La Argentina de los déficits


Carlos Daniel Heymann
Profesor de la Licenciatura en Economía - Universidad de San Andrés

El rojo en la contabilidad pública y en la externa, dos anclas que ahondan la crisis.

La economía argentina se encuentra estancada desde comienzos de esta década. De hecho, el producto por habitante en 2017 (un año de expansión) no mostró aumento sobre el de 2010. Sobre un promedio chato, la actividad osciló con un patrón particular de leves crecimientos en los años impares, y caídas en los pares. Detrás de la incapacidad para alcanzar un crecimiento sostenido, la restricción externa resalta como un factor de primer orden: los atisbos de expansión, como el que se vio interrumpido en el episodio reciente, se encontraron con limitaciones derivadas de una escasez de divisas. Ese comportamiento se asocia con una neta debilidad de las exportaciones. En 2017, el volumen (descontando efectos de precios) de las ventas externas de bienes y servicios fue 11% menor al de 2011 (y similar al de 2007).

Déficit. Mientras tanto, se fueron generando déficits externos y fiscales que, aunque partiendo de bajos niveles de endeudamiento, alcanzaron una magnitud apreciable. El año pasado, el saldo del intercambio comercial (bienes y servicios) fue un mínimo histórico de cerca de -15 mil millones de dólares, y la cuenta corriente del balance de pagos acumuló un resultado negativo de más de 30 mil millones de dólares, o cerca de 5% del PBI (del mismo orden de magnitud que el máximo de los años noventa). Al mismo tiempo, el déficit primario del gobierno nacional en 2017 resultó cercano a 4 % del PBI, algo menos que en el período previo, si bien la carga de intereses fue superior.

Revista Noticias
Carlos Daniel Heymann
07 de Agosto de 2018