Tratado de Libre Comercio Qué dijeron los economistas y especialistas


Roberto Bouzas
Universidad de San Andrés

Prudencia. Después del entusiasmo que expresaron líderes de la región y de la UE, es la hora de analizar las concesiones recíprocas y beneficios que generará el trato.

Finalmente, después de dos décadas de negociaciones los miembros del Mercosur y de la Unión Europea han arribado aun acuerdo. Durante todo ese tiempo siempre sostuve que un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur debía contarse como uno de los mas improbables entre todos los acuerdos posibles a escala planetaria. Si bien yo, al igual que la mayoría de mis colegas, solemos beneficiarnos con la mala memoria de nuestros audiencias, en esta oportunidad evocar la aparente contradicción entre el pronóstico y la realidad puede ser una buena manera de aproximarse al tema.

En esta línea, un primer comentario se vincula con el proceso que hay por delante. Asumiendo que el acuerdo está plenamente concluido, es decir, que todavía no falten acordar los `últimos detalles técnicos` (que son precisamente los que han demorado la aprobación hasta este momento), su plena vigencia dependerá de su ratificación por parte de las instituciones de la Unión Europea (el Consejo y el Parlamento), los 38 Parlamentos nacionales y regionales europeos competentes y los cuatro poderes legislativos de los países miembros del Mercosur. Dada la sensibilidad de algunos de los temas incluidos en la negociación (destacadamente el tema agrícola en el caso de la UE), si las concesiones europeas fueran significativas la reacción de varios parlamentos nacionales y regionales europeos será previsiblemente poco entusiasta, por no decir francamente hostil. Si bien los Parlamentos nacionales y regionales no tienen competencia para oponerse o bloquear el contenido del capítulo agrícola y su oposición podría sortearse a través de la aplicación provisional de aquellas partes del acuerdo que son de competencia exclusiva de la Unión, el potencial deterioro del clima político intracomunitario podría alcanzar niveles poco tolerables para la frágil amalgama de intereses que prevalece hoy en la Unión. En otras palabras, no debe descartarse que el acuerdo pueda echar un poco más de gasolina al ya inflamado contexto intra-comunitario, desatando dinámicas que hoy no anticipamos.

Un segundo comentario tiene que ver con el contenido del acuerdo comercial propiamente dicho. Prevalece entre nosotros la idea de que el Mercosur ha sido muy ineficiente en sus negociaciones con terceros países. El indicador que lo demostraría es el bajo número de acuerdos de libre comercio firmados con otros países y el bajo porcentaje del PIB mundial que esos socios representan (la comparación con Chile es un clásico). Este diagnóstico sufre de una inconsistencia lógica: la escasez de acuerdos es producto tanto del sesgo proteccionista de las dos mayores economías del Mercosur (sobre lo que no hay duda), como de la sensibilidad que su agenda de demandas `ofensivas` tiene para muchas contrapartes, destacadamente la Unión Europea. Por lo tanto, cualquier opinión fundada sobre la bondad del acuerdo deberá descansar necesariamente en una evaluación más precisa de las concesiones recíprocas. Un acuerdo que no `muerda` en las sensibilidades de cada una de las partes (o, peor aún, que lo haga de manera desbalanceada) podría haber sido el precio a pagar para lograrlo, pero difícilmente aseguraría que fuera un buen acuerdo.

Finalmente, mucho se ha insistido en que un acuerdo con la Unión Europea, más allá de los temas de acceso a mercados, tendría beneficios `extra` importantes. Se ha argumentado que mejoraría las expectativas, que elevaría la calidad institucional o que nos haría lucir mejor a los ojos del resto del mundo. Estos argumentos pueden ser ciertos, pero tienen al menos la misma probabilidad de no serlo. En un contexto en el que las principales restricciones para un buen desempeño económico, al menos en la Argentina, son internas (problemas de oferta), esas opiniones parecen un acto de fe más que una conclusión basada en la evidencia. Basta recordar, por ejemplo, que recién este año la Argentina consiguió cumplir con el total de la cuota Hilton que le otorga acceso preferencial al mercado de la Unión. En otras palabras, teníamos acceso preferencial a ese mercado: lo que no teníamos era carne.

En síntesis, si bien es comprensible que el acuerdo sea recibido con entusiasmo por todos los gobiernos (por algo lo firmaron), mi sugerencia sería que los analistas pongan ese entusiasmo en pausa hasta evaluar la letra chica.

CLARÍN
Roberto Bouzas
03 de Julio de 2019