Imaginar la vida en común: del conflicto a la cooperación

La imaginación cumple un papel decisivo en la configuración de la vida humana: puede intensificar el miedo, la desconfianza y el conflicto, pero también hacer posible su superación mediante la construcción de órdenes compartidos. Como señala José Luis Galimidi, profesor del Departamento de Humanidades de la Universidad de San Andrés: “Yo mismo y el mundo que habito dependen en altísima medida del modo en que los percibo y los pienso”. En consecuencia, según predominen la angustia o la serenidad, se construyen mundos distópicos o habitables. “La imaginación es responsable de las distopías que habitamos y también puede ser responsable de sus remedios”, agrega el profesor de UdeSA.
En un artículo publicado en la revista Conceptos Históricos, Galimidi, junto con Lucía Vrljicak, también profesora de Humanidades de UdeSA, exploran el papel de la imaginación en la obra de Thomas Hobbes, en la que funciona como un hilo conductor entre la condición humana y la política. En su célebre Leviatán, el Estado aparece como un artificio que traduce temores individuales en un orden político capaz de garantizar protección, moderar la incertidumbre y habilitar formas de convivencia más estables y productivas. En este marco, los profesores de UdeSA sostienen que la imaginación articula la intimidad subjetiva con la objetividad institucional, y destacan la variedad de modos en que el sujeto hobbesiano percibe el mundo, lo evalúa y actúa en consecuencia.
En un primer nivel, en la condición de naturaleza, la imaginación produce un mundo de soledad, enemistad y desconcierto, donde la desconfianza generalizada vuelve racionales la violencia y el fraude, e impide toda cooperación. En un segundo momento, habilita formas más complejas de relación orientadas a la gestión de lazos intersubjetivos, que articulan voluntades y permiten vínculos no exclusivamente violentos, incluso mediante la delegación de intereses a cambio de seguridad. En un tercer nivel, los profesores señalan un uso más elaborado de la imaginación en la obra de Hobbes: reconocer al otro como “persona natural”, es decir, atribuirle autonomía, y orientar la acción hacia la paz.
En este recorrido, el Estado aparece como resultado y condición de un ejercicio colectivo y sostenido de la imaginación. En su trabajo, Galimidi y Vrljicak muestran cómo los mismos recursos imaginativos que alimentan la “guerra de todos contra todos” en ausencia de Estado pueden proyectar, bajo ciertas condiciones, un horizonte de estabilidad y cooperación. “La que constituye ese escenario en el que cada quien cree que todos son enemigos es la imaginación, y la que constituye el escenario que supera esa guerra mediante la instauración de una institución común también es la imaginación”, explican. En este sentido, concluyen que “la República bien ordenada supone una elaboración imaginativa muy sofisticada, ya que debe presentarse ante la mente de los súbditos como el ámbito en el que es posible aspirar a la paz y al confort”.