Roberto Dvoskin: ¿Hay riesgos reales de entrar, otra vez, en modo "atraso cambiario"?


Carlos Boyadjian

Roberto Dvoskin: ¿Hay riesgos reales de entrar, otra vez, en modo "atraso cambiario"?

Carlos Boyadjian

En las últimas semanas la volatilidad se adueñó del mercado cambiario, con un dólar que después de haber trepado hasta los $16 por unidad bajó hasta niveles de $14,80, para después rebotar y ubicarse al cierre de esta edición en tomo a $15,10. Pero en un escenario inflacionario como el actual, con precios que sólo en los dos primeros meses del año subieron un 8%, el temor a repetir la historia del atraso cambiario comenzó a flotar en el aire.

Es que el nivel del tipo de cambio y la inflación son dos caras de una misma moneda que expresa parte de la competitividad de la economía argentina, y que últimamente tiene preocupadas a gran parte del equipo económico y a las autoridades del Banco Central. Tras la devaluación de diciembre pasado que depreció el valor del peso en tomo al 36% en términos reales, la inflación siguió su curso, inclusive incrementada por el llamado pass through, el traslado a precios de bienes y servicios que se comercializan en el mercado doméstico.

Pero ante el temor a una escalada inflacionaria, el Gobierno tuvo que estacionar el dólar en algún nivel creíble entre $14 y $16. Así reapareció el fantasma del atraso cambiario como en 2014, cuando los efectos benéficos de la devaluación que llevaron adelante Juan Carlos Fábrega y Axel Kicillof se diluyeron en apenas tres o cuatro meses. La clave parece ser poner en marcha un plan antiinflacionario -hoy no está claro cuál es- que evite perder en poco tiempo la competitividad ganada por vía cambiaria.

En este contexto, desde los sectores productivos observan con atención qué ocurre con el tipo de cambio. Sin duda, los más entusiastas son los agroexportadores beneficiados por partida doble con la devaluación del peso y la quita de retenciones a los granos, carnes y productos de economías regionales. Entre los pequeños productores y el sector cooperativo las opiniones son divergentes, porque están más vinculados al mercado interno y además, la disparada del dólar encarece sus insumos y el equipamiento.

Algo similar ocurre en todo el entramado industrial, donde la ventaja relativa de un tipo de cambio más competitivo para exportar se ve reducida por mayores costos de producción e insumos. La industria reclama un mejor tipo de cambio para poder competir especialmente con Brasil, que también ha devaluado el real en los últimos meses y, además, está inmerso en una difícil coyuntura económica que impacta de lleno en las exportaciones industriales argentinas.

En este contexto y pese a la pérdida de valor del peso desde diciembre a la fecha, para algunos analistas pareciera que "la devaluación se quedó corta". Así, madura la sensación de que el nivel de tipo de cambio actual quizá no sea el más conveniente pero es el posible en un contexto de inflación. En los meses siguientes el tipo de cambio necesitará fluctuar y moverse en línea con la inflación para no quedar atrasado. Como fuere, las previsiones para fin de año hablan de un dólar entre $16 y $18.

"No estamos en una situación crítica de atraso cambiario aunque creo que éste no va a ser el nivel de dólar el resto del año", señala Fausto Spotomo, economista jefe de Orlando Ferreres y Asociados. Esta consultora proyecta un valor del dólar entre 17,50 y 18 pesos para fin de 2016, con "un primer semestre que va a ser volátil y que a medida que pase el año debería ir acompañando a la inflación". Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina, sostiene que el actual gobierno recibió como herencia una economía con un atraso cambiario significativo, similar al del final de la convertibilidad, que llevó al cepo y después a la devaluación. "El índice promedio del tipo de cambio real -descontada la inflación local e internacional- de los últimos 15 años es de 1,45 (tomando como base el año 2001) y hoy estamos en 1,30". Por eso "hay una leve tendencia al atraso cambiario, del 10 o 15%", dice.

Por su parte, Roberto Dvoskin economista y docente de la Universidad de San Andrés, asegura que "no estamos con atraso cambiario lo que hay que analizar es cuál es el tipo de cambio real". En todo caso el punto clave es ganar competitividad por otras vías, no cambiarías.

"Todavía tenemos espacio para que no pase lo mismo que en 2014" apunta en referencia a que entonces la inflación "se comió" rápidamente los efectos devaluatorios.

"Si hay inflación con tipo de cambio fijo, hay una tendencia al atraso cambiario", señala Sigaut Gravina y agrega que "para el sector industrial hay atraso cambiario, pero no para la agroindustria". Al respecto Dvoskin reclama que el Gobierno dé "señales claras de cómo hacer para incentivar la productividad en la industria". Esto en un panorama en el que, según Spotomo, la economía ""se está comportando como si fueran a entrar capitales". Por si quedaban dudas de la complejidad de este momento, agrega: "En períodos de entrada de capitales, el tipo de cambio tiende a ser bajo".

Clarín
Carlos Boyadjian
21 de Marzo de 2016