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Diego Reynoso: La incógnita del balotaje

"Quedan los 5,2 millones de votos de Massa (y, en menor medida, de José Manuel de la Sota). Ese es el lote decisivo. De partirse en ambas direcciones por partes iguales, favorecería un triunfo de Scioli en segunda vuelta", analizó el profesor de Ciencia Política. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://www.lavoz.com.ar/opinion/la-incognita-del-balotaje

Luego de un largo año electoral, el 22 de noviembre concurriremos por tercera vez a las urnas para elegir, esta vez de manera definitiva, al próximo presidente de la república.


De las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) habían emergido Daniel Scioli (8,7 millones de votos) y Mauricio Macri (6,7 millones) como los candidatos más respaldados, seguidos por Sergio Massa (4,6 millones).


Las teorías indicaban que, de existir políticos y votantes estratégicos, la polarización entre Scioli y Macri erosionaría el caudal de apoyo de Massa y, en consecuencia, sus votos iban a parar a los dos primeros. De esta incógnita dependía si la elección terminaba en primera vuelta o habría balotaje.


De más está decir que eso no ocurrió y que, si bien Scioli trepó a nueve millones de votos y Macri a 8,3 millones, esas adhesiones no vinieron de los votantes de Massa, que también obtuvo el domingo pasado un incremento en la votación que lo elevó a 5,2 millones de votos.


Ola favorable


¿De dónde llegó el respaldo al candidato de Cambiemos? Los datos indican que provino en su mayoría de dos lotes. Por un lado, el voto en blanco, que en las primarias había sido 1,2 millones, se desplomó a casi 600 mil. Por otro lado, los votos positivos, que en las Paso habían sido 22 millones, subieron a 24,4 millones el domingo pasado.


¿Qué nos indica esto? Que Macri supo conquistar el respaldo mayoritario de los indecisos, de los menos politizados, a los cuales la realidad partidaria, las definiciones ideológicas, la política que ven como tradicional no los convoca ni los atrae.


En este sentido, si bien el candidato del Frente para la Victoria obtuvo más votos que su inmediato contrincante –en concreto, 600 mil votos–, no fue el ganador de la noche del domingo pasado y menos aún su instituto político, fuertemente enraizado en una porción de la sociedad, pero que no ha logrado despertar la adhesión de los ciudadanos menos intensos, quienes vieron en el candidato de Cambiemos, ahora con más intensidad, su candidato.


Los resultados del domingo pasado dejaron en tablas a ambos candidatos, aunque con un impulso simbólico poderoso a favor de Macri.


Puestas así las cosas, la tendencia está en favor del jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Pero los partidos no se ganan antes de jugarlos, con excepción de que el rival no se presente al campo de juego (como ocurrió con Carlos Menem en 2003).


La gran pregunta


¿Quién ganará el balotaje? Es la pregunta que todos hacen y que nadie puede responder, aunque podemos hacer conjeturas sobre la base de algunos números, siempre advirtiendo al lector que, en política, dos más dos no siempre es cuatro.


De los 800 mil votos que obtuvo el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), podemos considerar que 200 mil pudieran seguir la posición oficial del frente: votar en blanco.


El resto es poco probable que se inclinen por el candidato de Cambiemos, aunque uno nunca sabe. Podríamos, entonces, pensar que esos 600 mil, ceteris paribus, están más cerca del gobernador bonaerense que del jefe porteño.


En estos días, Adolfo Rodríguez Saá dejó traslucir que su espacio se inclinaría por Scioli y, si bien los votantes no siempre se inclinan por lo que sus dirigentes deciden, podríamos pensar que esos 400 mil votos en su mayoría están más cerca también del gobernador bonaerense.


Más difícil es estimar la dirección de los 600 mil votantes de Margarita Stolbizer, los cuales pueden ser tan progresistas como antiperonistas, lo que deja una duda importante acerca de su potencial inclinación en la segunda vuelta.


Mi sospecha es que, por estimar a ojo, dos de cada tres de esos votantes están más cerca de Macri que de Scioli. Si esos fueran los cálculos, probablemente el balotaje fuera del kirchnerista de manera ajustada.


No obstante, quedan los 5,2 millones de votos de Massa (y, en menor medida, de José Manuel de la Sota). Ese es el lote decisivo. De partirse en ambas direcciones por partes iguales, favorecería un triunfo de Scioli en segunda vuelta.


Pero la incertidumbre es grande –al menos hasta hoy– acerca de cuáles son las preferencias de esa porción del electorado.


La incógnita radica en si se trata de un electorado peronista disconforme con la gestión o los modos de liderazgo de Cristina Fernández –pero peronistas al fin y al cabo y que no votarían a un candidato no peronista– o bien es un electorado abiertamente opositor al Gobierno nacional, que nunca votaría por un candidato oficialista.


Saber cuál es la porción de cada una de estas dos tendencias en el electorado del Frente Renovador es la incógnita por resolver, incluso para el propio Massa. Inclinarse por Scioli o Macri, probablemente a cambio de algo, será un riesgo que deberá sopesar de forma cuidadosa. O bien dejar en libertad a su electorado evitando definirse, y no correr el riesgo. La resolución de esa incógnita dirimirá en gran parte el balotaje de noviembre.