Adrián Darmohraj: Público-privado en el turismo, una alianza posible


En algunas ocasiones la alianza entre el sector público y el privado es percibida como una combinación artificial, poco fructífera y pasible de corrupción. En algunos casos la detección de negociados perjudiciales para el Estado en materia de concesiones, obras públicas y prestación de servicios impiden valorar el enorme potencial que tiene esta modalidad de gestión asociativa. En nuestro país hay alianzas público-privadas que han dado buenos resultados. En especial en los gobiernos municipales que necesitan mayores recursos para promover sus atractivos y potenciales de inversión. Los gobiernos locales se ven favorecidos por el aporte de recursos de las empresas y éstas obtienen un espacio de participación en las decisiones públicas. Todo ello fortalece el entramado institucional y permite la planificación a mediano y largo plazo.

Uno de los sectores en donde más se observa este fenómeno es en el turismo. Las autoridades municipales se asocian con empresarios locales: gastronómicos, hoteleros y comerciales, para conformar una institución mixta que se encarga de planificar, financiar e implementar políticas de promoción.

Existen casos que llevan varios años de implementación con resultados medibles. Uno de ellos es el de Tandil. En el 2005 se creó el Instituto Mixto de Turismo, ente con financiamiento propio y autonomía para implementar políticas de promoción turística. En menos de 10 años sus actividades permitieron un incrementos del 6% en la cantidad de viajeros a esa ciudad, 23 % en la estadía promedio, y 4% del personal ocupado en hotelería y restaurantes, además de la elaboración de un plan estratégico sustentable y legitimado por todos los vecinos de la cuidad. Otro caso es el de Ushuaia Bureau, asociación civil integrada por el gobierno municipal y empresarios de esa ciudad, financiada por aportes simétricos de ambas partes y con funciones especializadas. Estas iniciativas no son soluciones mágicas ni recetas aplicables a cualquier contexto, pero sí la prueba evidente de que las alianzas entre el sector público y el privado permiten potenciar capacidades y hacer un uso eficiente de recursos. Sin importar el color partidario del gobierno de turno ni la ideología de los empresarios, es posible trabajar en forma conjunta en beneficio de todos.

Clarín
18 de Mayo de 2016