Oportunidades en un mundo semiglobalizado


Luciana Pagani

Las macrotendencias y la evolución reciente de la configuración socio económica global continúan poniendo a la Argentina frente a una oportunidad. Un mundo semiglobalizado y de alta complejidad abre una diversidad de espacios para la inserción internacional de empresas de países desarrollados y emergentes. Afortunadamente para la Argentina, estos espacios se vinculan a actividades económicas y capacidades que históricamente supimos construir (agroindustria, alimentos procesados, actividades de manufactura, productos industriales con alto contenido de diseño, servicios profesionales y turismo), y se presentan en un momento donde el mundo nos mira con interés, y tanto desde las políticas públicas como desde el sector empresario comenzamos a transitar un camino paulatino de acercamiento al mundo y de mejora de los determinantes de nuestra competitividad.

La oportunidad está presente, pero el desafío es grande. Nuestras empresas se ven expuestas a una carrera acelerada por mejorar su competitividad para poder ofrecer productos y servicios de mayor diferenciación, mejorando simultáneamente el nivel de productividad. Sin embargo, el desafío no se agota en la agenda estratégica de la empresa. Su competitividad dependerá también del dinamismo y sofisticación del cluster que habitan y de los costos estructurales asociados a operar en la Argentina.

Innovación empresarial

De este modo, la necesidad inminente de invertir en la innovación empresarial y de mejorar las capacidades estratégicas, operacionales y de asociatividad de las empresas, deberá ser acompañada por un esfuerzo sistemático del Gobierno por reducir los costos estructurales de nuestro entorno micro para el desarrollo de la actividad económica. Temas como la seguridad jurídica, la regulación del mercado laboral, el acceso al financiamiento y al capital, la calidad del marco normativo legal e impositivo para el desarrollo empresarial, y los costos logísticos asociados a la infraestructura de conectividad y movilidad son algunos de los elementos que afectan a la estructura de costos, y que deberán ser abordados con una visión transversal y un entendimiento regional y sectorial. Eso llama a un trabajo conjunto que integre los esfuerzos públicos y privados entorno de una agenda de competitividad que facilite el crecimiento, la inserción internacional y la creación de empleo.

Los indicadores presentados por el Banco Mundial (2015) y el Foro Económico Mundial (2016) dan cuenta de la magnitud del desafío. Según esos indicadores, la Argentina se encuentra en el puesto 121 de 189 países en materia de facilidad para el desarrollo de negocios y 104 entre 138 países en competitividad sistémica, considerando la conjunción de elementos macro, micro, institucionales y sociales.

Por su parte, las empresas, enfrentan en distinta medida el desafío de ajustar sus estrategias y migrar hacia propuestas de valor basadas en ventajas competitivas de mayor diferenciación; buscar la transformación de sus modelos de operación para lograr una mayor orientación al cliente e innovar en sus procesos para reducir los costos de llegada al mercado, potenciar los niveles de servicio y generar mejores experiencias de marca. La necesidad de avanzar en este proceso es ineludible y la creciente descomposición de las cadenas globales de valor obliga a las empresas a competir y mejorar su desempeño independientemente de su tamaño y perfil exportador.

La disponibilidad de nuevas tecnologías y soluciones especializadas está siendo un elemento diferencial en la transformación del supply chain como fuente de ventaja competitiva. Esto permite que las empresas se diferencien por la eficiencia de sus redes, por su capacidad de integrar sus operaciones con proveedores y clientes, por su profesionalismo en la gestión de múltiples canales que deben garantizar una experiencia de marca consistente y diferencial, y por su capacidad de integrar el planeamiento (desde el abastecimiento hasta los servicios de post venta) en una única ecuación económica.

Para competir en el nuevo juego global no alcanzará con una estrategia diferencial y la aplicación de mejores prácticas de gestión. Tampoco con la incorporación de nuevas tecnologías. Una transformación eficaz exige la integración de ambas disciplinas en una única estrategia, asegurando que la transformación digital se aliñe a los objetivos principales del negocio maximizando el impacto y retorno de las inversiones realizadas. El proceso de innovación requerido es desafiante, sin embargo son muchas las empresas que están trabajando por una transformación eficaz.
La Nacion
13 de Octubre de 2016