Mariekondonomics: el orden y el desorden aplicados a la economía


Walter Sosa Escudero
Director del Departamento de Economía de la Universidad de San Andrés

Es de buen economista practicar la racionalización a posteriori: inventar historias compatibles con hechos observados, como quien insiste en contemplar la posibilidad de que una piña en el ojo en realidad pudo haber sido un cabezazo al puño. Y desde esta perspectiva es que varios economistas se han subido al tren de la reciente "mariekondomanía" por el orden, tirando cabezazos y también puñetazos (con la mano invisible).

La cuestión del orden es atávica en la economía. A la larga, tal vez "la" pregunta seminal de la disciplina maldita fue si los agentes librados a sus acciones y a la fuerza del mercado son más compatibles con el orden que con el caos. La historia de la economía puede contarse como la larga saga de intentar responder afirmativa o negativamente la pregunta de marras (y en sus distintos grados de validez) y de entender los mecanismos que conducen a ese orden/equilibrio social.

Entre oportunistas y advenedizos, varios economistas saltaron a la palestra del orden, atraídos por el tsunami provocado por el libro de Marie Kondo . Así, el verborrágico economista Tim Harford escribió recientemente que "lo que me sorprende es que Kondo es una economista intuitiva", señalando que varias de sus recomendaciones son compatibles con algunos principios básicos de la economía. En particular, Harford refiere a la recomendación enfática de Kondo de romper el "sesgo de statu quo", revirtiendo la práctica usual de no tirar un objeto "por las dudas", sino todo lo contrario: partir de la base de que un objeto no sirve para nada a menos que realmente haya evidencia de lo contrario.

Otros, como Bouree Lamb, en un artículo en The Atlantic, han sugerido nexos entre la práctica "abandónica" propuesta por Kondo, y los estudios de los Nobel Daniel Kahneman y Richard Thaler, en lo que se refiere a la sobrevaloración de objetos por el mero hecho de poseerlos y la inhabilidad de las personas en calcular su utilidad futura, como quien guarda celosamente el traje de su casamiento creyendo inocentemente que en algún momento recuperara el peso y la forma, diez años después de haber empezado a engordar en forma monótona desde el mismísimo día de su boda.

La idea de "tirar y ordenar" recurrente en el best seller de Kondo encuentra su basamento en algo que los economistas creen y enseñan a sus alumnos casi desde la primera clase: que una vez que los costos se "hundieron" no importan en la decisión posterior. En este sentido, muchos economistas no aceptan como excusa el clásico "no seas fiaca, vamos al cine que ya pagamos las entradas", porque habiendo pagado a la mañana las entradas, la decisión de quedarse a la noche durmiendo en vez de ir a ver la película debería basarse en cuánto gusta o molesta ir al cine, y no en el hecho de que las entradas ya estén pagas. Esto racionaliza la práctica de tirar, ignorando el costo hundido de haber adquirido objetos innecesarios, implícita en la propuesta de Kondo.

LA NACIÓN
Walter Sosa Escudero
08 de Abril de 2019
Marie Kondo