La puja por América Latina


Por Patricio Yamin y Federico Merke para el Dipló

La disputa entre Estados Unidos y China por el poderío mundial amenaza con tener repercusiones sobre América Latina. La mayor presencia económica y política del gigante asiático en la región genera fricciones con la potencia norteamericana, fundamentalmente cuando afecta sus intereses estratégicos en su “patio trasero”.

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esde la llegada de Donald Trump al gobierno en enero de 2017, la densidad del conflicto entre Estados Unidos y China no paró de aumentar. Embarcados en un juego estratégico de retaliación equivalente, Trump y Xi Jinping parecen no encontrar un equilibrio que los satisfaga. La razón de esta inestabilidad reside en que el juego no tiene una sola dimensión sino al menos tres. Y en que el más insatisfecho no es China sino Estados Unidos, el más poderoso de los dos.

En primer lugar, la disputa es un conflicto por las reglas que permitan un comercio bilateral aceptable a ambas partes. Para Trump, el gobierno chino juega con ventaja porque puede subsidiar intensamente sectores industriales específicos, practicar espionaje industrial, exigir transferencia de tecnología a empresas de Estados Unidos que invierten en China, y al mismo tiempo puede mirar para otro lado cuando se trata de proteger patentes de las transnacionales. La cumbre del G20 que se realizará en Japón a fines de junio será clave para confirmar hacia qué escenario nos estaremos moviendo. El resultado más probable, sin embargo, es el de un conjunto de acuerdos parciales e inestables.

Pero el conflicto por las reglas se vincula con otro de más largo plazo y cuyo origen es el aumento de las capacidades chinas. Las medidas del gobierno de Trump contra la empresa Huawei son la punta de un iceberg mucho más complejo. En Estados Unidos, el plan Made in China 2025 de desarrollo tecnológico es visto como un proyecto de predominio y autosuficiencia en diez sectores de la cuarta Revolución Industrial incluyendo las comunicaciones 5G, la robótica, la inteligencia artificial y el equipamiento espacial. En esta revolución, cada vez será más difícil distinguir entre comercio y seguridad, entre productos comerciales y producción para la defensa. Cuando hay confianza entre las partes, el análisis estratégico no correlaciona capacidades con intenciones. Cuando la confianza cae, como sucede ahora, las segundas se infieren de las primeras. Para muestra basta comparar la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2006, que buscaba acomodar el ascenso chino, con la de 2016, que trata a ese ascenso directamente como una amenaza.

En tercer lugar, finalmente, la madre de los otros dos conflictos: las estructuras domésticas divergentes de funcionamiento del Estado y la sociedad en Estados Unidos y China. Esta divergencia no es nueva y es parte de la historia de ambos Estados modernos, pero desde la reforma económica china llevada a cabo por Deng Xiaoping a fines de los años 70 la sociedad global occidental apostó a una lenta transformación que le permitiera al país ser un socio confiable del orden internacional liberal. La certeza que trajo Xi Jinping al mundo es que China continuará haciendo un uso selectivo de las instituciones del orden liberal mientras protege las instituciones del régimen basadas, según Yan Xuetong, en un diálogo entre marxismo, confucianismo y pragmatismo.

Campo de disputa

¿Cómo impacta esta tensión en América Latina? Hace rato que los expertos vienen señalando el aumento sostenido de la presencia de China en la región, a partir de una estrategia basada fundamentalmente en buscar acceso a recursos naturales y minerales, desarrollar un mercado de exportación y avanzar con la internacionalización de las compañías chinas. Esta dinámica se acentuó aun más a partir de Xi. Del lado de América Latina, los viajes oficiales en ambas direcciones han contribuido a disminuir los niveles de desconocimiento y aumentar la confianza, social y cognitiva, entre culturas muy distantes.

Los resultados están a la vista. El comercio de América Latina con China pasó de 12.000 millones de dólares en el año 2000 a más de 300.000 millones en 2018. Desde 2005, China ha desembolsado más de 150.000 millones en préstamos a toda la región, un monto superior a la suma de lo prestado por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la CAF-Banco de Desarrollo para América Latina. A su vez, China ha firmado asociaciones estratégicas con diez países y ha suscripto acuerdos de libre comercio con Chile, Costa Rica y Perú (está negociando otro con Panamá). La inversión de China en la región pasó de 2.000 millones de dólares en 2004 a 25.000 en 2017. Finalmente, quince países de la región ya se sumaron a la Iniciativa de la Ruta de la Seda, un proyecto global de infraestructura de varios billones de dólares.

 

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Viernes, Junio 7, 2019