Buscador UdeSA

Filtrar búsqueda por categorías

Imaginar otra capital que no sea Buenos Aires

Buenos Aires

Hoy resulta difícil imaginar a Buenos Aires sin pensarla como la capital del país. Sin embargo, su lugar no siempre fue indiscutido. En 1880, mientras se definía la federalización de la ciudad, también se enfrentaban distintas maneras de pensar el territorio, el poder y la propia idea de nación. En un artículo publicado en Prismas, Valentín Magi, profesor del departamento de Humanidades de la Universidad de San Andrés, explora las representaciones sobre el tema de la ciudad capital evocadas en el contexto de la federalización de Buenos Aires. A partir de un análisis de debates legislativos, la prensa porteña y la ensayística de ese momento, el investigador indaga en los intercambios y las discusiones que se dieron sobre el asunto y estudia bajo qué términos conceptuales concluyó la dicotomía de modelos abierta en la década de 1820.

En la investigación se identifican dos grandes modelos de capital. Por un lado, en la discusión pública predominó la idea de una “ciudad multifuncional”, capaz de concentrar diversas actividades y funciones. Buenos Aires pasaría a ser el centro político, comercial, cultural y demográfico de Argentina. El modelo se vio influenciado por las grandes ciudades europeas que funcionaban como “ejes neurálgicos”, como París o Roma. Quien promovió este modelo fue Julio Argentino Roca, en el período previo a su llegada a la presidencia de la Nación, cuando buscaba asumir el cargo con la capital ya federalizada. Esta fue la idea que finalmente se impuso en 1880.

Por el otro lado, existieron miradas alternativas que consideraron las ventajas de federalizar un punto distinto del mapa. El segundo modelo estuvo inspirado en la nueva ciudad de Washington, que concebía a la capital como una ciudad destinada a la administración pública, sin opinión pública ni densidad demográfica. En Buenos Aires, un grupo liderado por Dardo Rocha se resistía históricamente a entregar la ciudad al gobierno nacional. Sin embargo, Rocha cambió de posición y finalmente acordó ceder la ciudad de Buenos Aires, lo cual favorece su elección como gobernador de la provincia de Buenos Aires a comienzos de 1881. Respecto a este punto, el profesor de UdeSA destaca “el poder que tiene la política para alinear voluntades e incluso transformar las posiciones a lo largo del tiempo”.

A su vez, entre la minoría disidente también se destacó la voz de Leandro Alem, quien se opuso a la concentración de poder en un único centro y sostuvo la posición histórica de mantener la ciudad en la provincia. Aun así, no presentó ninguna alternativa para la capital federal. La propuesta de crear una ciudad nueva y apartada fue considerada innecesaria, indeseable o impráctica. Esta mirada representaba una paradoja: “Si la nueva capital está muy cerca de Buenos Aires, va a ser como un satélite, y si la capital está muy lejos, nadie va a querer ir a vivir”, en palabras de Magi.

En este sentido, el investigador de UdeSA identifica un “silencio” dado que “incluso quienes se oponen a federalizar Buenos Aires no pueden pensar en una ciudad capital alternativa”. En 1880, se aprobó la Ley de Federalización de Buenos Aires, que convirtió formalmente a la ciudad en la capital de la Argentina y puso fin a una disputa política que se extendía desde los primeros años de la organización nacional. Según Magi, “resultó imposible imaginar una ciudad distinta de la propia Buenos Aires”. El autor explica que si Buenos Aires ya era la ciudad más importante del país, después de la década del 80 se convertiría en una metrópolis de carácter global. 

Si te interesa este tipo de contenidos, suscribite a nuestro newsletter mensual.
¡Dejanos tu mail!