A un año de gobierno, el desgaste se hace sentir


Por Diego Reynoso, profesor de la Universidad de San Andrés.

El 10 de diciembre se cumple un año de la asunción del gobierno de Cambiemos. Un gobierno que comenzó con altas expectativas, al menos para una parte de la población. En enero de 2016 el presidente comenzaba su gestión con una aprobación del 78%. A un año de gobierno, la aprobación es del 51% (con un 42% de desaprobación). Si bien tan solo un 19% considera que la situación económica es buena, las expectativas futuras positivas están alrededor del 45%. Lógico. A un año de gobierno, el desgaste se hace sentir.

Las percepciones de la opinión pública, se sabe complejas y difíciles de medir, de modo que en la mayoría de los casos recurrimos a instrumentos de medición que permiten estimar bajo ciertas restricciones algunos parámetros sociales. En ese sentido desde hace tiempo, entre la Universidad de San Andrés e Ipsos Public Affairs venimos midiendo diferentes aspectos de la satisfacción política en argentina bajo el ISPI (Indicadores de satisfacción política institucional). Para ello utilizamos una escala de 1 a 10 puntos, donde 10 representa el valor máximo de satisfacción. Habitualmente utilizamos el promedio de las calificaciones, pero en esta ocasión hemos aplicado un método diferente. Se trata de la utilización del Indice de Satisfacción Ponderada de Ipsos (también ISPI, por sus siglas) que transforma un simple promedio en un valor ponderado de 0 a 100. De este modo, la satisfacción general ponderada alcanza un valor de 43.3 puntos, la del ejecutivo 38.4, ambas por encima del Congreso (35.9) y del poder judicial (32.2). Como se puede apreciar (ver gráfico) la satisfacción general ha aumentado relativamente desde mayor (mes en que lanzamos el ISPI), mientras que la satisfacción con los poderes del estado han caído, y de manera muy pronunciada en el caso del Poder Judicial.

Más allá de la satisfacción general global, la satisfacción con diferentes políticas públicas varía. Al parecer la población está relativamente más satisfecha con Turismo (45.8), Relaciones exteriores (44.5), Ciencia y Tecnología (44.1), por ejemplo, en comparación con Seguridad (30.2), Justicia (31.5), empleo (32,4) que obtienen los menores puntajes. Salvo variaciones estacionarias (como la caída en energía durante el aumento de tarifas), en general el ranking de políticas públicas se mantiene estable.

Considerando que el índice de satisfacción puede arrojar valores comprendidos entre 0 y 100, los resultados que hemos obtenido hasta ahora indican que los niveles de satisfacción en general y en particular, son bajos. Es cierto que en materia de política hay una valoración negativa global por parte de la sociedad y, aunado a ello, que este gobierno en particular llegó con altas expectativas depositadas en materia de “gestión”. No obstante, efectivamente, hay insatisfacción. Al respecto, en una reciente entrevista al presidente, a la hora de evaluar a su gobierno se autocalificó con un 8. En nuestras mediciones, bajo la misma escala, la calificación promedio de la satisfacción con el ejecutivo fue de 4,5. Obviamente, entre quienes lo votaron la calificación fue un poco mejor (5,2) respecto de la que le asignaron sus opositores (3,2), pero en ambos casos muy por debajo de la calificación del presidente. Desde luego, las percepciones no dejan de ser subjetivas.

Clarín
05 de Diciembre de 2016