“Combinar pasión, valores y conocimiento fue la clave para crear La Fuerza”

1. De la multinacional al emprendimiento
¿Qué te motivó a dejar una carrera en grandes multinacionales para emprender tu propio camino en la industria de las bebidas?
Mi interés por la industria de alimentos y bebidas comenzó desde muy joven, aunque mi carrera profesional inicial me llevó por el mundo corporativo, trabajando en multinacionales como IBM y Movicom, en áreas de tecnología y telecomunicaciones. Estas experiencias me enseñaron disciplina, planificación, gestión de proyectos y trabajo en equipos grandes, y fueron fundamentales para desarrollar habilidades que luego me servirían en mi emprendimiento.
Sin embargo, siempre tuve la inquietud de trabajar en algo más cercano a mis pasiones y valores personales. Mi transición comenzó con roles en Diageo, donde trabajé con marcas globales como Johnny Walker, Baileys y Smirnoff, y más tarde en Nespresso, siendo parte del equipo que abrió la marca en Argentina y Chile. Estas experiencias me permitieron ver la industria desde dentro y aprender cómo construir marcas disruptivas y de calidad, casi desde cero.
Con el tiempo, me di cuenta de que las ofertas internacionales que me llegaban como mudarme a Suiza para un rol regional, no se alineaban con mi vida personal ni con mi visión de equilibrio familiar, ya que en ese momento tenía a mi hijo chico.Fue un proceso de autoconocimiento profundo, en el que trabajé con una coach y evalué mis prioridades, hasta decidir dar un salto al vacío hacia el emprendimiento. Comencé haciendo consultoría para empresas de alimentos y bebidas, aplicando todo lo aprendido, hasta finalmente crear mi propio proyecto, La Fuerza, que me permitió combinar pasión, valores y conocimiento del mercado en un producto tangible y único.
¿Qué aprendizajes de las corporaciones hoy aplicás en tus emprendimientos?
Creo que los emprendedores, las pymes y las startups tenemos mucho que aprender de las multinacionales y viceversa. De las grandes empresas, tomé herramientas muy valiosas que hoy aplico en mi emprendimiento: planificación estratégica, presupuestación, gestión de personas, definición de prioridades y visión de mediano plazo. Son procesos probados que permiten organizarse, anticipar problemas y tomar decisiones más sólidas.
Al mismo tiempo, de los emprendedores aprendí algo fundamental: la energía, la flexibilidad, la capacidad de animarse a probar cosas nuevas y adaptarse rápidamente. En el mundo corporativo estas cualidades pueden perderse un poco entre procedimientos y jerarquías, pero son vitales para innovar y crear algo auténtico.
En mi emprendimiento, trato de equilibrar ambas cosas: mantener la visión estratégica y la disciplina aprendida en multinacionales, pero con la pasión, la creatividad y la rapidez que caracteriza a los proyectos más pequeños y disruptivos. Esto me permite crecer con fundamento, pero también arriesgarme, experimentar y aprender sobre la marcha.
2. La Fuerza: identidad y crecimiento
La Fuerza nació con una identidad muy ligada a la cultura local. ¿Cómo equilibran esas raíces argentinas con la proyección internacional de la marca?
El proyecto nació con la idea de desarrollar un producto con identidad local y de alta calidad. Desde el inicio, nos propusimos que todo lo que hiciéramos respetara nuestras raíces, pero al mismo tiempo tuviera proyección hacia el futuro. No se trataba de hacer un producto que “pareciera local” solo por marketing; queríamos que fuera genuino, auténtico y reflejara nuestra cultura.
Durante casi dos años, trabajamos los fines de semana con los tres socios que vivíamos en Buenos Aires, viajando a Mendoza, donde estaba nuestro cuarto socio, para experimentar, aprender y equivocarnos en el camino. Este proceso fue muy orgánico: probamos recetas, ajustamos detalles y desarrollamos un producto que representara lo que llamamos un vermouth local de calidad. Usamos vinos de Mendoza de alta calidad y botánicas locales, con la intención de diferenciar nuestro producto sin imitar a otros, como los vermouth italianos o españoles.
