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Los laberintos del discurso presidencial frente a Malvinas

Desde 1982, la Guerra de las Malvinas ocupa un lugar singular en la memoria argentina. Su legado planteó a los gobiernos democráticos posteriores el desafío de homenajear a los combatientes y sostener el reclamo de soberanía sobre las islas sin reivindicar una decisión impulsada por una dictadura profundamente deslegitimada. Reconociendo esta tensión, Ana Zarwanitzer, graduada, profesora de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad de San Andrés y coordinadora académica de esa carrera, analizó cómo los presidentes argentinos entre 1983 y 2019 reconstruyeron discursivamente la cuestión Malvinas. 

El estudio, publicado en el Anuario del Instituto de Historia Argentina, examina 96 discursos presidenciales—orales y escritos—pronunciados en actos por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, campañas electorales, asunciones presidenciales y presentaciones de políticas públicas. La investigación identifica las agendas políticas de cada gestión, los recursos retóricos utilizados por los distintos presidentes y las fronteras discursivas entre un nosotros y un ellos, elementos que permiten reconocer diferentes posicionamientos ideológicos frente a la cuestión Malvinas. 

Lejos de consolidarse una narrativa común sobre Malvinas, los presidentes fueron abordando la cuestión buscando diferenciarse de gobiernos anteriores, legitimar sus proyectos y promover interpretaciones particulares sobre el conflicto. El primer enfoque discursivo identificado por Zarwanitzer corresponde a lo que llama la transición democrática liderada por Raúl Alfonsín, quien presentó a Malvinas como un principio “indeclinable” de la política exterior argentina y “un símbolo de reivindicación soberana compartido por toda la sociedad”. Simultáneamente, este enfoque buscó reconstruir la memoria de la guerra desde claves democráticas, con el objetivo de reducir la influencia militar sobre ese recuerdo. En sus discursos convivieron, así, la crítica a un pasado asociado con la “decadencia” y el reconocimiento a los “valientes” combatientes. 

Una segunda perspectiva agrupa a Carlos Menem y Mauricio Macri. Ambos orientaron sus discursos hacia la búsqueda de consensos externos, incluido el Reino Unido, en un contexto marcado por la búsqueda de inserción de la Argentina en el comercio internacional. En este marco, sostuvieron el reclamo de soberanía bajo un paraguas que permitiera avanzar en otros temas de interés mutuo. Sin embargo, las estrategias retóricas de cada uno fueron diferentes: mientras Menem combinó una retórica nacionalista e incluso providencial al referirse, por ejemplo, a los combatientes como “nuestros mártires”, Macri adoptó un tono discreto y un vocabulario conciliador.

El tercer enfoque corresponde a Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, quienes cuestionaron la lógica conciliadora y los acercamientos al Reino Unido que pudieran interpretarse como concesiones en materia de soberanía. Ambos reforzaron en sus discursos la memoria de la guerra y la vincularon con la defensa de los derechos humanos, al tiempo que enfatizaron una identidad malvinera que conectaba sus trayectorias personales con la historia nacional. En el caso de Fernández de Kirchner, esta estrategia adquirió una dimensión más polarizada, mediante la construcción de un amplio universo de aliados y adversarios definidos por su posición frente a la causa. 

En definitiva, el estudio muestra que la cuestión Malvinas no ha logrado consolidarse en un relato democrático unificado. Las diferencias identificadas entre los discursos presidenciales, sin embargo, revelan más que una posición sobre la guerra o el reclamo de soberanía. “Precisamente porque Malvinas constituye una referencia prácticamente inevitable en el discurso presidencial argentino, incluso aquellos mandatarios para quienes el tema ocupó un lugar incómodo o secundario debieron tomar posición al respecto. La forma en que lo hicieron permite observar cómo cada presidente interpreta su propia gestión en relación con las de sus predecesores o, de manera más general, cómo construye una visión personal sobre una parte de la historia argentina”, reflexiona Zarwanitzer.

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