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Ir al cine en tiempos de streaming

Cine - sala

Durante las últimas tres décadas, el cine atravesó diversas transformaciones y debió adaptarse a contextos marcados por una creciente expansión de la oferta audiovisual. La llegada de la televisión de pago y la irrupción de las plataformas de streaming dieron lugar a nuevas prácticas culturales que transformaron la industria. Hoy en día, no es necesario trasladarse a un cine para ver una película, porque es posible mirarla desde el sillón de una casa, y hasta desde una pantalla móvil. Sin embargo, las salas siguen existiendo. La pregunta es: ¿las personas continúan eligiendo ir al cine? En un artículo publicado en el Anuario del Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo, Santiago Marino, profesor de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad de San Andrés, y Marina Moguillansky, investigadora de la Universidad Nacional de San Martín, identifican los principales factores que explican las variaciones en el comportamiento del público y las lógicas de sostenibilidad del cine en el nuevo ecosistema audiovisual. 

Los autores desarrollaron una base de datos con información recopilada desde el año 1994 al 2024 de fuentes oficiales sobre los espectadores, estrenos y recaudación tanto para el cine como para la televisión de pago y las plataformas. Para estudiar correlaciones entre las principales variables explicativas, establecieron modelos de regresión. Según los investigadores, el análisis global del período muestra que el promedio de ingresos laborales constituye el factor que mejor explica la evolución de la recaudación en cines. Según el profesor de UdeSA, “los años de crecimiento económico y de estabilidad son los años en que más cantidad de entradas al cine se venden, pero este funcionamiento se ve afectado por otras variables como la expansión de la TV paga y la emergencia de las plataformas”.

Para indagar en las nuevas formas de consumo, los autores observan que, entre 1994 y 2024, el espacio audiovisual en Argentina atravesó una transformación profunda, marcada por la convergencia de factores económicos, tecnológicos y culturales. Con el fin de analizar cómo el cine se adaptó al proceso de plataformización del audiovisual ampliado, los investigadores reconstruyen los hitos de la industria en los últimos 30 años. El recorrido comienza en 1994, cuando se aprobó la Ley de Fomento y Regulación de la Actividad Cinematográfica, que incrementó la inversión estatal en el cine. Desde entonces, los autores identifican una etapa de crecimiento en la cantidad de complejos multiplex en el país (establecimientos cinematográficos con múltiples salas de exhibición). A partir del 2002, comienza a expandirse la televisión de pago a la par que el cine continúa en un momento de desarrollo. En el 2011, irrumpen los servicios de streaming. 

Marino y Moguillansky identifican un quiebre en 2020, marcado por la pandemia de COVID-19. El cierre prolongado de las salas de cine coincidió con un aumento en las suscripciones a las plataformas. El consumo audiovisual comenzó a desplazarse de las salas de cine hacia los hogares y de una experiencia colectiva a formas de consumo más personalizadas. “Aun con la reapertura, la asistencia al cine no recupera los valores previos a 2020”, sostienen los investigadores. También observan una diversificación en las prácticas de los públicos. El cine, la televisión de pago y las plataformas de streaming conviven y coexisten como consumos culturales complementarios. Para Marino, “el consumo en salas se mantuvo como práctica cultural, pero cada vez más condicionado por la competencia de las plataformas”.

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