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Alba Piotto

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Alejandro Artopoulos: Los grupos de WhatsApp, la nueva pasión argentina

“WhatsApp nació para los teléfonos celulares a diferencia de otras redes sociales como Facebook o Twitter y llega a las clases populares porque con la red de wifi saltea los mensajes de texto que son pagos”, indicó el profesor de la Escuela de Educación. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://www.clarin.com/viva/Revista_Viva-redes_sociales-aplicaciones-whatsapp_0_1459654139.html

De pronto, en el grupo de WhatsApp de las “mamis de 4to. B” se filtró un video porno. Sexo explícito de escasos segundoscompartido a treinta personas. Los comentarios no tardaron en llegar y algunos iban subiendo de tono: “Imaginate un grupo de minas hablando de sexo”, le cuenta Gladys, una de las integrantes de ese espacio, a Viva. Para su sorpresa –que ya era mucha– vinieron confesiones íntimas:


–Con mi marido a veces tenemos sexo con un tercero o una tercera.


–¿Y lo ves a tu marido haciéndolo con un tipo? Qué momentooo!


–¿Nunca hicieron un trío?


Era un mediodía y Gladys, empleada administrativa, de 42 años y dos hijos, estaba en su oficina: “No paraban de sonar las notificaciones –comenta con una sonrisa–. Me sentí incómoda porque no tengo tanta confianza para hablar de esos temas en una red social. Con ochenta mensajes para leer, no podía seguir cuáles eran los triple equis y cuáles los que te daban alguna información sobre la escuela”. La idea original de esa pequeña comunidad online era resolver cosas cotidianas: organizar el pool para llevar y traer a los chicos, estar al tanto de las actividades, tener control de las salidas o de las tareas. ¿Qué hacer? “Si decidía irme del grupo quedaba afuera y para mí es importante porque me resuelve el día a día. Y si decía algo, quedaba como una amarga...” A la semana otra mamá propuso que quienes quisieran compartir ese tipo de material armaran un grupo aparte porque no a todas les interesaba. Y así se terminó lo que Gladys menciona como “spameo erótico”.


Los grupos que se forman alrededor de la escuela son moneda corriente y se llevan los comentarios en las reuniones familiares o sociales. Una pareja cuenta que participó de un grupo de padres que fue abierto en torno al viaje de egresados de su hija mayor, de una escuela de Villa Devoto. Querían estar al tanto de las novedades hasta que el teléfono celular se convirtió casi en una pesadilla: “Al comienzo, todo bien. Luego empezaron los comentarios más personales; siguieron los ‘feliz Día del Padreeee!!!!!!’ y veinte personas respondiendo ‘feliz día’”.


Profesionales, papás de cuatro, esgrimen sus agendas: “Es bárbara esta herramienta de participación, pero no salirse del eje. A las 6 de la mañana –cuentan– ya teníamos mensajes del tipo: ‘Fulanito tiene fiebre’ y todos contestando ‘Uuuh pobrecito’, ‘Fuerza Fulanito’ y veinte corazones o emoticones con carita de tristeza”, sonríen. “Ni hablar cuando se empezaban a insultar entre sciolistas y macristas antes de las elecciones”, agregan. Y revelan que se vivió una verdadera “batalla virtual” el Día del Maestro: “La escuela decidió festejarlo el miércoles anterior. Al día siguiente, jueves, estuvo cerrada: no había agua. La sospecha que ardió en WhatsApp fue que los docentes se habían tomado todo el fin de semana largo ya que su día caía viernes. Fue tremendo. Decidimos dejar el grupo”.


Mariel, una estudiante de 21 años, de una universidad privada, tiene varios grupos de esta red : casi uno por materia, y no falta el “fiestero” donde se convocan para salir y arreglar la previa. El que más le divierte es uno que funciona mientras está en clase: “Algo que no debería hacerse –admite–. Nos sacamos fotos entre nosotros y las mandamos con cartelitos onda: ‘Y vos tipo...’. También nos pasamos parciales entre las comisiones”. La clave, dice, es tener la notificaciones silenciadas: “Si no, te volvés loca. Llego a tener, entre todos los grupos, más de trescientos mensajes”.


