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De una idea innovadora a un deporte global

Javier De Ancizar

¿Cuándo fundaste la Asociación Argentina de FootGolf y qué oportunidad viste en ese momento para impulsar un deporte nuevo?

Arranqué con el FootGolf a partir de una idea innovadora: hacer algo que no existía. Vi que en Argentina todo lo que gira alrededor de una pelota de fútbol genera interés y tiene un potencial enorme. A eso se sumaba otro factor clave: Argentina es un país con una gran cantidad de canchas de golf en relación con su población.

Esa combinación —fútbol como fenómeno cultural y una infraestructura de golf desarrollada— hacía que el país fuera un terreno ideal para que este deporte pudiera crecer. Cuando se dan esas dos cosas juntas, el contexto es propicio para que algo nuevo despegue.

 

Desde los inicios, ¿cuándo sentiste que el FootGolf tenía potencial para expandirse a nivel global?

Eso fue más difícil de prever, porque no en todos los países se da la misma combinación que en Argentina. Por ejemplo, Brasil es muy futbolero, pero no tiene tantas canchas de golf. Cada país tiene sus propias condiciones culturales y estructurales.

El primer gran indicio llegó a los dos años de haber arrancado, cuando en 2012 se organizó el primer Mundial en Hungría, sin que hubiera aún conexión entre los países donde se jugaba FootGolf. Nos enteramos casi de casualidad, a través de Facebook, y cuando llegamos nos encontramos con ocho países participando.

Ahí fundamos la Federación Internacional y empezamos a trabajar de manera conjunta. A partir de ese Mundial, el interés explotó: en poco tiempo pasamos de ocho a veinte países interesados, impulsados por la repercusión en redes.

El segundo gran punto de inflexión fue el Mundial de Argentina, donde participaron cerca de treinta países. A partir de ahí comenzamos a profesionalizar la estructura, buscando reconocimiento institucional a nivel internacional.

 

En el desarrollo del deporte, ¿cuál fue el obstáculo más desafiante que tuviste que superar?

El primer gran desafío fue convencer a las canchas de golf. La clave del FootGolf no es la pelota ni la idea en sí, sino la cancha de golf. Al principio había muchos miedos: si se iba a dañar la cancha, qué tipo de público iba a venir, cómo iba a ser el comportamiento.

No había demasiadas respuestas teóricas, así que la propuesta fue probar. En Argentina fue clave trabajar a nivel institucional: en 2015 firmamos un convenio con la Asociación Argentina de Golf, que funcionó como un punto de quiebre. A partir de ahí, muchas canchas que dudaban empezaron a animarse.

Con el tiempo, las canchas entendieron que el FootGolf no compite con el golf, sino que lo complementa: trae gente nueva, enseña las reglas del golf a través del juego y genera tráfico en horarios donde las canchas estaban subutilizadas.

 

Liderás equipos en varios países: ¿qué aprendizajes te dejó gestionar en contextos tan distintos?

El idioma es la primera gran barrera. Aunque el inglés es el idioma oficial de la Federación Internacional, no se habla igual en todos lados. Además, hay diferencias culturales muy marcadas.

Otro gran aprendizaje es que estamos creando todo desde cero. Muchas cosas no están escritas y hay que inventarlas sobre la marcha. Eso genera discusiones, prueba y error, avances y retrocesos.

Un ejemplo es la definición de categorías: si se abren para incentivar participación o si surgen como consecuencia del volumen de jugadores. Son decisiones que parecen técnicas, pero muchas veces son casi filosóficas.

Hoy el desafío más grande está en las edades más bajas: adaptar el deporte para chicos, con formatos más cortos y accesibles, para evitar la frustración y lograr que se enganchen.

 

Mirando tu formación en UdeSA, ¿qué herramientas de esa etapa sentís que te acompañaron en tu camino emprendedor dentro del deporte?

Estudié Administración y mi tesis estuvo enfocada en la industria deportiva, un tema muy poco desarrollado en ese momento. Eso me llevó a hacer un MBA en Sports Management en Estados Unidos.

Al volver, trabajé en Boca Juniors armando el departamento de marketing, algo que en ese momento no existía en los clubes. Siempre me atrajo meterme en espacios donde no está todo escrito y hay que construir desde cero.

Todas esas herramientas —organización, estrategia, estructura— fueron fundamentales para poder armar una federación, una organización internacional y sostener el crecimiento del FootGolf a lo largo del tiempo.

 

¿Qué rol jugaron los medios y las redes sociales en la expansión del FootGolf?

En una primera etapa, la difusión vino fuerte desde la televisión, con un programa en TyC Sports que permitió que muchos futbolistas conocidos se acercaran al deporte. Eso le dio visibilidad masiva.

Más recientemente, el crecimiento se dio a través de redes sociales. Un video viral en un Mundial generó un salto enorme de seguidores, pero no necesariamente se tradujo en jugadores.

El verdadero cambio llegó cuando empezamos a hablarle a un público joven desde su propio lenguaje, especialmente a través de TikTok e Instagram, con una estrategia impulsada por mi hijo. Ese crecimiento sí se tradujo en gente yendo a jugar, llenando canchas y consultando activamente.

 

Después de tantos años impulsando este deporte, ¿qué te sigue motivando?

Que todavía falta muchísimo por hacer. Hubo muchas frustraciones en el camino y momentos en los que pensaba que a esta altura todo estaría más consolidado.

Pero justamente esa falta de recorrido, ese espacio para seguir creando, es lo que mantiene la motivación. Me gusta crear, desarrollar algo desde cero y poder transmitir esa experiencia a otras generaciones.

Siento que todo este camino también me convirtió en un referente en el tema, alguien que puede enseñar, compartir y acompañar a quienes vienen después. Y eso, sin dudas, es una de las mayores motivaciones para seguir.