Las metáforas y el mal tiempo


Silvia Ramírez Gelbes
Directora de la Maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés.

Las metáforas se definen como una comparación tácita en la que no se pronuncia la palabra “como” (en vez de “esto es como aquello”, la metáfora postula directamente “esto es aquello”). Fuera de discutir si toda la lengua es de por sí una metáfora –que consiste en tomar una palabra por el concepto que viene ensamblado con ella–, ya en el colegio nos enseñaban su valor literario y, a veces, explicativo. Es conocida, en este último sentido, la asociación que el médico William Harvey estableció entre las tuberías de la ciudad de Londres y las venas y arterias: él propuso la metáfora de la circulación de la sangre, que iluminó los estudios anatómicos.

De manera similar, los funcionarios de todos los gobiernos tratan de explicar las contingencias a la ciudadanía por medio de metáforas. Y sus explicaciones suelen concentrarse en determinados campos de la teoría o de la práctica. Así, desde hace mucho, primeros mandatarios, ministros y jefes de gabinete nos han acostumbrado a las metáforas climáticas para evitar nombrar lo innombrable: que hay crisis y que no estamos bien.

Desde la conferencia de prensa que dio nuestro presidente el 18 de julio, parece que la lluvia arrecia. Y lo peor es que no se trata de la “lluvia de inversiones” prometida desde el principio de su mandato sino, antes bien, de una “tormenta”. La “tormenta de frente” con la que, según el ingeniero Macri, nos hemos topado.

Diario Perfil
Silvia Ramírez Gelbes
07 de Agosto de 2018