El papel de las Américas en la construcción del orden mundial
Un análisis histórico explora los vínculos Estados Unidos-América Latina y su contribución al sistema liberal internacional.

El orden internacional no se construyó solamente a escala global. Antes de la creación de instituciones como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en las Américas ya se desarrollaban experiencias de cooperación y organización entre Estados. En un artículo publicado en Diplomatic History, Juan Pablo Scarfi, profesor asociado del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés, estudia cómo la relación entre Estados Unidos y América Latina contribuyó a la formación del orden liberal internacional. A partir de una reseña del libro America, América: A New History of the New World (Penguin, 2025) de Greg Grandin, el investigador destaca el rol que ocupó Latinoamérica en la construcción de un sistema mundial basado en normas, instituciones y compromisos entre las naciones. “Las Américas son el precedente del orden liberal internacional”, en palabras del profesor.
A inicios del siglo XX, Estados Unidos comenzó a pensar en una organización internacional anticolonial con el fin de defender el republicanismo. Bajo este contexto se consolidó la Unión Panamericana en 1910, el primer sistema de organización global que más tarde daría lugar a la Organización de los Estados Americanos (OEA), en 1948. Estados Unidos buscaba formar una confederación con el fin de cooperar y comerciar con otras naciones, pero también para evitar guerras y proteger las soberanías estatales. El proyecto se convirtió así en un experimento de construcción de normas comunes entre países del continente. Gran parte de esta postura se basó en la Doctrina Monroe, la declaración unilateral de política exterior norteamericana formulada en 1823. Con el pasar del tiempo, la doctrina fue reformulada y resultó fundamental tanto para los proyectos imperialistas norteamericanos como para los actores que imaginaban un nuevo orden mundial. “Estados Unidos no recorrió todo este camino solo”, explica Scarfi.
Mientras algunos juristas latinoamericanos buscaban redefinir la doctrina como un principio de cooperación entre países, basado en la soberanía, los derechos colectivos y la no intervención, también cuestionaban su uso como una forma de justificar las intervenciones estadounidenses en la región. “América Latina se presenta como un laboratorio del mundo y, por lo tanto, como un espacio fundamental para moderar y atenuar las prácticas intervencionistas e individualistas de Estados Unidos”, argumenta el investigador de UdeSA. Sin embargo, los países de la región no solo buscaron limitar el poder estadounidense, sino que también desarrollaron principios propios de derecho que contribuyeron a sentar algunas de las bases del multilateralismo internacional.
La relación de la región latinoamericana con Estados Unidos estuvo marcada por una dinámica jerárquica, en la que Washington ocupaba una posición predominante. Sin embargo, América Latina también tuvo un papel activo al limitar sus prácticas expansivas, intervencionistas y unilaterales. Al mismo tiempo, esta relación resultó beneficiosa para Estados Unidos, ya que le permitió integrarse con otros países y compartir normas que contribuyeron a su propia inserción en el orden global. Según Scarfi, comprender la construcción del internacionalismo liberal “nos sirve para pensar en caminos para salir de un orden internacional egoísta marcado por grandes potencias en ascenso, unilaterales y expansionistas”. En un contexto de crisis de las instituciones y de creciente cuestionamiento al multilateralismo, el autor plantea que es necesario “revisar en profundidad ese legado para poder recuperar lo que se está perdiendo”.