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Adrián Goldin: Un nuevo sindicalismo, la alianza con el poder político y el Estado

"Aquel 17 de octubre es también el episodio inaugural de un proceso de constitución de un nuevo perfil sindical; los sindicatos -los que admiten de inmediato alinearse con el gobierno- parecen hacer entonces a un lado su histórica relación con las ideologías, para anudar en lo sucesivo un casi excluyente vínculo con el poder político y el Estado", consideró el profesor Emérito de San Andrés. La versión original de la nota puede verse aquí:  http://www.lanacion.com.ar/1837256-un-nuevo-sindicalismo-la-alianza-con-el-poder-politico-y-el-estado

En el 17 de Octubre de 1945 puede fijarse la fecha de nacimiento de una nueva expresión política -el peronismo-, fuertemente ligada a los trabajadores y a los sindicatos, unos y otros involucrados en diversa medida en la gestación de aquel episodio histórico.


Pero precisamente por ello, aquel 17 de Octubre es también el episodio inaugural de un proceso de constitución de un nuevo perfil sindical; los sindicatos -los que admiten de inmediato alinearse con el gobierno- parecen hacer entonces a un lado su histórica relación con las ideologías, para anudar en lo sucesivo un casi excluyente vínculo con el poder político y el Estado.


Opción alentada por el hecho innegable de haber sido el peronismo el primero que reconociera a los sindicatos como sujetos del sistema político y por su por entonces ya demostrada capacidad para ofrecerles desde el poder, el acceso a derechos, beneficios y posiciones que la sola acción sindical no había permitido alcanzar.


De ese modo -y con esos incentivos- los sindicatos quedan involucrados en una lógica política en cuyos términos su relación con el peronismo en el gobierno es una nueva y dirimente condición.


Hay que decir que ese fenómeno no quedó anclado en aquel tiempo iniciático: me parece clara derivación del mismo, el hecho notable de que entre las cinco vertientes en las que hoy aparece dividido el sindicalismo de cúpula -la CGT oficialista conducida por Antonio Caló; la CGT Azopardo, de Hugo Moyano; la CTA de los Trabajadores, de Hugo Yasky; la CTA Autónoma, de Pablo Micheli, y la CGT Azul y Blanca, de Luis Barrionuevo- no es fácil identificar divergencias doctrinarias ni ideológicas relevantes; en lo esencial, sólo las distingue su respectiva vinculación de adhesión o de rechazo al gobierno en el poder


A partir de aquella misma instancia histórica se hizo también evidente de inmediato que la evocada relación de pertenencia -los sindicatos, el peronismo y el Estado- no habría de desalentar el recurso recurrente de los primeros al ejercicio del derecho de huelga.


Casi como una constante, el peronismo en el gobierno -me refiero tanto a los dos primeros gobiernos del general Perón como a los posteriores- no admitieron sin duro cuestionamiento ese ejercicio durante sus respectivos tiempos de gestión.


De allí, la problemática relación histórica del peronismo con el derecho de huelga, al que la Constitución de 1949 no reconoció (sólo se incorporó al ordenamiento constitucional como parte del Art. 14 bis introducido por la reforma constitucional de 1957) y al que cada gobierno peronista ulterior sometió una y otra vez a renovados límites reglamentarios y fácticos, justificando la afirmación de que el peronismo exaltó el derecho de huelga cada vez que estuvo en la oposición, mientras tendía a limitarlo en cada oportunidad en que ejerciera el poder.