Mónica, profesora de un secundario de Ciudadela, también se mueve con sus dos grupos de trabajo en silencio: “Son casi cien personas, de las que conozco a quince. Y creo que exagero”, señala. “Más allá de lo puntual (informes o materiales de trabajo), tienen una dinámica parecida a Facebook y las antiguas cadenas que antes te mandaban por mail ahora caen ahí. Sumale los saludos por ‘el día de’. Los docentes tenemos muchas fechas relacionados con lo que hacemos.”


Y enumera: “el Día del Maestro, de la Secretaria, del Profesor, del Director, del Bibliotecario, del Preceptor y del Profesor de Educación Física. Ni hablar del Día de la Primavera, del Estudiante (‘porque todos lo fuimos o lo somos’), del Niño (porque todos lo fuimos y ‘lo llevamos dentro’) –redobla irónica–. Imaginate estos saludos multiplicados por ochenta con diversos flyers, videítos, fotos y emojis (emoticones)”. También hay cruces gremiales o políticos, pero los directivos que administran los grupos piden evitarlos.


Diálogo colectivo.
Alejandro Artopoulos, sociólogo y director del Laboratorio de Tecnologías del Aprendizaje de la Universidad de San Andrés, considera que esta aplicación devenida la red social del momento es ideal como micromanagement familiar para cualquier situación que haya que resolver. Así se forman grupos para familias, amigos, trabajo o padres del colegio; para organizar la compra de un regalo o un cumpleaños; o para ir a jugar a la pelota. Es decir: gestionar temas cotidianos mediante el smartphone .


De hecho, “WhatsApp nació para los teléfonos celulares a diferencia de otras redes sociales como Facebook o Twitter”, define Artopoulos. “Y llega a las clases populares porque con la red de wifi saltea los mensajes de texto que son pagos”. Permite que estemos en contacto virtual permanente, sin interrupciones. “Es un continuo de nuestro espacio de convivencia, un diálogo colectivo sobre intereses comunes”, concluye.


Italo Daffra, periodista y experto en Social Media y Medios Digitales, opina: “Lo atractivo de estos grupos es que comunican gente que comparte intereses de manera rápida y eficiente”. Esto significa que, a diferencia de Facebook, no hay necesidad de “crear un evento” : “En esta red tirás una idea a tu grupo y tanto la propuesta como la respuesta son inmediatas”. Según Daffra, un grupo se potencia cuando se encuentra a la gente adecuada para integrarlo y funciona solo, sin que el adminsitrador (generalmente, quien lo crea) deba intervenir para que los demás interactúen. “Eso es una señal de que el grupo les sirve a los usuarios, ya sea desde la información o por algo lúdico”, afirma. Y además no existen fronteras: las personas pueden estar a miles de kilómetros comunicadas al instante.


Daffra participa en varias de estas comunidades online. Menciona con interés un grupo formado por hinchas de River como él. No fue corner –tal es el nombre– es una platea virtual que comparte la pasión por el club, aunque la mayoría de sus integrantes no se conoce entre sí. Tiene una dinámica parecida a lo que sucede en la cancha, donde hay un intercambio con otras personas que se vinculan, casi exclusivamente, por el interés común del equipo. “El día de la final de la Libertadores, dos de nosotros estábamos en la cancha y el resto en sus casas, pero compartimos los nervios, las cábalas –que son parte importante en nosotros– y el partido. A la semana siguiente, cuando River jugó en Japón la Copa Suruga, a las siete de la mañana estábamos todos mensajeándonos”.


Ese grupo es mixto y está activo en continuo con la excusa del fútbol, incluida la Selección. A veces sucede que se disparan otros intereses:


- Gente, Lavezzi juega porque es lindo, no? (preguntó una integrante en el partido con Paraguay).


-Está haciendo más partido que Tevez, (respondió un varón).


-Lavezzi sirve para levantar rating pero cuando se saca la camiseta (escribió otra ).


-O cuando te muestra la tanguita (insistió la primera).


- A las chicas, ¿el Pocho les gusta con remera o sin remera, con tanguita o sin tanguita? (indagó un integrante).


- ¡No nos cosifiquen! (reclamó otro).


Cielo, infierno o las dos cosas. Los grupos de WhatsApp ya son (casi) como la vida misma.