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Marco Enríquez Ominami: “En América latina los congresos son irrelevantes”

El candidato a presidente chileno participó en el campus de una entrevista realizada por Marcelo Leiras y Federico Merke, directores del Departamento de Ciencias Sociales y de las licenciaturas de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, respectivamente. “Los verdaderos cambios se pueden hacer desde el Ejecutivo. La conquista del Estado es el paso necesario para cambiar a la sociedad”, aseguró.

Marco Enríquez-Ominami, fundador y líder del partido Progresista chileno y candidato a presidente para las próximas elecciones de 2017, consideró que los “verdaderos cambios se pueden hacer desde el Poder Ejecutivo” porque, a su criterio, en “América latina los congresos son profundamente irrelevantes”.

“En América latina los congresos son profundamente irrelevantes porque tenemos monarquías. Creo que los verdaderos cambios se pueden hacer desde el Poder Ejecutivo. La conquista del Estado es muy importante para la izquierda, por eso se equivoca la ultraizquierda cuando dice que competir por el Estado es peyorativo. La conquista del Estado es el paso necesario para cambiar a la sociedad. No se la cambia desde lo privado. El Estado fija las reglas y la conquista del Estado es fundamental”, expresó Enríquez-Ominami, que también aspiró a la presidencia del país trasandino en 2009 y 2013.


El político, filósofo y cineasta chileno es hijo del cofundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Miguel Enríquez, asesinado en octubre de 1974 por fuerzas militares del dictador Augusto Pinochet (1973-1990).


“Vivo en una sociedad que es moralmente muy compleja. Pinochet sigue mandando por la vía de la Constitución, por la vía del sistema liberal, por la estructura de la educación, que no es un derecho, y por los niveles de pobreza”, analizó.


Enríquez-Ominami tiene 42 años, nació el 12 de junio de 1973 pero, dijo, no conoció “ni un día” a su padre. Tras pasar junto a su madre varios años en el exilio en Europa, regresó a Chile para cursar la escuela secundaria en uno de los colegios privados más acomodados de Santiago de Chile. “Algunos compañeros eran encantadores, pero otros eran admiradores de quienes habían causado la muerte de mi padre. Encontraban que era bueno haberlo matado. Viví en una contradicción desde el primer día de clase, cuando un compañero, que era hijo de un alto funcionario del gobierno de Pinochet, me dijo: ‘Qué bueno que matamos a tu papá, porque era un cáncer’. Yo estudié en ese colegio, donde me peleé varias veces”, recordó. Y agregó: “Pasaron los años y hasta hoy camino por las calles con los asesinos de mi padre sueltos, los asesinos de mi tío, los torturadores de mi abuelo. Están todos sueltos”.


Tras perder en las dos elecciones presidenciales anteriores, Enríquez-Ominami aseguró que no le teme “a la derrota y a los ataques” porque tiene “un motor que está inspirado” en su padre, “que fue asesinado por sus ideas. Por lo tanto –sostuvo- nada puede ser peor de lo que yo viví. No conocí a mi papá ni un día. De ahí en adelante entenderán que perder una elección no es una tragedia. Tengo suficiente capacidad profesional y laboral para vivir de otra cosa. Hoy mi obsesión es cambiar Chile y no se puede hacer desde otro lugar que no sea el Estado”, reiteró.


Enríquez Ominami llegó a ser diputado (2006-2010) por el Partido Socialista, al que se sumó porque no sólo representaba sus ideales sino los del derrocado presidente Salvador Allende. Sin embargo, por diferencias políticas, y porque la dirigencia partidaria decidió “defender” a Pinochet cuando el juez español Baltasar Garzón ordenó su detención en Londres tras acusarlo de cometer crímenes de lesa humanidad, rompió años después para formar Progresista.


“Nosotros creemos que hay un camino y es lo público. Somos más felices si hay un sistema previsional público, una educación pública, una salud pública; un sistema que no se divorcia de lo privado, pero que no da lo mismo cómo se obtiene la felicidad. Ese camino de lo público no está construido en el caso de Chile”, explicó.


Para Enríquez-Ominami el continente americano se encuentra “ante un fin de ciclo” porque, en un contexto económico poco favorable en la región y buena parte del mundo, las democracias latinoamericanas “demostraron ser más frágiles” de lo pensado.


“Porque Dilma (Rousseff) no es Lula (da Silva), porque (Nicolás) Maduro no es (Hugo) Chávez, porque (Michelle) Bachelet II no es Bachelet I. Los liderazgos que en la década pasada empujaron los movimientos de integración, digámoslo de manera elegante, han sido más desafiados. (Rafael) Correa III no es Correa I, Evo Morales III no es Evo I. Todos los que son pro-integración de los Estados tienen una agenda doméstica que les roba el 90 por ciento de su tiempo. Se acaba la época en la que Néstor Kirchner, Lula y Chávez empujaron este tren de la integración, que fue importantísimo. Estamos frenados”, opinó.