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Discursos sobre la delgadez

Una lectura sociohistórica de los sentidos atribuidos a la delgadez en la Argentina del siglo XX. 

Discursos sobre la delgadez

En 2019, una encuesta del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) reveló que la gordura constituía la principal causa de discriminación en Argentina. A partir de este dato, Cecilia Tossounian, profesora e investigadora del Departamento de Humanidades de la Universidad de San Andrés, y Patricio Simonetto, de la Universidad de Leeds, comenzaron a indagar en los orígenes de su problematización como una cuestión de salud y de orden social. Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, la gordura dejó de ser un símbolo de prosperidad para transformarse en emblema de complacencia e inmovilidad y, por lo tanto, un problema que debía corregirse. En Argentina, este giro se manifestó en la proliferación de discursos en la prensa de circulación masiva que promovían nuevas dietas basadas en el recuento calórico, rutinas de ejercicio físico, fajas reductoras y píldoras para adelgazar. 

En un trabajo publicado recientemente en el Anuario del Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo, Tossounian analiza artículos y publicidades sobre delgadez publicados entre 1910 y 1940 en diarios y revistas de interés general, femeninas y de divulgación. Los mensajes sobre adelgazamiento compartían una preocupación común: los “males de la civilización”, es decir, los efectos del consumo desmedido de la vida moderna sobre el cuerpo. Durante estas décadas, la idea de degeneración, antes asociada a la pobreza, comenzó a vincularse también al exceso de las clases altas. Sin embargo, los mensajes dirigidos a mujeres y varones eran distintos: a las mujeres se las animaba a restringir la ingesta calórica para alcanzar una figura delgada y a los varones se les sugería realizar actividad física para desarrollar un cuerpo musculoso. Además, mientras la belleza aparecía como el principal objetivo del adelgazamiento femenino, y como posibilidad de su éxito social y amoroso, en el caso masculino se acentuaba la relevancia de la delgadez para la salud. “La noción de que el cuerpo era un ente maleable por medio de la voluntad individual coincidió con el auge de la idea de degeneración provocada por la abundancia material. La aspiración a una figura esbelta, atractiva y atlética estimuló el consumo de productos y métodos para el mejoramiento físico, convirtiendo al cuerpo en un componente clave de la cultura de consumo”, señala la investigadora de UdeSA. 

Tossounian también identifica en los discursos de adelgazamiento la promoción de comportamientos morales específicos, vinculados a las clases sociales media y alta. La capacidad de autocontrol sobre el físico, mediante el conteo de calorías, la restricción alimentaria o el ejercicio sostenido, operaba como criterio de respetabilidad en la nueva sociedad de consumo. “Muchas de las políticas del cuerpo tienen que ver con la idea de que las personas pueden autocontrolarse en una sociedad caracterizada por excesos. Esto se traduce en una concepción del cuerpo no solamente material, sino también en un soporte de atributos valorativos, asociados a la capacidad—o incapacidad—de regular el propio físico”, explica Tossounian. La prensa, al promover productos y servicios para adelgazar, consolidó un modelo corporal deseable: delgado, disciplinado y, también, blanco. En este marco, agrega la investigadora, la gordura se construyó como una categoría que funcionó para distinguir moralmente a la población deseable de aquella considerada inferior: “En Argentina, esta lógica se articuló con un imaginario nacional que históricamente se pensó blanco, europeo y civilizado; ideales asociados a la delgadez, el autocontrol y modales propios de clase media y alta”.

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