El desafío de canalizar las demandas de sociedades frustradas


Por Federico Merke 

Para La Nación

29 de octubre de 2019

 

o es sencillo contar una sola historia sobre lo que sucede en América Latina en general y en América del Sur en particular. Nuestros países comparten problemas estructurales y de larga duración, pero las crisis que estamos viendo tienen distintas temporalidades y puntos de partida. Algunas comenzaron antes, como en Brasil y en México, y encontraron la salida en un populismo de derecha y otro de izquierda, respectivamente. Otras estuvieron latentes en los últimos años, como la crisis de Ecuador, que terminó en un estallido social de proporciones, o la crisis presidencial de Perú, que no fue un estallido, sino una lucha abierta entre elites políticas por ver quién salva su pellejo. Más acá en el tiempo, las tensiones políticas que se viven en Bolivia revelan los desafíos de cómo articular crecimiento económico con desarrollo institucional. Y más atrás, Chile muestra que el crecimiento sostenido sin inclusión ni ascenso social no solo deja a un país en la trampa de la renta media, sino también en la de una democracia que cava su fosa entre el pueblo y la elite.

¿Cómo llegamos hasta acá? Una primera respuesta tiene que ver con la frustración económica y el resentimiento contra las elites políticas. La frustración económica no es el resultado directo de la desigualdad, fenómeno económico y social que en América Latina pudo ser reducido, con mayor o menor éxito según el país, entre 2000 y 2015, aproximadamente. Es más bien el resultado del estancamiento económico y la crisis de expectativas que esto genera, principalmente en las nuevas clases medias, que comenzaron a demandar más y mejor acceso al mercado, a la educación, a la salud y otros servicios públicos. Lo que sucedió en Chile estos días y lo que sucedió en Brasil en 2013, curiosamente también debido al aumento del transporte público, destapó la olla a presión de sociedades que vieron cómo sus expectativas se frustraban. El resentimiento contra los políticos es el resultado de un proceso en que los partidos y las elites han perdido la brújula para construir diagnósticos globales y actuar localmente. Pero, más importante, han perdido el contacto con la sociedad y se han enriquecido demasiado, ya sea capturando el Estado a favor de los ricos, como en Chile o en Perú, o a través de sofisticados esquemas de corrupción, como en Brasil. El estallido en Ecuador también da cuenta de esta falta de sensibilidad y comprensión por parte de un gobierno acerca del impacto que algunas medidas económicas pueden causar en los sectores con menos recursos.

Desde una perspectiva regional, la frustración y el resentimiento nos dejan ante la primacía de la política interna por sobre la externa. Cada uno mira sus problemas y le echa la culpa al otro. Maduro acusa a EE.UU. y a Colombia; Ecuador, a Venezuela y a Cuba; Chile, a Venezuela; Brasil, a Bolivia, a Venezuela y, ahora, también a la Argentina a partir del triunfo de Fernández. Ante el vacío diplomático en la OEA, su secretario general decidió decir lo que piensa sin pensar lo que dice. Los mecanismos regionales están dislocados, como el Mercosur, heridos de muerte, como la Unasur, o son simples sellos diplomáticos, como la Celac, desprovistos de mecanismos eficientes de concertación.

Pero la frustración y el resentimiento no son solo sentimientos regionales. Ahí afuera está el mundo. Y lo que ahí sucede no ayuda mucho, ni para esperar crecimiento ni para imitar comportamientos políticos. En Estados Unidos, el triunfo de Trump simbolizó precisamente la frustración y el resentimiento de muchos ciudadanos que vieron reducir sus horizontes de crecimiento mientras veían también cómo los ricos se hicieron escandalosamente más ricos. En el Reino Unido, el Brexit asomó como un brote nacionalista cargado de frustraciones por parte de hombres blancos, adultos y del interior. En Francia, los "chalecos amarillos" se movilizaron frustrados por los aumentos en los combustibles, la injusticia fiscal y la pérdida de poder adquisitivo. La lista se expande. Y vas más allá de Occidente. En 2019 hemos visto protestas por todo el globo. En Medio Oriente, el Líbano, Irak e incluso Arabia Saudita experimentan distintos grados de movilización y rechazo a líderes o leyes. En Asia, Hong Kong encabezó una larga y violenta movilización demandando menos autoritarismo y más libertades. Rusia, Ucrania, Albania y Serbia han tenido importantes demostraciones de insatisfacción y resentimiento hacia sus líderes.

 

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Miércoles, Octubre 30, 2019