Las expectativas educativas también se construyen

Las expectativas educativas que los jóvenes construyen durante la secundaria, especialmente en relación con la posibilidad de acceder a estudios universitarios, son fundamentales para sus trayectorias futuras: influyen en sus posibilidades de acceso, permanencia y graduación en la educación superior. En general, quienes tienen mayores aspiraciones educativas presentan mejor rendimiento académico y menor riesgo de abandono escolar durante la secundaria. Sin embargo, estas expectativas están atravesadas por diferencias de género, nivel socioeconómico, antecedentes educativos familiares y tipo de escuela.
Una investigación realizada por Cecilia Adrogué, investigadora para el Centro de Estudios para el Desarrollo Humano (CEDH) de la Universidad de San Andrés, Ana García de Fanelli (Centro de Estudios de Estado y Sociedad) y Eugenia Orlicki (Universidad Austral - Argentinos por la Educación), publicada en la revista Educação e Pesquisa, analiza cómo se construyen las expectativas universitarias en Argentina y Chile, dos países con sistemas educativos muy diferentes. Mientras Argentina tiene un modelo gratuito y de acceso abierto, Chile cuenta con un sistema mayormente privado, arancelado y con mecanismos de admisión selectivos.
Para analizar qué factores influyen en las expectativas universitarias de los jóvenes, las investigadoras utilizaron datos de la prueba PISA del 2022 sobre estudiantes de 15 años, incluyendo su desempeño académico, repitencia, condición de primera generación universitaria, nivel socioeconómico, género y tipo de escuela. Las expectativas de completar estudios universitarios son más altas en Chile que en Argentina: el 85% de los estudiantes chilenos espera finalizar la educación superior, frente al 72% de los argentinos.
Según la investigación, esto podría explicarse por las mayores tasas de graduación de la escuela secundaria en Chile, sus mejores desempeños académicos y menores niveles de repitencia, junto con la existencia de instituciones menos selectivas y políticas de gratuidad para estudiantes de menores ingresos. En contraste, pese a contar con educación universitaria gratuita y de acceso irrestricto, Argentina presenta brechas sociales más marcadas en las expectativas educativas, en un contexto caracterizado por una mayor proporción de estudiantes de primera generación universitaria y de alumnos que asisten a escuelas públicas. Además, en ambos países, las mujeres, los estudiantes con mejor desempeño académico y quienes no repitieron de grado muestran mayores expectativas de graduarse de la universidad. En Argentina, también influyen positivamente en las expectativas universitarias asistir a escuelas privadas y tener padres con estudios universitarios.
Las investigadoras advierten que el acceso gratuito no garantiza por sí solo la inclusión educativa. La falta de información sobre oportunidades académicas y laborales, de orientación vocacional y de referentes cercanos dificulta que muchos jóvenes, especialmente de sectores vulnerables, puedan imaginar una trayectoria universitaria posible. Como señala Adrogué: “Uno no puede aspirar a lo que no conoce. Para construir expectativas, primero hay que conocer las oportunidades que existen: qué se puede estudiar, qué trabajos hay y qué caminos son posibles. Eso depende no solo del nivel educativo, sino también del entorno cultural y social en el que cada joven crece”. Por eso, el trabajo sostiene que fortalecer las expectativas universitarias requiere no solo mejorar el rendimiento académico, sino también ampliar el acceso a información, fortalecer la calidad educativa desde los primeros niveles y generar entornos que permitan a los estudiantes imaginar trayectorias universitarias posibles.