Gonzalo Pérez Corral: de San Andrés a liderar la transformación de la aviación
Graduado de la 5ta camada y Licenciado en Administración de Empresas, Gonzalo Pérez Corral construyó una trayectoria marcada por los desafíos y el aprendizaje en distintas industrias. Hoy, como CEO de JetSMART Argentina, comparte su recorrido profesional, su mirada sobre el futuro de la aviación y los aprendizajes que conserva de sus años en San Andrés.

Cuando terminaste en UdeSA, ¿cómo fueron esos primeros pasos de tu carrera?
Cuando terminé la universidad no tenía muy claro qué quería hacer ni una especialidad definida. Había hecho pasantías en Bridas y Monsanto y, después de recibirme, me fui de viaje. Cuando volví, empecé a buscar trabajo y tuve una entrevista en Buenos Aires Capital Partners, una boutique financiera que hacía mergers and acquisitions, compra y venta de empresas.
Me interesó porque tenía la posibilidad de conocer compañías de distintos rubros y hacer cosas muy diferentes: analizar negocios, trabajar con números y realizar evaluaciones, pero también entender las empresas, visitarlas y preparar información para después salir a venderlas.
Estuve dos o tres años ahí y aprendí muchísimo. Me gustaba esa combinación entre lo financiero, lo comercial y la posibilidad de conocer industrias muy distintas.
Después de esa primera experiencia, tu carrera empezó a cambiar de rumbo. ¿Cómo se fueron dando esos primeros movimientos?
En una de las empresas que estábamos analizando hice buenas migas con una persona del management y del grupo dueño de una empresa textil. Me propuso sumarme para desarrollar nuevas líneas de negocio y trabajar desde la operación, en la fábrica.
Me pareció interesante porque era la posibilidad de pasar de analizar empresas a estar del otro lado, haciendo que las cosas sucedieran.
Después la empresa fue comprada por un fondo de inversión. Cuando empezaron a conocer quiénes trabajábamos ahí, me preguntaron qué hacía y de dónde venía. Cuando les conté que venía de Buenos Aires Capital Partners, me propusieron incorporarme al fondo.
Fue un cambio interesante porque pasé de preparar la información para que otros analizaran una inversión a recibirla y analizarla yo para decidir si invertir.
Y de ahí apareció otro giro importante: decidiste hacer un MBA en Europa y te fuiste a Escocia. ¿Qué buscabas con esa experiencia?
En ese momento me empezó a interesar la posibilidad de estudiar afuera. Quería hacer un MBA y siempre me había atraído más Europa que Estados Unidos.Una casualidad me llevó a Escocia. Me crucé con una compañera que había estudiado en Strathclyde, empecé a averiguar, hice la aplicación y finalmente me fui a Glasgow.
Fue una experiencia muy buena, sobre todo por vivir con gente de todo el mundo. Me fui solo y terminé armando una comunidad muy diversa.
Después volví a Argentina en 2002, en plena crisis.
Cuando volviste a Argentina, terminaste entrando en LAN y dando un giro muy grande hacia la industria aeronáutica. ¿Cómo surgió esa oportunidad?
Cuando volví empecé a buscar trabajo y también hice algunas cosas con amigos. En un momento viajé a Chile y un amigo me comentó que estaban buscando a alguien para LAN.
Hice el proceso y quedé. Entré como gerente de aeropuertos para Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay.
Yo venía de M&A y no tenía experiencia específica en aeropuertos. Pero había conocido muchas industrias y muchos procesos, y eso me ayudó a enfrentar el desafío.
A partir de ahí empezó una etapa completamente distinta de mi carrera. Después apareció el desafío de LAN Argentina, más adelante me fui a Chile como gerente de aeropuertos a nivel global y llegué a tener a cargo 75 aeropuertos en todo el mundo. Me tocó una etapa muy interesante, con la llegada del web check-in, los kioscos, el boarding pass en el teléfono, la apertura de nuevos aeropuertos y nuevas alianzas.
Después fui a Perú, donde sumé nuevas áreas a mi responsabilidad, como tripulaciones de cabina, centro de control operacional, catering y contact center. Fue una etapa de muchísimo aprendizaje.
Después de tantos años en la industria, incluso decidiste salir de la aviación para conocer otros sectores. ¿Qué te llevaste de ese recorrido y qué te hizo volver?
