El discurso de Martina Vera, mejor promedio de la #Maep2018


Maestría en Periodismo
Maestría en Periodismo

Como cada año, este mes se celebró el tradicional acto de apertura del ciclo lectivo de nuestra maestría, que reúne a egresados/as e ingresantes (más información aquí). Esta vez, el discurso inaugural estuvo a cargo de Norma Morandini y también hubo lugar para las palabras de Silvia Ramírez Gelbes (Directora y profesora de Géneros periodísticos digitales de la maestría), Miguel Wiñazki (Presidente del Consejo Asesor y profesor de Ética periodística de la maestría) y Ricardo Kirschbaum (Editor General de Clarín). Además, el evento contó con la presencia de Fernando Fronza (Gerente General de Clarín), Martín Etchevers (Gerente de Comunicaciones del Grupo Clarín) y los Editores Jefes de la Mesa Central del diario: Fernando González, Héctor Gambini, Gonzalo Abascal, Pablo Vaca, Silvia Fesquet, Luis Vinker, Leandro Pérez y Diana Baccaro (profesora de BPEI en nuestra maestría). Al final de la ceremonia, se entregaron placas de reconocimiento a las empresas que aportan al fondo de becas para que, cada año, más de un tercio de los estudiantes puedan cursar la maestría con un porcentaje de asistencia financiera: Arcor, Enel, Pan American Energy, Techint y Quilmes.

Con orgullo, dimos inicio a nuestro décimo noveno ciclo lectivo y celebramos el egreso de 25 periodistas mejor preparados/as para un mundo impredecible. Entre ellos/as, Martina Vera*  fue destacada como el mejor promedio del 2018 y estas fueron sus palabras durante el acto:

"Como dijo alguien hace un par de días, quiero empezar por los agradecimientos. Pero yo sí quiero hacerlo sinceramente. Familiares, amigos, profesores, empresas colaboradoras y todos los presentes en genera,l gracias de corazón por acompañarnos, bancarnos, exigirnos y motivarnos a recorrer esta experiencia a los 26 que la vivimos. Gracias, a esos 26. Sin cada uno de sus aportes, debates y colaboraciones en trabajos de equipo este trayecto no habría sido el mismo. Creo que somos, sin lugar a duda, un grupo cuyo mayor capital reside en su heterogeneidad. Gracias también a la Universidad de San Andrés y a Clarín por acercarnos un programa de primer nivel y prestigio merecido, que reúne a expertos que sobresalen de distintas maneras en sus respectivos campos. Gracias a esos profesionales que no solo nos han transmitido sus conocimientos tanto en la teoría como en la practica, sino también en lo humano y lo personal. 

La maestría nos dejó cosas distintas a todos. Con el permiso de mis compañeros, creo que varios llegamos a este lugar con búsquedas personales y profesionales diferentes. Cada uno conoce su verdad sobre lo que se lleva y esa verdad les pertenece. Por eso, lo único yque yo puedo ofrecer en estos minutos es compartirles algo de la mía que espero agregue valor a esta experiencia. Esta maestría me dejó grandes inquietudes sobre el futuro e innumerables herramientas para darle forma en el presente. Pero, sobre todo, me llevó a apreciar, todavía más, a una de esas herramientas que, de paso, es un valor atemporal: la libertad de expresión. Digo esto por que, a pesar de que siempre quise ser periodista, cuando llegó la hora de la verdad, no tuve el privilegio de ejercer la profesión libremente. Y el periodismo sin libertad, simplemente, no existe. No es periodismo.


Cuando me recibí, en el 2014, y volví a mi Ecuador natal tras seis años de formación en España, gobernaba Rafael Correa. Correa instaló cinco poderes en el estado. Sí, inventó un estado, no una República, a su medida. Uno de esos poderes se encargó de censurar, perseguir y dejar en la bancarrota al periodismo que no militaba a favor de su gobierno. Yo, fui parte de ese paquete. Aprendí entonces a convivir con la frustración de tirar mis investigaciones, entrevistas y trabajos por la borda con las bajadas de línea que venían bien del propio medio o, directamente, del gobierno que nos quitaba la señal en vivo si escuchaba algo que le generaba molestia. Comprendí entonces que, momentos tan inusuales como aquellos demandaban medidas tan anti periodísticas como la autocensura para no disgustar al poder; y es que disgustar al gobierno correísta devenía en denuncias penales con condenas millonarias y prisiones efectivas o en clausuras de medios que podían dejar en la calle a cientos de familias. En otras palabras, aprendí y aprendimos los periodistas que, para seguir trabajando, teníamos que ser mediocres. Y lo más triste de todo esto es que no solo lo hicimos nosotros, sino que también lo hicieron los empresarios, los médicos, los maestros y todo el resto de la sociedad en sus respectivos campos. Además, lo hicimos enfrentados, paranoicos y desconfiados de nuestro entorno. Pero el autoritarismo no duró para siempre y cuando terminó, lamentablemente, no estuvimos listos para lo que se vino. Habíamos estado tan ocupados intentando sobrevivir que no pensamos a futuro. Y cuando Correa terminó su tercer mandato en el 2017, el mundo se vino abajo en la sociedad mediocre y polarizada que construimos. Por cierto, cualquier similitud con Argentina, a esta altura del relato, no es producto de la casualidad ni de su imaginación.

