La ciencia de los datos y su impacto en la economía, la política y la sociedad


Eugenia Mitchelstein - Pablo J. Boczkowski

Dos millones y medio de terabytes por día. Esa es la cantidad de información que producimos los seres humanos. Cada minuto mandamos 38 millones de mensajes de WhatsApp, hacemos tres millones y medio de búsquedas en Google y posteamos 500 mil tuits. ¿Cómo afecta nuestra vida cotidiana esta abundancia de información? ¿Y qué impacto económico, político y social tiene?

Estas preguntas son cruciales para entender la sociedad del presente y diseñar la del futuro. La ciencia de los datos es la disciplina que se ocupa de responderlas.

¿Por qué existe esta abundancia de información? Una de las características distintivas de la tecnología digital es que cada vez que usamos uno de sus productos o servicios dejamos una huella de nuestras acciones. Por ejemplo, al leer esta nota el servidor que la vuelve disponible en su pantalla registra si usted accede desde un teléfono móvil, una computadora o una tablet, cuánto tiempo le dedica a su lectura, y de qué página viene y a qué página se dirige después, entre otros datos.

No solo nuestras acciones dejan huella, sino que nuestra vida cotidiana está cada vez más digitalizada. Entonces, producimos información cuando posteamos fotos en Instagram, mandamos emojis por WhatsApp, pagamos la luz en línea u opinamos sobre política en Facebook. Organizamos datos cuando monitoreamos la velocidad en la que corrimos un 5K, usamos Google para ver el horario de una película en el cine o consultamos el saldo de nuestra cuenta bancaria mediante una app. Y consumimos información cuando escuchamos música en Spotify, miramos una serie en Netflix o revivimos los momentos claves de nuestro evento deportivo favorito en YouTube.

Vivimos rodeados de una marea de información que no para de crecer. ¿Para qué sirve toda esta información? Como señaló la socióloga española Sandra González Bailón en una conferencia dictada en el Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina: "El acceso a datos nos permite representar el mundo en que vivimos con mayor resolución… Esto nos permite mejorar nuestras teorías sobre por qué las cosas son como son y por qué funcionan como funcionan".

En una entrevista para Infobae, esta profesora de la Universidad de Pensilvania agrega que gracias al incremento de información podemos "entender mejor las consecuencias de nuestras acciones y diseñar mejores intervenciones, por ejemplo, en forma de políticas públicas o en el desarrollo de nuevas tecnologías".

La ciencia de datos también sirve para entender el crecimiento de la información sobre conductas personales. González Bailón da como ejemplo el movimiento de self-tracking o autoseguimiento, que "consiste en adquirir datos de nuestras actividades diarias mediante el uso de sensores que, por ejemplo, nos dicen cuántos pasos hemos dado al final de la jornada, o lo bien (o mal) que dormimos durante la noche".

Esta socióloga advierte que, aunque "las ventajas para regular nuestro estilo de vida y, por ende, la salud son varias (…) sigue habiendo muchos aspectos de nuestras vidas que no se pueden cuantificar y, ¡no por ello, son menos importantes!".

En las sociedades democráticas, la información es también un insumo esencial para tomar decisiones ciudadanas tales como votar, apoyar determinadas causas y expresar nuestra opinión en movilizaciones sociales. Ernesto Calvo, politólogo argentino y profesor en la Universidad de Maryland, explica: "El aumento de información facilita el monitoreo de la política y, con eso, facilita una mayor transparencia".

Calvo señala: "El aumento patrimonial de un político, el aumento de gastos de campaña por encima de los aportes oficiales, cambios bruscos en empleo público o en el tipo de productos en los que gasta el gobierno, comienzan a aparecer en distintas bases de datos". Entonces, "dado que no es posible controlar todas las fuentes donde se registran estos cambios, comienzan a aparecer inconsistencias estadísticas en los datos (…) Esto también quiere decir que la política está sujeta con mucha más frecuencia a shocks que antes no sufría".

La ciencia de datos tiene también un rol clave en la economía del conocimiento. El físico chileno César Hidalgo propone: "La información es el producto final de las cosas que se realizan con el conocimiento, sean estos productos texto, películas, o bienes de consumo, como los automóviles y los refrigeradores".

Hidalgo, profesor del Laboratorio de Medios del MIT, aclara que aunque "una persona rica tiene más y mejores bienes que una persona pobre, la riqueza no viene de los bienes, sino del conocimiento que se requiere para producir esos bienes y ese conocimiento viene de procesos de aprendizaje". Y concluye: "La idea que la riqueza viene del aprendizaje y conocimiento nos lleva a pensar en aspectos culturales dentro de los equipos y las empresas, como la capacidad de las personas de aceptar críticas, y de reaccionar de manera constructiva a los errores".

Si hasta hace algunas décadas la recopilación de la información estaba mayormente a cargo de los Estados nacionales (la estadística es la ciencia del Estado), en la actualidad, gran parte de los datos están en manos de empresas privadas, "cuyo interés no es necesariamente el bien común sino su propio beneficio económico", advierte González Bailón.

Para Calvo, "el hecho de que los datos estén concentrados en unas pocas corporaciones en principio facilita el trabajo de entes reguladores, quienes pueden exigir controles de privacidad más alto". Este politólogo no cree que las empresas vayan a negarse a estos controles, ya que como "derivan la gran mayoría de sus ingresos de la comercialización de bienes y servicios, antes que de nuestra vida política (…), no es un costo muy alto el asegurar la privacidad de nuestros datos políticos en tanto tengan capacidad para monetizar nuestros datos como consumidores".

¿Cuál es el futuro de la información? Hidalgo predice que no solo van a aumentar los datos, sino también "nuestras capacidades computacionales" y afirma que "la automatización va a partir por la minería y el agro, luego se va a mover a la manufactura y el transporte".

Para este físico, "la principal actividad económica será el desarrollo de cultura, de nuevo conocimiento, que nos permita encontrar nuevas maneras de llenar nuestras vidas".

González Bailón coincide: "Tenemos que empezar a distinguir mejor entre tres conceptos: datos, información y conocimiento. Los datos van a seguir multiplicándose, y la información también, a medida que vayamos procesando esos datos. Crear conocimiento a partir de la información seguirá requiriendo avances cuidadosos". Y por lo tanto, "el futuro de la información depende de que no caigamos en la urgencia de lo tópico y de que prestemos más atención a cómo generamos conocimiento".

Por su parte, Calvo hace hincapié en los riesgos de que la información se organice solo de acuerdo con nuestras preferencias ideológicas en lugar de por su relevancia en general, y concluye: "Saber si vamos a terminar viviendo en burbujas políticas va a depender de esta carrera de caballos entre organizadores de información de alta reputación u organizadores de información que se ajustan a nuestras creencias ideológicas".

Producimos, organizamos y consumimos datos de manera casi constante. Estamos rodeados de información que no para de aumentar. El desafío es construir conocimiento usando los datos más relevantes y diversos, no solo para nosotros, sino para nuestra sociedad en su conjunto.

Eugenia Mitchelstein es profesora en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés. Pablo J. Boczkowski es profesor en el Departamento de Estudios de la Comunicación de Northwestern University, Estados Unidos. Mitchelstein y Boczkowski son codirectores del Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina (MESO).

Infobae
Eugenia Mitchelstein - Pablo J. Boczkowski
24 de Agosto de 2018