En un momento sentí que no quería convertirme en un “bicho aeronáutico”. Si hacés toda la carrera dentro de una misma industria, después es más difícil salir.
Por eso decidí cambiar y pasé a Axion Energy. Ahí descubrí también cuánto valor tiene llevar aprendizajes de una industria a otra. Venía de una actividad muy inmediata, donde todo era contingencia, y entré en una industria mucho más estructurada.
Empecé a mirar la experiencia del cliente y a buscar soluciones simples para problemas cotidianos. Por ejemplo, algo tan sencillo como avisarle al dueño de una estación de servicio cuándo había salido el camión que le llevaba combustible podía hacer una diferencia enorme.
Ahí entendí que muchas veces una experiencia que traés de otra industria puede ayudarte a cuestionar cosas que en un sector están naturalizadas.
Después apareció una propuesta de una consultora: iba a entrar JetSMART a Argentina y buscaban a alguien para liderar la operación. Nunca cierro una puerta, dije que sí, hice el proceso y finalmente empecé en diciembre de 2018.
Llegaste a JetSMART pocos meses antes del lanzamiento de la operación doméstica. ¿Cómo fue construir una aerolínea prácticamente desde cero?
Fue muy desafiante. Teníamos que lanzar la operación doméstica en cuatro meses. No tenía oficina, había que contratar al equipo, buscar dónde trabajar y construir procesos que todavía no existían.
Cuando empezamos teníamos tres aviones y éramos unas diez o doce personas. Era una lógica muy de “el que levanta la mano, se ocupa”.
Era como emprender dentro de una empresa grande: teníamos el respaldo de una casa matriz que ya conocía el negocio, pero localmente había que construir prácticamente todo.
Y eso generaba una dinámica muy particular. Había que resolver desde las cuestiones más grandes hasta los detalles más pequeños. Aprendí muchísimo de esa etapa.
Desde tu experiencia, ¿cuál es hoy el principal desafío de la aviación comercial argentina?
La aviación es una industria muy demandante porque el contexto puede cambiar permanentemente. Podés estar creciendo y, de repente, tenés que devolver aviones. Puede aparecer una pandemia, una guerra, un cambio en el precio del petróleo o más competidores. Estás bien y, de repente, algo cambia y te cambia todo.
Entonces tenés que estar ágil, siempre con la mirada puesta en lo que viene, adaptarte, poder ser resiliente, entender para dónde va la situación y cambiar rápido. Y también comunicarle ese cambio al equipo y lograr que todos acompañen.
Creo que eso es parte de lo que aprendí durante estos años: en una industria así no podés quedarte quieto, tenés que estar permanentemente mirando qué está pasando y preparado para adaptarte.
Además de tu carrera profesional, hace años que trabajás acompañando a jóvenes a través de Puentes. ¿Qué lugar ocupa hoy esa experiencia en tu vida?
Estoy vinculado a Puentes desde hace muchos años y hoy me toca presidirlo. Trabajamos con chicos de bajos recursos que quieren estudiar y les damos una beca, tutoría y talleres para que puedan desarrollarse.
Cuando volví de Perú teníamos alrededor de ocho chicos y hoy debemos tener más de cien. También me tocó ser mentor de algunos de ellos, acompañándolos mucho más desde lo personal que desde lo académico.
Lo más lindo es ver qué pasa después. Hay chicos que terminan sus carreras, consiguen trabajo y empiezan a construir una vida diferente. Y algunos incluso vuelven con ganas de transformar su propia comunidad.
Para mí eso demuestra el poder transformador que puede tener una oportunidad.
Después de 30 años, ¿qué cosas de tu paso por San Andrés sentís que todavía están presentes en tu manera de trabajar y de mirar el mundo?
Creo que la exigencia de la universidad y la propia exigencia hacen que tengas que dedicarte a entender las cosas como son. Siempre hablamos con mis compañeros y de aprender a pensar, aprender a razonar.
Pero también fue muy importante la interacción con personas diferentes. Yo venía de un colegio tradicional de San Isidro y, de repente, llegué a una universidad donde había personas con historias, culturas y experiencias muy diferentes.
Para mí fue una forma de entender que el mundo real era ese y que tenía que aprender a interactuar con personas distintas.
Creo que ese aprendizaje holístico, completo, no solamente académico sino también social, es parte de lo que soy. Más allá de lo que uno trae de su casa o de sus características personales, la universidad te prepara para la vida.