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Federico Merke: Fragmentos de violencia aquí, allá, en todas partes

"El problema quizás no sea la violencia, sino qué hacer con ella. La idea de una guerra mundial "por partes" sugiere una profunda crisis de legitimidad acerca de cuáles son los Estados y las instituciones más responsables para lidiar con los conflictos", indicó el director de las licenciaturas de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://www.lanacion.com.ar/1836841-fragmentos-de-violencia-aqui-alla-en-todas-partes

Quienes siguen de cerca las opiniones del papa Francisco en asuntos internacionales habrán notado su reiterada observación de que estaríamos viviendo una "tercera guerra mundial" combatida "por partes". Para Francisco, el mundo se ha vuelto más violento y, peor aún, más indiferente a la violencia. "Es una locura", afirmó, alimentada por "la avaricia, la intolerancia y la ambición de poder". Tres factores perennes de la vida humana. El propio Thomas Hobbes, filósofo realista del siglo XVII, se refirió al modo en que la competencia por poder, las disputas por prestigio y el temor al otro provocan guerras.


¿Qué actualidad tiene este razonamiento? ¿Estamos entrando en una tercera guerra mundial fragmentada? Quienes se dedican al estudio científico del conflicto internacional no tienen la misma opinión. El Programa sobre Conflictos de la Universidad de Upsala, centro de referencia en estos temas, registra de manera minuciosa, todos los años desde 1946, los conflictos externos e internos que resultan en violencia organizada de algún tipo. La evidencia sugiere que, en un punto, el papa Francisco tiene razón. Por un lado, en los últimos dos años el mundo se ha vuelto más violento, con una tasa de muertos que en 2014 fue la mayor desde el genocidio de Ruanda en 1994.


Por otro lado, sin embargo, el período de la Guerra Fría (1946-1989) fue por lejos mucho más violento que el período 1989-2014. La violencia de hoy palidece al lado de la que dejó Corea, Vietnam, Afganistán, Camboya o Bangladesh. Así, mirando en ciclos largos, hoy muere menos gente que hace cuarenta o cincuenta años, que a su vez son muchos menos que los sesenta millones de muertos que dejó la Segunda Guerra Mundial.


Si los números son éstos, ¿qué nos dicen las afirmaciones del papa Francisco? El problema quizás no sea la violencia, sino qué hacer con ella. La idea de una guerra mundial "por partes" sugiere una profunda crisis de legitimidad acerca de cuáles son los Estados y las instituciones más responsables para lidiar con los conflictos.


Esta crisis es en parte el resultado de un liberalismo internacional acosado por dentro y por fuera y de una redistribución del poder mundial que genera serios problemas de acción colectiva. Son estos vacíos, quizás, los que han colocado al Papa en el centro de muchos conflictos. Vacíos que a su vez son llenados por una inagotable cantidad de imágenes que permiten seguir la trayectoria de los misiles rusos o ver el cuerpo inerte de un niño al borde de la playa. Quizás la violencia sea menor. Pero quizás todos la sentimos más cerca. Y con pocos responsables que quieren la paz.