El ocaso de los megarregionales y la Conferencia Ministerial de la OMC


Por Roberto Bouzas para la revista PUENTES, Vol. 18, N° 2, de la ICTSD (International Center for Trade and Sustainable Development), 

El tratamiento que han recibido los “acuerdos megarregionales” por parte de la mayoría de la literatura especializada es un buen ejemplo de la ciclotimia que caracteriza los análisis sobre las tendencias y perspectivas del sistema de comercio internacional. Olas de auge y frustración se suceden sin solución de continuidad, poniendo en evidencia la escasa utilidad predictiva de los enfoques predominantes.

Hasta hace muy poco los acuerdos “megarregionales” parecían un fenómeno irresistible que expresaba el “imperativo tecno-productivo” que era el motor del “regionalismo del siglo XXI”[1]. Al facilitar la explotación del potencial de la fragmentación de los procesos productivos alentada por la revolución de las tecnologías de información, el “regionalismo del siglo XXI” encontraba su expresión más avanzada en los acuerdos “megarregionales”. Estos no sólo enfrentaban con eficacia los temas propios de la integración “profunda”, sino que lo hacían vinculando grupos de países y dando un contenido regulatorio común a las (también de moda) “cadenas globales de valor”.

En una interpretación benévola, los acuerdos “megarregionales” son una aplicación del principio de subsidiaridad a la regulación del comercio internacional. Dado que su foco en disciplinas y regulaciones internas hace imposible (o ineficiente) la discriminación, ofrecerían un modo para avanzar en la regulación del comercio internacional a través de la celebración de acuerdos entre grupos más reducidos. Con el paso del tiempo, esas regulaciones podrían generalizarse como prácticas universales. Los dos ejemplos paradigmáticos son el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés) y el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP, por su sigla en inglés).

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Jueves, Junio 29, 2017