Las duras lecciones que conviene aprender del Brexit


Federico Merke
Director de las licenciaturas en Relaciones Internacionales y en Ciencia Política y Gobierno de la Universidad de San Andrés

Al cabo de una serie de errores de cálculo, Gran Bretaña se encuentra al borde del abismo.

Al cabo de una serie de errores de cálculo, Gran Bretaña se encuentra al borde del abismo.

El pasado jueves 21, Theresa May logró correr la fecha de salida de la Unión Europa, prevista inicialmente para el 29 de marzo a las 11 de la noche. El futuro inmediato aún sigue siendo incierto. En casi tres años, May no pudo o no supo orquestar un consenso sobre cómo salir. Tardó más de la cuenta en comenzar a decidir. Trazó líneas rojas pero al poco tiempo tuvo que ceder. Hizo de la negociación un monólogo. Irritó a los moderados y fracasó en apaciguar a los duros. Así, el Reino Unido dejará la Unión, con acuerdo o sin acuerdo, exhibiendo una sociedad más fragmentada y más confundida que tres años atrás. Como resultado, las identidades Brexit (a favor o en contra de salirse de la Unión Europea) hoy son más dominantes que las identidades partidarias. ¿Qué lecciones nos puede dejar esta experiencia?

La primera lección es que un referéndum es algo muy serio como para ser decidido en un contexto de presiones de corto plazo. Los líderes deben saber qué batalla dar a través de este mecanismo. En la vida democrática, un referéndum debe conjugarse con otras instituciones representativas, no reemplazarlas. Debe, también, aparecer como el resultado de un proceso deliberativo, no como el comienzo de una discusión. Y necesita ser pensado en un contexto social más amplio.

Entre 2014 y 2016 tuvieron lugar siete referéndums en Europa, todos ellos vinculados con la Unión Europea. Con la excepción de uno solo, el resultado fue el rechazo a la cooperación con Bruselas inspirado en la desconfianza hacia expertos, en el ascenso del nacionalismo y en una comprensión escasa del problema en cuestión. Una mirada más sensible a los sentimientos que circulaban, y circulan, por Europa podría haber servido para anticipar un resultado negativo en el referéndum avalado por David Cameron.

En segundo lugar, es necesario considerar que, una vez decidido el referéndum, no se puede subestimar el uso estratégico de la información que circula en las redes sociales. El referéndum lo ganó el bando que logró distribuir más eficientemente información ambigua y mentiras plausibles. Y lo pudo hacer utilizando modernos métodos de inteligencia artificial, desarrollo de algoritmos y recaudación de fondos para campañas gráficas y televisivas.

Una versión más oscura, sugerida en 2016 por un informe de la Comisión de Administración Pública y Asuntos Constitucionales del Parlamento británico, es que algunas potencias extranjeras podrían haber intervenido y bloqueado el sitio web en que los votantes debían registrarse para dar su parecer. La infraestructura de un referéndum hoy es casi tan importante como su contenido.

La tercera lección que nos deja el Brexit es que estimar las preferencias ciudadanas mediante encuestas de opinión pública sigue siendo una tarea de enorme complejidad. La sobreabundancia de datos que existe hoy en el mercado de la información nos hizo creer que el margen de error sería cada vez menor. Los resultados del Brexit, junto con los resultados de las elecciones en Estados Unidos, fueron un importante llamado de atención sobre las supuestas bondades del big data.

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Lunes, Abril 8, 2019
Las duras lecciones que conviene aprender del Brexit