Ese equilibrio entre identidad local y proyección internacional es central para La Fuerza. Queremos mantener la esencia de nuestra cultura argentina, pero ofrecer un producto que pueda ser reconocido y disfrutado en otros países, transmitiendo la historia, el sabor y la experiencia que nos hace únicos. Todo esto se logra combinando pasión, cuidado por la calidad y un aprendizaje constante a medida que exploramos nuevos mercados.
3. Reconocimientos y expansión internacional
¿Qué significó para vos que La Fuerza fuera reconocida por la revista TIME como uno de los 100 mejores lugares del mundo para visitar?
Fue un reconocimiento muy importante para el proyecto y para todo el equipo. Esto ocurrió en 2019, apenas un año y medio después de que abrimos el bar en enero de 2018. La Fuerza nació porque creíamos que era necesario ofrecer un espacio donde la gente pudiera probar nuestro producto, interactuar con él y entender la propuesta cultural detrás de lvermouth. Que Time nos mencionara no como uno de los mejores bares o restaurantes, sino como uno de los 100 lugares del mundo que vale la pena visitar, fue un hito enorme. La lista incluía parques nacionales, museos y otros puntos turísticos de relevancia global, así que estar ahí nos dio visibilidad internacional inmediata y posicionó nuestro producto en un contexto mucho más amplio que solo la industria de bebidas.
Este reconocimiento aceleró nuestro proyecto: incrementó la afluencia de visitantes al bar, amplificó nuestro trabajo de prensa y validó nuestra propuesta de cultura gastronómica argentina. También puso en valor la cocina local, los productos que usamos y la manera de compartir que tenemos los argentinos, algo que para nosotros es central. No se trataba solo del vermouth, sino de mostrar cómo nuestra gastronomía y nuestra manera de compartir forman parte de nuestra identidad y pueden ser apreciadas a nivel internacional.
Hoy exportan vermouth a Estados Unidos, Paraguay,Uruguay, Brasil, Inglaterra, España, Francia y Perú. ¿Cuáles fueron los principales desafíos de llevar una marca argentina al mundo?
Fue un proceso lleno de desafíos y aprendizajes. Al principio, fue prácticamente una inconsciencia: nadie nos llamaba ni nos pedía específicamente que lleváramos un vermouth argentino a Estados Unidos, Uruguay o cualquier otro país. Todo surgió de nuestra propia iniciativa y las ganas de que más gente conociera nuestro producto y la historia detrás de él.
Tener experiencia previa en la industria y contar con una red de contactos nos ayudó mucho, pero todavía había muchas incógnitas. Nos dimos cuenta de que muchas de las herramientas y conocimientos que adquirimos en grandes corporaciones, como planificación, visión estratégica y manejo de relaciones, eran esenciales para enfrentar estos desafíos internacionales. A medida que avanzábamos, tuvimos que adaptarnos a cada mercado, enseñando desde cero qué es un vermouth, cómo se consume, cuál es su cultura y ritual de consumo. Por ejemplo, en Estados Unidos muchas personas no saben que el vermouth, se hace con vino ni cómo se toma, así que tenemos que empezar explicando los fundamentos y luego guiarlos a la experiencia completa.
Hoy exportamos a siete mercados, con volúmenes todavía modestos, pero creciendo de manera constante. Cada país es distinto, cada mercado tiene su propio ritmo, y eso hace que el proceso sea desafiante pero muy enriquecedor. Más allá de los números, lo más valioso es ver cómo nuestro producto y nuestra cultura gastronómica argentina se van comprendiendo y apreciando en otros contextos, creando conexiones que antes ni imaginábamos.
4. El rol de la universidad
La universidad tuvo un rol en tu formación. ¿Qué aprendizajes o experiencias de esa etapa sentís que todavía te acompañan?
