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De la consultoría estratégica al liderazgo en energías renovables en Latinoamérica

sebastian-coates

 Tu carrera comenzó en la consultoría estratégica y, con el tiempo, diste el salto al mundo del emprendimiento en energías renovables. ¿Qué fue lo que te llevó a cambiar de rumbo y apostar por este sector?

Siempre me interesó la energía renovable, incluso antes de dedicarme profesionalmente al sector. Ya cuando trabajaba en proyectos agropecuarios en el norte argentino analizábamos alternativas vinculadas a biocombustibles y forestación para captura de carbono. Era algo que me generaba curiosidad.

Después, en la consultoría, trabajé en el área de energía y commodities, y pude ver de primera mano cómo el mundo avanzaba hacia una matriz más limpia. Notaba que en otros países el desarrollo era cada vez más fuerte, mientras que en Argentina prácticamente no existía. Ahí vi una oportunidad. Más allá del contexto económico o político, la energía siempre se va a necesitar. Y si la renovable empieza a ser competitiva en costos, la transición es inevitable. Decidí apostar a eso.

 

 Después de tu MBA en Harvard, ¿qué transformó tu manera de pensar, decidir y liderar que influyó en todo lo que vino después?

El MBA fue un punto de inflexión. No solo por el contenido académico, sino por el entorno y la exposición a personas con experiencias muy distintas. Te obliga a ampliar la mirada, a pensar en escala global y a tomar decisiones considerando múltiples variables al mismo tiempo.

También me dio confianza para asumir riesgos más grandes. Emprender en infraestructura energética requiere pensar a largo plazo, estructurar proyectos complejos y tomar decisiones con información incompleta. El MBA me entrenó mucho en eso: en estructurar problemas, evaluar escenarios y avanzar aun cuando no todo está bajo control.

 

Llevás más de 15 años liderando Eoliasur. Desde tu experiencia, ¿cuál fue el mayor desafío de emprender en el sector energético en Latinoamérica?

El mayor desafío inicial fue la desconfianza. Un proyecto eólico empieza con una conversación con el dueño de un campo. Y en ese momento, en Argentina, había mucho escepticismo: dudas sobre la regulación, sobre la viabilidad, sobre si realmente iba a pasar algo.

Convencer a las personas de que el proyecto tenía sentido, que no implicaba riesgos desmedidos y que podía ser una oportunidad llevó tiempo. Después están los desafíos regulatorios, financieros y técnicos, pero el primero fue cultural. Lograr que la gente crea que es posible.

 

 De tu etapa en consultoría, ¿qué aprendizaje sobre cómo trabajar con equipos, clientes o proyectos complejos te acompañó al momento de liderar tu propia empresa?

La consultoría te entrena en intensidad y en método. Aprendés a desarmar problemas grandes en partes manejables, a trabajar con equipos diversos y a sostener ritmos de trabajo exigentes.

También te da exposición a distintos países, culturas y formas de hacer negocios. Eso fue clave después para desarrollar proyectos en distintos mercados de Latinoamérica. Cuando liderás tu propia empresa, esa capacidad de estructurar, priorizar y ejecutar con foco hace una gran diferencia.

 

 Con más de 25.000 MW desarrollados en la región, ¿hubo algún proyecto que te haya marcado especialmente, ya sea en lo profesional o en lo personal?

El primero. Fue el primer contrato que cerramos, el primer proyecto que vendimos y el primero que se construyó. Era un parque eólico de 100 MW en Bahía Blanca.

Más allá de la escala, fue el proyecto que validó que el modelo funcionaba. Después vinieron muchos más, algunos más grandes o más complejos, pero ese primer cierre tiene un valor especial. Es el que transforma una idea en una realidad concreta.

 

 Para quienes están pensando en una carrera dentro de las energías renovables, ¿qué oportunidades ves hoy en la región que no existían hace una década?

Hoy la industria es mucho más amplia y sofisticada. No solo hablamos de parques eólicos o solares, sino también de almacenamiento con baterías, hidrógeno verde, integración de redes, mercados de carbono y nuevas formas de financiamiento.

Además, la demanda energética está creciendo por fenómenos como la digitalización y la inteligencia artificial. La transición energética no es una moda: es una tendencia estructural. Eso abre oportunidades desde múltiples perfiles: ingeniería, finanzas, derecho, gestión, desarrollo de negocios y emprendimiento.

 

 La universidad tuvo un rol clave en tu formación. ¿Qué aprendizajes o experiencias de esa etapa sentís que todavía te acompañan en tu recorrido profesional?

La intensidad y la disciplina. Recuerdo etapas de estudio muy exigentes, donde había que concentrarse durante semanas con un objetivo claro. Esa capacidad de enfocarse, de sostener el esfuerzo y de no tenerle miedo al trabajo intenso fue una gran escuela.

Esa dinámica la volví a vivir en el MBA y en la consultoría, y después fue fundamental para emprender. Los proyectos de energía son de largo plazo y requieren resiliencia. La universidad fue el primer entrenamiento real para eso.