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Lo que esconde el “se dice que”

Diversos recursos lingüísticos contribuyen, en distintos grados, a diluir el vínculo entre quien enuncia y los puntos de vista comunicados. Uno de los más relevantes es el uso del “se”, presente en fórmulas como “se sabe que” o “se dice que”, que permite construir enunciados sin un autor claramente identificable. Esta estrategia aparece en múltiples géneros discursivos: en los refranes (“como bien se sabe, más vale pájaro en mano que cien volando”), en el discurso académico-científico (“sabido es que”, “suele decirse que”) y en los rumores (“se rumorea intensamente que”). Aunque estos usos comparten una apariencia de despersonalización frente a lo dicho, producen efectos de sentido distintos. Así lo señala Manuel Libenson, profesor del Departamento de Humanidades de la Universidad de San Andrés, en un capítulo del libro Las causas del decir. Aportes del enfoque dialógico de la argumentación y la polifonía al análisis del discurso, coordinado por María Marta García Negroni, directora del Centro de Escritura Universitaria de UdeSA.

Para explorar las diferencias argumentativas en el uso del “se”, Libenson analiza ejemplos provenientes de discursos asociados a los tres dominios identificados: la doxa popular o los refranes, la ciencia y los rumores. En el caso de los refranes, lo dicho no compromete al locutor como fuente de enunciación, aunque sí lo inscribe en un saber público, colectivo y anónimo. En el ámbito académico-científico, el “se” remite a una voz impersonal—la ciencia—que, a diferencia del refrán, puede vincularse con sujetos concretos—los científicos. El rumor, por su parte, se vale del “se” para construir una voz incierta y no legitimada, que habilita al locutor a formular afirmaciones sin asumirlas plenamente. Aun así, esas afirmaciones pueden adquirir fuerza argumentativa e, incluso, credibilidad. De este modo, Libenson muestra que el sentido de un discurso no reside solo en el contenido que expresa, sino en la posición que adopta el locutor frente a lo que reproduce—sea un refrán, un conocimiento científico o un rumor—aun cuando no se presente como su autor.

“En cada uno de los usos del “se” se está dialogando con las distintas voces que se reproducen en ese discurso. Un rumor es una reproducción de algo que está visto de determinada manera por ese mismo discurso: brinda una representación de lo reproducido. Por lo general, se considera al “se” como una forma impersonal, pero siempre hay una subjetividad. Nadie es autor de un refrán, de un saber generalizante ni de un rumor pero, al reproducirlos, el locutor imprime un sentido a esa voz que reproduce”, explica Libenson.

El libro que incluye el capítulo del profesor fue publicado por la Editorial Prometeo.

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