Se está acabando el “estamos mal, pero vamos bien”


Por Diego Reynoso, profesor del Departamento de Ciencias Sociales.

Ascenso y caída. Durante el mes de enero todas las encuestas coincidieron en reflejar una caída de la imagen del gobierno en la opinión pública. Nuestra encuesta de satisfacción política y opinión pública (#ESPOP) mensual, que realizamos en la Universidad de San Andrés reflejó también este descenso en la valoración del gobierno. La caída en la aprobación de la gestión de Mauricio Macri pasó de 66% en Octubre 2017 al 56% en enero 2018, mientras que la satisfacción con la marcha general de las cosas bajó del 53% al 39%. Siempre ha habido una brecha entre la satisfacción de la gente con la marcha general de las cosas y la aprobación o el respaldo al gobierno. Desde el inicio de nuestras mediciones, la opinión pública ha mostrada más aprobación que satisfacción. Algo así como un estamos mal pero vamos bien, renovado. No obstante en los últimos meses concomitantemente con la caída en la aprobación y en la satisfacción, la brecha se amplió. Hay más personas insatisfechas, pese a que no dejan de manifestar una aprobación del gobierno.

Como es universalmente constante, el gobierno inició su mandato con un nivel de aprobación de 72% en el mes de enero de 2016, para ir decantando ese apoyo a medida que tomaba decisiones de gobierno. La agenda inicial estuvo compuesta por la reducción de retenciones a las exportaciones, la eliminación del cepo cambiario y su consiguiente devaluación, así como los anuncios en materia de ajustes de tarifas energéticas, entre otras decisiones. Implementada esta agenda, y su consiguiente impacto, la aprobación cayó en 4 meses del 72% al 48% en mayo de 2016. Desde entonces, hasta mayo de 2017 el gobierno se mantuvo en una línea de aprobación levemente por debajo del 50%, con picos por encima. En Febrero y Marzo de 2017, por primera vez, el porcentaje de desaprobación superaba el de aprobación, así como la proporción de insatisfechos (61%) era considerablemente mayor a la de satisfechos (38%). Así las cosas, el año electoral de 2017 se presentaba muy cuesta arriba. No obstante, como he planteado en otro artículo en este mismo diario en el mes de Septiembre, los drivers del crecimiento de aprobación y satisfacción en la opinión pública fueron la ausencia de líderes que pudieran aglutinar el voto opositor (i.e. la división del panperonismo en dos o hasta tres ofertas electorales diferenciadas) y el cemento/asfalto (i.e. la inversión en obras públicas, sobre todo en algunas áreas del conurbano). En Octubre 2017 la aprobación trepó al 66% y la proporción de satisfechos tocó su pico máximo en 53%, hoy en caída. En esa coyuntura, la coalición de gobierno aumentó el número de diputados, senadores y consolidó un capital político que en tres meses gastó.

Decisiones políticas. Desde octubre el arco opositor comenzó a ganar las calles. Primero con las críticas al accionar de la gendarmería y las fuerzas de seguridad en las movilizaciones de los pueblos originarios en el sur del país, luego reforzándose con la desaparición de Santiago Maldonado y posteriormente con la aparición del cadáver en el rio Chubut. En diciembre el impulso de las reformas tributarias, previsional y laboral reforzaron las manifestaciones y las protestas nuevamente. En medio de ello la desaparición del submarino ARA San Juan, provocó una crisis de comunicación y trascendidos que el gobierno no pudo, no quiso o no supo controlar. En medio de esta oleada adversa, las decisiones de los jueces de detener a funcionarios del gobierno anterior, funcionada como amortiguador de los golpes y corrimiento de agenda.

Esta mezcla de eventos y acciones impactó desde luego en la ciudadanía. En la #ESPOP mensual registramos de manera diferenciada ese impacto para entender donde estuvieron los vectores que favorecen al gobierno y cuales erosionan su apoyo en la opinión pública.

En general, nuestro análisis indica que las reformas que el gobierno impulsó en diciembre fueron los factores que mayor erosión le produjeron al mismo gobierno: en particular el 61% indico su desacuerdo con la reforma previsional, así como el 56% indicó su desacuerdo con los ajustes tarifarios en el sistema de transporte, y el 53% indicó su desacuerdo con la reforma laboral. En el mejor de los casos, el 38% expresó acuerdo con la reforma tributaria.

De manera menos evidente, el 55% manifestó estar de acuerdo con el accionar de la gendarmería en las movilizaciones de los pueblos Mapuches, así como el 52% como el accionar de las fuerzas de seguridad en las movilizaciones y protestas en contra de las medidas del gobierno del mes de diciembre. Desde luego, la hipótesis del amortiguador que supuso para el gobierno la detención de algunos funcionarios del gobierno anterior por orden de los jueces, queda en evidencia con el 65% de acuerdo.

En general, podemos decir que la caída en la aprobación y en la satisfacción se debieron más a las iniciativas de reforma que el gobierno impulsó, y menos al accionar de las fuerzas de seguridad en cuanto al control de la protesta y las movilizaciones. Esto podría ser un buen test para oficialistas y opositores. El costo político del gobierno aumenta con las medidas que impulsa y se amortigua con el mantenimiento en la agenda del tema corrupción del gobierno anterior. Por otra parte, se observarse que la intervención de las fuerzas de seguridad en las movilizaciones y las protestas no producen un costo político al gobierno, antes bien lo favorecen.

El ciclo de la opinión. La caída en los niveles de satisfacción y aprobación del gobierno pone de manifiesto el ciclo de la opinión pública y su potencial aprovechamiento. Los estrategas del gobierno nacional parecieran entender y controlar, al menos por el momento, el ciclo de la opinión pública. La fase de acumulación de capital político (aumento de apoyo, aprobación, votos y cargos) es seguida por la fase de toma de decisiones que infringen un alto costo político. Esta secuencia tiene en cuenta algo importante, la fase de acumulación es previa a los procesos electorales y la fase de decisión posterior a los mismos. En este sentido, los años no pares, en los que no hay elecciones, el gobierno procede a gastar el capital político y en los años impares acumula de cara al proceso electoral. Desde luego, este manejo del ciclo no está garantizado ni es inmune a eventos internos y externos fuera de control. Con el tiempo el ejercicio desgasta y la misma opinión pública logra algún nivel de autocomprensión, dependiendo del contexto y de la presencia o ausencia de alternativas reales, el control del ciclo disminuye. Así eventos internos como el protagonizado por el ministro Triaca que tienen un potencial costo político, pueden ser medianamente controlados y amortiguados con iniciativas tales como la prohibición de contratar familiares de ministros en la administración pública o cosas por el estilo, al menos por el momento.

Hipótesis. Con cierta probabilidad el 2018 será un año de erosión del capital político por parte del gobierno, entre medidas antipopulares y poco simpáticas y la neutralización de desprolijidades y casos de corrupción interna, acompañado de una amortiguación de la erosión mediante el recurso al, ya cada vez más desgastado y probablemente menos efectivo, mantenimiento en agenda de casos de corrupción del gobierno anterior. En este contexto, la emergencia de un liderazgo aglutinador de la oposición será la variable decisiva para ver como decanta, o no, el “arte del control” del ciclo de la opinión pública por parte del gobierno, que hasta el presente ha demostrado dominar con solvencia.

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05 de Febrero de 2018