariamente un mayor esfuerzo cognitivo que las anáforas correferenciales, incluso cuando recuperan antecedentes más complejos. Según el estudio, el factor decisivo no es el tipo de antecedente, sino la cantidad de información nueva que introduce la expresión anafórica, especialmente en los casos de recategorización. Estas expresiones podrían, en principio, demandar un esfuerzo adicional porque obligan al lector a reinterpretar el antecedente a partir de la nueva información incorporada. Sin embargo, esa carga puede verse compensada cuando la expresión aumenta la relevancia discursiva y facilita la integración del significado dentro del contexto.
Los investigadores concluyen que las expresiones referenciales no solo sirven para recuperar información previa, sino también para orientar la interpretación del discurso. En este sentido, el estudio aporta nueva evidencia sobre cómo la mente reorganiza y actualiza representaciones mentales en tiempo real durante la comprensión del lenguaje.