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Comunidad, networking y espíritu emprendedor

marina ponzi

Te recibiste de Comunicación en UdeSA. ¿Cómo empezó tu vida laboral?


Mientras estudiaba, empecé a involucrarme en distintos proyectos e iniciativas vinculadas a la comunicación y la organización de eventos. Esas experiencias me permitieron descubrir el potencial que tienen las comunidades para generar impacto y conectar personas, algo que después estuvo muy presente en mi carrera.

Al mismo tiempo, me encontré con una dificultad bastante común: muchas empresas pedían experiencia previa. Por eso decidí postularme a una pasantía en Madrid y terminé trabajando casi un año en un banco. Fue una etapa muy valiosa porque me dio herramientas profesionales, pero también me ayudó a entender que mi camino estaba más cerca de crear proyectos propios que de desarrollarme dentro de una estructura corporativa tradicional.

 


Arrancaste muy joven con LadiesBrunch y después lanzaste proyectos muy distintos como Buenos Aires Food Week. ¿Qué tiene que tener una idea para que decidas convertirla en proyecto?

 

Siempre parto de una necesidad concreta. Tiene que haber algo que las personas necesiten, quieran resolver o estén buscando y que todavía no esté siendo atendido de la mejor manera.

Antes de lanzar cualquier proyecto me gusta conversar con potenciales usuarios o clientes para entender qué les pasa, qué valoran y qué les falta. Muchas veces la idea inicial cambia bastante después de esas conversaciones y termina tomando una forma mucho más sólida.

También trato de no enamorarme demasiado de una idea antes de probarla. Creo mucho en validar rápido, hacer una primera versión y aprender sobre la marcha. Tanto en LadiesBrunch como en otros proyectos, gran parte del crecimiento vino de escuchar, ajustar y evolucionar a partir de lo que iba ocurriendo en la práctica

 

Hoy liderás Mesa Redonda, un espacio de conexión entre empresarias. ¿Qué necesidad concreta viste en el mercado que te hizo decidir crearlo?


Bueno, después de muchos años liderando LadiesBrunch, empecé a sentir personalmente la necesidad de conectar con mujeres que estuvieran en una etapa más avanzada del camino emprendedor. Yo ya llevaba más de 15 años emprendiendo y necesitaba volver a encontrar pares con desafíos distintos: equipos más grandes, más estructura, más decisiones estratégicas.
Y al mismo tiempo veía que las redes empresariales que existían en Argentina eran muy masculinas o apuntaban a empresas mucho más grandes. Sentía que hacía falta un espacio para mujeres empresarias PyME, donde se pudiera combinar aprendizaje, negocios y también contención y conexión humana.

 

Mirando para atrás, ¿hubo algún proyecto o decisión que no salió como esperabas pero que hoy sentís que fue clave en tu recorrido?


La pandemia fue un quiebre enorme porque todos mis proyectos estaban ligados a la presencialidad. De un día para el otro se frenó todo: eventos, restaurantes, comunidad.
Tuve que cerrar áreas de negocio y reconvertirme completamente. Fue un momento muy difícil, pero también fue clave porque me obligó a repensar todo y a enfocarme.
Y después otra decisión difícil fue poner en pausa LadiesBrunch para enfocarme en Mesa Redonda. Era mi sustento económico y también un proyecto muy emocional para mí, pero entendí que no podía hacer todo al mismo tiempo y que necesitaba foco.

 

¿Qué aprendiste liderando comunidades durante tantos años?


Aprendí que emprender puede ser muy solitario y que las comunidades realmente ayudan a atravesar ese camino de otra manera.
También entendí que las comunidades funcionan cuando las personas comparten valores y tienen ganas genuinas de ayudarse entre sí. Cuando eso pasa, se genera algo muy potente.

 

¿Qué desafíos ves hoy en las empresarias PyME?


Hay muchos desafíos relacionados con los equipos de trabajo: contratar, sostener equipos, liderar personas.
Después también aparecen desafíos vinculados a ventas, posicionamiento y comunicación, especialmente en contextos económicos difíciles.
Y algo que veo mucho es la dificultad de innovar o incorporar nuevas herramientas, como inteligencia artificial, cuando las empresarias están absorbidas por el día a día.

 

De tu paso por la Universidad de San Andrés, ¿qué te dio UdeSA para tu desarrollo profesional que hoy seguís utilizando?


Para mí la comunicación fue clave en todo mi recorrido. Más allá del producto o servicio que uno tenga, si no sabés comunicar bien qué hacés y cuál es tu diferencial, es muy difícil crecer.
Siento que UdeSA me dio herramientas muy fuertes para comunicar de manera clara y conectar con las personas.
Y también, más allá de lo académico, creo que me dio una forma de pensar, de vincularme y de tomar decisiones que sigo usando hasta hoy.

 

Para alguien que hoy quiere emprender o liderar, ¿qué primer paso concreto le recomendarías dar?


Primero, encontrar algo en lo que realmente seas bueno y que tenga una necesidad real de mercado.
Después, hablar mucho con potenciales clientes antes de lanzarte. Escuchar, validar y entender qué necesitan.
Y una vez que tenés cierta validación, probar. Lanzar algo chico, aprender rápido y entender que no pasa nada si algo no funciona. Emprender tiene mucho de prueba y error.
También creo que es muy importante rodearse de personas que acompañen el camino: pares, mentores, equipo o comunidad. Porque emprender solo es mucho más difícil.