A Dios rogando y con Google y big data dando


Walter Sosa Escudero
Director del Departamento de Economía de la Universidad de San Andrés

Mentón desafiante, pecho enhiesto, rodillas al piso, brazos extendidos, melena al viento. Sí, hablamos de "la de Dios", la jugada icónica de Hugo Orlando Gatti, golero histórico de Boca Juniors. Y 30 años después, tal vez algún algoritmo moderno de machine learning la justifique, en términos de minimizar el rango de acción que deja al delantero que corre al arco, al enfrentarlo al semicírculo imaginario que ofrece la bíblica jugada. El Loco Gatti validado por datos, los algoritmos jugando a Dios.

La ciencia de datos parece arremeter con todo, desde los sistemas de recomendaciones de películas hasta la genética, de modo que no llama la atención que saque pecho (¡y se arrodille y alce los brazos!) ante la cuestión más relevante de la humanidad: la existencia de Dios.

La famosa "apuesta de Pascal", esa que dice que exista Dios o no, más vale apostar a que sí, es una indicación temprana de que hay algo en común entre el problema de dirimir la existencia de Dios y el de decidir si ver tal o cual serie, ya que ambos demandan decisiones bajo información incompleta. "En Dios confiamos; que los demás traigan datos" retruca un ocurrente meme basado en el lema oficial de los Estados Unidos ( In God we trust) que, en relación al intento de relativizar a Dios sometiéndolo todo al arbitrio de los datos, remite a la chanza de "me ofende cuando dicen que Clapton es Dios: habrá creado el mundo, pero ni ahí toca como Clapton"; se trata de modificar alguno que otro nombre propio para aggiornar la herética alegoría al optimismo babeliano de los algoritmos en tiempos de big data.

Lo de hurgar en los datos para lidiar con lo divino tiene una larga historia. La "formula de Bayes", propuesta por el matemático ingles Thomas Bayes a mediados del siglo XVIII, ocupa desde entonces un lugar central en el análisis de datos y sigue siendo un elemento fundamental de las versiones más modernas de machine learning e inteligencia artificial. Tal vez su aparición más celebrada esté asociada a la épica sucesión de eventos que llevaron a Alan Turing a descifrar el Código Enigma en la Segunda Guerra Mundial.

Sobre la base de esta poderosa formula, el filósofo Richard Swinburne estimó que la probabilidad de que Dios exista es de un poco más de 50%. En su libro La Probabilidad de Dios, Stephen Unwit eleva este guarismo a 67 por ciento. El físico Larry Ford, usando la misma fórmula pero con distintos datos y supuestos, concluye que las chances de existencia de Dios son virtualmente nulas (¡100 dividido 1 seguido de 15 ceros!). En comparación, las discrepancias en estas estimaciones ponen a los pronósticos de los economistas a la par de los de la física nuclear.

En la década del 90, Doron Witztum, Eliyahu Rips y Yoav Rosenberg causaron una pequeña revolución cuando reportaron en un prestigioso journal que los aparentes "mensajes ocultos" contenidos en el libro del Génesis pasaban los tests convencionales de la estadística, y que los separan de ser meras casualidades.

Varios años más tarde, Brendan McKay y sus coautores, de la Universidad Nacional de Australia, señalaron alarmantes falencias en el estudio original, lo que sugiere que Dios no pasa mensajes en clave en la Biblia o que lo hace demasiado bien. Queda como desafío para la ciencia de datos moderna escrutar cuán cierto es lo que se hablaba por estas tierras de los discos de Xuxa pasados al revés, aunque más de uno diga que ya fue suficiente con escucharlos al derecho.

LA NACIÓN
Walter Sosa Escudero
09 de Diciembre de 2019
Walter Sosa Big Data