Los desafíos del gradualismo 2.0


Guillermo Rozenwurcel 

 

Ramiro Albrieu 
5 de mayo de 2018  

El año pasado se hizo un avance significativo en materia de reducción del gasto en subsidios a los servicios públicos. En términos nominales, el gasto corriente en subsidios a esos servicios se redujo un 27%, lo cual representó un ahorro de 1,5% en términos de PBI. Este año el Gobierno está decidido a continuar el ajuste, reduciendo en 0,7% las erogaciones en este rubro.

Los subsidios cruzados generados por la tarifa social han limitado el impacto del reajuste en los sectores más pobres. En verdad, este ha impactado con bastante más fuerza en las clase media y alta, aunque su efecto ha sido especialmente duro en los sectores medios bajos. Sin embargo, más allá de que la mayor parte de la ciudadanía estaba al tanto del atraso en el valor real de las tarifas públicas y de la crisis energética que había provocado, la resistencia social y política que estamos presenciando pone en evidencia la dimensión del conflicto todavía abierto por el tema tarifario.

Si esta primera etapa del gradualismo ha desatado tamañas reacciones, se puede afirmar sin temor a exageraciones que hacia adelante el avance será aún más costoso: recordemos que el objetivo del Gobierno es ir bajando el déficit primario (que no incluye los pagos de intereses de la deuda pública) en 1% del PBI por año. Este objetivo no será nada fácil de conseguir. Y no se trata solo de la volatilidad en las finanzas globales y las expectativas cambiarias, que de seguro tensionarán el acceso al financiamiento. Hay además factores domésticos que limitan la flexibilidad del resultado primario. Por ello, el nuevo objetivo del Gobierno, reducir el déficit primario en 1,1% del PBI en 2018, no será sencillo de alcanzar.

 

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Sábado, Mayo 5, 2018