Pero volviendo a Ecuador, a partir del 2017 la economía estalló, el conflicto social aumentó, el hambre creció, los políticos corruptos se fugaron y los medios no tuvieron las espaldas económicas suficientes para afrontar de pie al torbellino digital que los embistió. Es por esa experiencia que digo que esta maestría ha sido tan importante en mi vida. Por que, entre otras cosas, fue lo que me impulsó a venir a la Argentina. Lo que me trajo a un país que se estaba reacomodando antes que el mío. A un país que, además, habiendo atravesado una experiencia similar a la ecuatoriana, pero incluso después de una dictadura, no permitió un desgaste tan tétrico del periodismo ni de la libertad de expresión. De hecho, el lugar que nos recibe hoy es testigo y prueba viviente de lo que afirmo. Y entiendo que es gracias a esa resistencia que la Argentina hoy está en condiciones de dar la batalla a las problemáticas que enfrenta. A las problemáticas que nosotros enfrentamos como profesionales y como seres humanos.

En lo periodístico, eso implica enfrentar los desafíos de la era digital para encontrar el lugar que queremos ocupar en el futuro. Para lograrlo, quizás sea necesario asumir que los tiempos que corren no son ni mejores ni peores que los que vivimos ayer, sino que
son distintos. De hecho, son tiempos de mayor lectura, escritura y producción audiovisual que nunca antes y ofrecen un potencial enorme a quien los navegue con astucia. Probablemente enfrentar los desafíos de la actualidad también nos demande experimentar todavía más con la tecnología, las redes sociales y el big data para conocer mejor a las audiencias y saber lo que les preocupa y lo que las moviliza, incluso antes de acercarles una propuesta. Igual de probable es que el desafío nos convoque a divorciarnos de etiquetas entendiendo, por ejemplo, que para contar las noticias no hace falta ser las noticias, aunque sí salvaguardar los principios éticos y profesionales del periodismo. O que para estar en la web no es necesario actuar como una extensión de todo lo que encontramos en ella, sino que es mejor inyectarle lo que le falta: transparencia, responsabilidad, veracidad y respeto.

Como seres humanos, en cambio, dar batalla a las problemáticas que enfrenta nuestra sociedad, seguramente implique comprender que, en nombre de la libertad, no se pisotea los derechos de otros. No se vulnera la ley. No se desconoce a las instituciones. No se engaña a la ciudadanía. No se juega con la miseria de los demás. No se extorsiona a cambio de prebendas. Y no se vuelve a tropezar dos veces con la misma piedra. Pero, sobretodo, que en nombre de la libertad sí se logra algo que hace tiempo buscamos: dejar la mediocridad en el pasado para construir el presente sin temor al futuro que tan difuso se presenta, sobre todo en nuestra profesión.
Deseo profundamente que ese futuro se haga desde la profesionalidad necesaria, la honestidad obligatoria y el contacto con las historias de la calle tanto o más que con las del pupitre. Soy positiva y creo que así será.

No quiero terminar mi intervención sin saludar y desearle el mayor de los éxitos a quienes ya se encuentran cursando este año. Sepan ser compañeros y compartir y alegrarse de los logros de otros para reflejarlos en los suyos. Ojala disfruten cada instante de esta experiencia, aprendan aún más de lo que saben, crezcan con las enseñanzas de profesores y seres humanos de calidad y compartan los valores que nuestra profesión se merece. A quienes hoy cerramos una parte del capitulo les deseo el mayor de los éxitos y,
sobretodo, la oportunidad de escribir, ustedes mismos, la historia que se merecen. Los aplaudo y aplaudiré siempre sus logros y esfuerzos. Les pido a todos un gran y merecido aplauso para ellos".

*Martina es Bachelor in Communications por la IE University (Madrid). Allí trabajó como directora de comunicación interna en IE University y fue corresponsal para el canal de noticias internacional NTN24. Se desempeñó como reportera del Noticiero 24 Horas de la cadena de TV Nacional Teleamazonas y fue presentadora e investigadora periodística en el programa de Opinión Hora 25, también de Teleamazonas. Además, fue columnista de opinión en el diario digital La República EC. Actualmente trabaja en un emprendimiento de infotainment en redes sociales y una agencia de consultoría digital, lo que se convertirá en su tesis para obtener el título de Magíster en Periodismo por nuestra Universidad de San Andrés. 

 

Maestría en Periodismo
Viernes, Mayo 24, 2019