En contexto

Enfoques sobre la actualidad del país y del mundo

Comunicación Institucional

San Andrés en imágenes

Galería multimedia

+ San Andrés

Actualidad

Federico Merke: Un buen comienzo, no empezar todo de cero

"Resulta fundamental construir una política exterior a partir de lo heredado. Examinar en dónde hemos avanzado, por ejemplo, en democracia, derechos humanos o asuntos nucleares, y en qué debemos enfocarnos para mejorar nuestra posición relativa, sea comercio, medioambiente o seguridad. No comenzar todo de nuevo sería un buen comienzo", consideró el director de las licenciaturas en Ciencia Política y Relaciones Internacionales. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://www.lanacion.com.ar/1849189-un-buen-comienzo-no-empezar-todo-de-cero

A más de treinta años del regreso a la democracia, la trayectoria internacional de la Argentina deja tres lecciones que valdría la pena considerar al momento de pensar una nueva política exterior.


La primera tiene que ver con un dilema que no hay que resolver, sino que superar. El dilema plantea que la política exterior sirve para fines domésticos y electorales, o bien para ganar reputación internacional. La primera opción nos coloca ante el riesgo de no tener política exterior alguna. La segunda alternativa podría incrementar los costos internos de decisiones externas. Este dilema puede ser ilustrado con la forma de un alicate camino a Ezeiza o de un osito rumbo a Malvinas.


¿Cómo salir de esta encerrona? Desplazando el eje y repensando para qué queremos tener una política exterior. No está mal buscar votos o estatus. Pero ellos deben ser el resultado de otra cosa, por ejemplo, de una mejora de nuestros niveles de desarrollo. De ahí que la política exterior, como observó Celso Lafer, debe ser pensada como el arte de traducir necesidades internas en oportunidades externas. Esto demanda hacer de la política exterior una verdadera política pública, entrelazada con otras políticas en distintos niveles de gestión estatal y provincial.


La segunda lección se relaciona con los tiempos diplomáticos y las percepciones que tenemos acerca del impacto de nuestras decisiones externas. Típicamente apremiados por la inestabilidad política, los gobiernos han tendido a sobreestimar el impacto de la política exterior en el corto plazo y han subestimado su efecto en el largo plazo. El problema es que la política exterior no es un conjunto de señales que se dan hoy para que paguen mañana. Implica una construcción lenta, ponderada, de nuestras preferencias, que deben sostenerse en el tiempo para que den resultado.


La tercera lección tiene que ver con un patrón cambiante, pendular, de nuestra política exterior, expresado en distintas preferencias y alianzas y en los modos de proyectar nuestra identidad internacional. Estos giros han traído más daño que beneficio. Cuando se observa que el éxito de los países depende de la consistencia intertemporal con la que aplican sus políticas, la política exterior no es la excepción.


Resulta fundamental, entonces, construir una política exterior a partir de lo heredado. Examinar en dónde hemos avanzado, por ejemplo, en democracia, derechos humanos o asuntos nucleares, y en qué debemos enfocarnos para mejorar nuestra posición relativa, sea comercio, medioambiente o seguridad. No comenzar todo de nuevo sería un buen comienzo.