La universidad tuvo un rol muy importante, aunque no sólo en términos de conocimientos técnicos, sino también en la manera de pensar y planificar. Una de las cosas que más valoro es la capacidad de planificación que adquirí: aprender a darse el tiempo para pensar, organizar y anticipar posibles escenarios. Esto no solo aplica a multinacionales; en empresas más pequeñas, la flexibilidad es un activo enorme, pero la disciplina de planificar marca la diferencia.
Otro aprendizaje clave fue desarrollar una mirada holística e integral de los problemas y proyectos. Aprender a ver las cosas desde diferentes perspectivas, a preguntarse “¿qué pasaría si hago esto o lo otro?”, a invertir la mirada y no quedarse solo con la primera impresión.
Además, herramientas más “duras” como la gestión de flujo de caja (cash flow) son fundamentales, especialmente en un contexto económico como el de Argentina, donde la inflación y los cambios constantes obligan a estar muy atentos.
Por último, la universidad también me enseñó la importancia del aprendizaje continuo y la apertura a nuevas ideas, aunque muchos emprendedores no hayan pasado por la universidad, aportan un valor enorme con su experiencia práctica. Lo interesante es que la combinación de una formación académica sólida con la experiencia directa en el mundo real crea una mirada holística, que es justamente lo que hoy aplico para tomar decisiones estratégicas, tanto en la gestión del producto como en la expansión internacional.
5. Mirada hacia el futuro
Mirando tu recorrido, ¿qué consejo le darías a alguien que trabaja en el mundo corporativo pero sueña con emprender?
Primero que nada, creo que lo más importante es conocerse bien a uno mismo. Esto puede sonar un poco cliché, pero el autoconocimiento es fundamental antes de dar un salto como emprendedor. Hay que preguntarse: ¿por qué quiero emprender? ¿Qué es lo que realmente me motiva? ¿Es la pasión por un producto o servicio, la libertad de decidir, el desafío de construir algo propio, o la posibilidad de generar ingresos? Es clave responderse estas preguntas con sinceridad, porque emprender viene con un paquete completo de responsabilidades, riesgos y sacrificios que no siempre se ven desde afuera.
También es importante entender qué valoramos como aprendizaje y qué estamos dispuestos a priorizar. Emprender no es un camino único: hay emprendedores seriales, otros que buscan vender la compañía rápidamente, y hay quienes lo hacen pensando en dejar un legado para sus hijos o nietos. Cada uno tiene un perfil distinto, y no hay uno mejor que otro, lo importante es alinearlo con tus valores y objetivos personales.
¿Cómo imaginás el futuro de La Fuerza y de la gastronomía argentina en los próximos años?
Me imagino a La Fuerza manteniendo la esencia que nos caracteriza hoy, liderando una escena de productores locales que van más allá del vermouth. No solo queremos ser referentes en esta bebida, sino también en otros productos de la tierra: alimentos, bebidas y todo aquello que refleje la identidad local y la pasión de los productores argentinos. Me gustaría que La Fuerza sea un espacio que inspire a otras personas y proyectos que, como nosotros, valoran la calidad, la autenticidad y la identidad cultural.
Nuestra idea es seguir apoyando a emprendedores y productores que compartan nuestros valores: gente apasionada, comprometida con la calidad y que no negocie su visión. Queremos ser parte de una escena más amplia, no solos, sino junto a otros actores que impulsen esta movida, donde se reconozca lo que los argentinos podemos hacer bien y con orgullo.
Visualizo también un crecimiento equilibrado: mantener nuestra identidad y raíces argentinas, pero con proyección internacional, abriendo puertas a otros mercados y dando a conocer nuestros productos a un público más amplio sin perder la esencia. La Fuerza seguirá siendo un referente de innovación, autenticidad y calidad, construyendo una comunidad de productores y consumidores que valoren lo local y lo genuino.