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Cómo enseñar sostenibilidad en la educación superior

Qué revela un nuevo estudio sobre el rol de los docentes universitarios ante el desarrollo sostenible en América Latina.

Sostenibilidad - Educación

Frente a desafíos ambientales, sociales y económicos cada vez más complejos, la educación se presenta como un espacio clave para impulsar cambios y promover nuevas formas de pensar y actuar. En este contexto, las universidades comenzaron a incorporar múltiples iniciativas relacionadas con el cuidado del medio ambiente y el uso responsable de los recursos. En los últimos años, se han multiplicado las organizaciones juveniles que expresan su preocupación por la sostenibilidad y proliferan cada vez más espacios liderados por estudiantes vinculados a esta inquietud. Un ejemplo destacado en UdeSA es la Revista de Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo Sostenible (REsIDeS), liderada por estudiantes y graduados de diversas carreras, y otro es la iniciativa estudiantil GAIA, que colabora con proyectos del Área de Sostenibilidad. Sin embargo, existen pocas iniciativas regionales que se enfoquen en las competencias de los docentes en materia de sustentabilidad.

En una investigación publicada recientemente en el International Journal of Sustainability in Higher Education, Carla Sabbatini, Directora Ejecutiva de la Cátedra UNESCO de la Escuela de Educación de UdeSA y Directora de la Especialización en Educación para la Sostenibilidad, junto con Delfina María Martelletti (Universidad Austral), Alejandro Álvarez-Vanegas (Universidad EAFIT, Medellín) y Magdalena Zavalía (Universidad de San Andrés), proponen explorar qué tan preparados están los docentes universitarios en América Latina para abordar la preocupación por la sostenibilidad. Los autores realizaron una encuesta Delphi con 18 expertos en educación superior universitaria de Argentina, Colombia, Costa Rica, México, Puerto Rico, Alemania y España.

Para analizar los datos, los investigadores indagaron la adhesión a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (UNESCO) como marco global para abordar los desafíos ambientales, económicos y sociales, sin desconocer la existencia de otros marcos que resuenan en la región. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) constituyen una “hoja de ruta” posible, entre otras, para avanzar hacia la sostenibilidad. Sin embargo, el artículo revela ciertas barreras que impiden la integración de estos objetivos en la región. Entre ellas, la falta de conocimiento sobre el tema y enfoques pedagógicos limitados. Según Carla Sabbatini, “en Argentina, estamos atravesados por un error de interpretación coyuntural, que tiene un precio alto, porque estos temas no siempre se entienden bien, no se abordan de manera adecuada o se habla poco sobre ellos”.

Según el estudio, en América Latina, los legados coloniales, las desigualdades socioeconómicas y las diversas realidades bioculturales condicionan las formas de comprender la sostenibilidad. Las universidades de la región todavía miran poco a sus propias comunidades y continúan reproduciendo más el conocimiento del norte global. Frente a esta realidad, pensar la sostenibilidad implica también repensar cómo se construyen las respuestas a los desafíos emergentes y desde qué lugares se define el rumbo a seguir. “A mí me gusta definir a la sostenibilidad como un camino, un desafío hacia adelante, no como un punto de llegada”, sostiene la profesora de UdeSA. Si la sostenibilidad puede entenderse como un proceso hacia formas de desarrollo más equilibradas, la educación constituye una de las principales herramientas para recorrerlo. 

El artículo propone entender la educación desde una perspectiva amplia, como el proceso que permite que las personas adquieran no sólo conocimientos sino también habilidades, actitudes y valores: de todo eso se tratan las competencias. “Esto requiere una disposición a incomodarte, porque vos fuiste formado para otra cosa: para llevar adelante un juicio o dirigir una empresa por ejemplo, no necesariamente para educar a otros”, explica Sabbatini. Los autores presentan una propuesta piloto para que las universidades que la consideren valiosa se la apropien y lleven esa conversación también a sus contextos institucionales. En la Universidad de San Andrés, por ejemplo, se realizaron talleres interdisciplinarios voluntarios para docentes de la institución y de otras universidades. Las acciones estuvieron dirigidas principalmente a profesionales con una sólida formación en sus campos de especialización, pero cuya formación no necesariamente había incluido fundamentos pedagógicos o estrategias de enseñanza. Estas experiencias ya se tradujeron en cambios concretos: algunos docentes reescribieron sus programas académicos desde esta perspectiva. 

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