Las señales detrás del intercambio de fuego entre EE.UU. e Irán


Federico Merke
Director de la Maestría en Política y Economía Internacionales

La escalada bélica parece haberse evitado, pero las causas que provocaron el conflicto aún no han desaparecido.

Finalmente, prevaleció la cordura. Al menos hasta ahora. Anteayer, Java Zarif, canciller iraní, afirmó que Teherán no busca la escalada ni la guerra. Ayer, Donald Trump aseguró que Estados Unidos no quiere utilizar sus misiles. Acá termina una ronda de iteración. Comenzó con una escalada de Trump al asesinar al general Qassem Soleimani y siguió con la retaliación de Irán al atacar dos bases norteamericanas en Irak. La respuesta de Irán podría haber sido mucho peor, más si se confirma que las bajas fueron prácticamente inexistentes. Irán necesitaba, al mismo tiempo, responder públicamente para calmar a los clérigos y a la sociedad y evitar la escalada hacia una guerra. Al lanzar sus misiles a Irak, Teherán envió la señal a Estados Unidos de que está en condiciones de responder, pero no fue una señal lo suficientemente costosa para Washington como para impulsarlo a escalar.

La evidencia hasta acá sugiere que ni Trump ni los líderes iraníes quieren una guerra. Trump quiere la reelección y el régimen iraní quiere asegurar su supervivencia. No está nada claro que una guerra más o menos convencional sirva a esos objetivos. Cierto, hay guerras a las que se llega sin que nadie las haya buscado en primer lugar. Pero la evidencia empírica sugiere que las percepciones erradas o la escalada accidental rara vez terminan en un conflicto armado de proporciones. La crisis de Berlín en 1958-1961 y de Cuba en 1962 son una muestra. Se habla mucho hoy de la volatilidad decisoria de Trump y sus funcionarios. Pero a medida que los Estados escalan, el cálculo de costos y beneficios y las presiones de la política doméstica aumentan. Tomando estas dos dimensiones, resulta difícil concluir que la guerra pague bien a ambos.

La escalada y la guerra se han evitado, pero los problemas que nos trajeron hasta acá no se han resuelto. Estamos, en este sentido, en un entreacto, no en el final de la obra. El desafío consiste, entonces, en examinar cómo podría continuar este drama. Y acá entran las incógnitas.

En primer lugar, las preferencias de Trump en Medio Oriente continúan siendo un enigma, incluso para él. ¿Desea una lenta retirada para que se haga cargo la OTAN como sugirió ayer? ¿Busca dañar la posición de Irán en Medio Oriente? ¿O busca negociar un "mejor" acuerdo nuclear con Irán? En 2018, Trump anunció el retiro de Estados Unidos del acuerdo nuclear por considerar que Irán hacía trampa e iba camino a la bomba nuclear. Todo esto sostenido sin un ápice de evidencia que fundamentara esta decisión. Al mismo tiempo, reinstaló las sanciones y comenzó una guerra económica contra Teherán. La respuesta de Irán no tardó en aparecer, comenzando una ronda de agresiones equivalentes entre Teherán y Washington que terminaron en la decisión de Trump de eliminar a Soleimani.

No está claro, sin embargo, qué esperaba alcanzar Trump con la muerte del general hoy convertido en mártir. Trump prefirió una gratificación de corto plazo sacrificando aún más la estabilidad en el mediano plazo. Esto deja a Estados Unidos en un encierro estratégico: querer salir de la región, pero mostrarle a Irán su poder militar para obligarlo a hacer las cosas que Irán no quiere dejar de hacer: expandir su presencia en la región, sostener una red transnacional de milicias y grupos subversivos y desarrollar un programa nuclear autónomo.

LA NACIÓN
Federico Merke
09 de Enero de 2020
Las señales detrás del intercambio de fuego entre EE.UU. e Irán