El impacto de la AUH en la educación: más allá de la asistencia escolar


28 MARZO, 2018

POR: MARIANA MARCHIONNI Y MARÍA EDO

 

El impacto de la AUH en la educación: más allá de la asistencia escolar

 

 

La Asignación Universal por Hijo (AUH) es el mayor programa social de la Argentina. Se basa en un esquema de transferencias monetarias condicionadas (CCT por sus siglas en inglés) y su foco es la protección social de niños y niñas cuyos padres son trabajadores del sector informal, inactivos o están desempleados. El programa se implementó a fines de 2009 y en la actualidad beneficia a casi 4 millones de niños en todo el país con transferencias que para una familia pobre con 3 hijos representan un aumento de cerca del 50% en su ingreso mensual.

Al igual que otros programas CCT, la AUH articula objetivos de corto y largo plazo: por un lado, las transferencias monetarias buscan la protección económica; por otro lado, las condicionalidades, que requieren el cumplimiento de controles de salud y la asistencia de los niños a la escuela, persiguen la promoción social (Fiszbein et al., 2009). De este modo, no se busca solamente mejorar el bienestar actual de los niños sino contribuir a la ruptura de la transmisión intergeneracional de la pobreza mediante la acumulación de capital humano. Este doble objetivo se refleja en el diseño del programa. Del monto total de la transferencia mensual por cada niño (actualmente ARS 1493), el 80% se percibe cada mes mientras que el 20% restante se acumula en una caja de ahorro y se transfiere anualmente una vez que se certifica el cumplimiento de las condicionalidades. La falta de acreditación de la escolaridad o de los controles de salud implica automáticamente la pérdida del derecho a cobrar el 20% acumulado el año previo (cerca de ARS 3600 por niño, casi 40% del salario mínimo) y el riesgo de ser suspendido del programa.[2]

Hace algunos días salió publicado el libro “Análisis y propuestas de mejoras para ampliar la Asignación Universal por Hijo”, resultado de un proyecto conjunto entre UNICEF y ANSES, en el cual participamos un amplio conjunto de investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y del CEDLAS de la Universidad Nacional de La Plata. Tal como surge de este estudio, tal vez el principal logro de la AUH ha sido su contribución a la reducción de la pobreza. Pero también hay evidencia de mejoras en otros indicadores sociales, en particular en la educación, y sobre esta dimensión vamos a centrarnos en este post. Idealmente querríamos ver el efecto de la AUH sobre los años de educación formal o el desempeño en pruebas estandarizadas. Lamentablemente, la información disponible no nos permite llevar adelante ese tipo de ejercicios, pero sí analizar el impacto de la AUH sobre otros indicadores ciertamente menos ambiciosos pero que de todos modos permiten vislumbrar cuál ha sido el efecto del programa sobre la educación de los niños, niñas y jóvenes.

En primer lugar, analizamos qué sucedió con las tasas de asistencia a la escuela. En un post anterior de Foco Económico comentamos los resultados de nuestro trabajo con Santiago Garganta que muestran que efectivamente la AUH mejoró las tasas de asistencia a la escuela, pero que el efecto se concentra casi exclusivamente entre los varones elegibles de 15 a 17 años. Para este grupo, que se caracteriza por altas tasas de deserción, la AUH habría logrado aumentar en casi 6 puntos porcentuales la probabilidad de asistir a la escuela secundaria al comienzo del año escolar (primer semestre). El impacto es menor, aunque también concentrado en los varones, para los más jóvenes (12 a 14 años) y virtualmente nulo para los niños en edad de primaria (6 a 11 años). Para las mujeres, en cambio, no encontramos ningún efecto significativo sobre las tasas de asistencia, resultado consistente con sus niveles más bajos de deserción escolar.

En otro trabajo más reciente, buscamos profundizar el análisis anterior explorando si la AUH afecta indicadores educativos finales, no solo de acceso, y si tiene algún impacto sobre la educación de las mujeres, pese a no haber logrado aumentar sus tasas de asistencia. Centramos este análisis en dos resultados educativos: (i) las tasas de deserción escolar intra-anual y (ii) las tasas de finalización de la escuela primaria. Con el primero buscamos evaluar si la AUH contribuye a sostener la escolaridad durante todo el año, mientras que el segundo apunta a establecer si con más asistencia y/o menos deserción escolar dentro del año, eventualmente se consiguen mejoras en las tasas de finalización de la escuela primaria.[3]

La asignación no aleatoria al programa así como la falta de información de los beneficiarios previa a su implementación impone fuertes restricciones al análisis. Nuestra estrategia entonces consiste en estimar el impacto sobre los elegibles (intention-to-treat) a partir de un modelo de diferencias en diferencias. Nos basamos en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que permite clasificar a los niños potencialmente elegibles (niñas y niños de 6 a 17 años de edad cuyos padres no son trabajadores formales) de los no elegibles (mismo rango etario pero con al menos uno de sus padres empleado en el sector formal).

De acuerdo a nuestros resultados, que resumimos en la Tabla 1, la AUH sería responsable de reducir el abandono escolar intra-anual de las niñas elegibles: para el grupo entre 12 y 14 años el aumento es de casi 4 puntos porcentuales mientras que para las más grandes (entre 15 y 17) supera los 7 puntos. La magnitud de estos efectos es considerable: implican una reducción del 94% y 44% en comparación con sus respectivas tasas de abandono iniciales. Sin embargo, no encontramos un efecto para los niños y niñas más pequeños, en edad de asistir a la escuela primaria, consistente con los bajos niveles de abandono de este grupo etario, ni para los varones, independientemente de su edad.

En cuanto al impacto en las tasas de finalización de la escuela primaria, encontramos un leve efecto positivo para niñas y niños de 12 a 14 años (1.4 puntos porcentuales para los niños elegibles y casi 3 puntos porcentuales para las niñas elegibles), mientras que entre los mayores (15 a 17 años) el impacto es significativo solo para los varones (2 puntos porcentuales).

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Miércoles, Abril 11, 2018