Khatchik Derghougassian: Internet, el chivo expiatorio que carga con las culpas del terrorismo


Ariel Torres

Durante los 13 días de la crisis de los misiles en Cuba , en octubre de 1962, la humanidad estuvo al borde de una guerra nuclear. ¿Tiene sentido afirmar que la responsabilidad de esto, en última instancia, la tuvo Johannes Gutenberg, que creó la imprenta, porque sin los libros impresos en serie las ciencias nunca habrían avanzado, Albert Einstein no habría desarrollado la teoría de la relatividad, que liberó la energía escondida en los núcleos atómicos, y no habríamos llegado a 1962 con misiles intercontinentales, aviones, submarinos y barcos de guerra?

Hay varias razones por las que el párrafo anterior suena a disparate. La primera es que sin los libros tampoco tendríamos vacunas, tomografía computada o refrigeración de alimentos.

La otra es que, si lo dicho arriba fuese cierto, entonces la crisis de los misiles en Cuba también podría atribuirse al asteroide que causó la extinción de los dinosaurios y, con esto, permitió a los mamíferos evolucionar hasta convertirse en humanos, que llegado el caso crearon las bombas atómicas.

Sin embargo, en su momento, los libros fueron temidos, vigilados, censurados y quemados.

Repetimos ahora la misma falacia con las computadoras e Internet. En 1999, la culpa de la masacre en la escuela secundaria de Columbine se le atribuyó a videojuegos violentos, como el Doom. Nadie reparó en que el Doom era jugado por unos 20 millones de chicos. Resultaba más fácil (y, quedó demostrado, por completo inútil para detener las matanzas) echarle la culpa al Doom que al hecho de que las armas puedan comprarse en Estados Unidos con la misma facilidad que una camisa.

Dylan Klebold, uno de los asesinos de Columbine, era menor de edad cuando adquirió algunas de las armas usadas en el ataque. Tampoco los factores sociales, psiquiátricos y familiares, siempre más arduos, parecían más importantes que el chivo expiatorio de turno: los videojuegos.

En la era del terrorismo global, la candidata para la demonización es Internet. Es obvio que, de la misma forma que dos adolescentes con trastornos de personalidad y una fuerte tendencia a la violencia preferían los videojuegos de tiros, los terroristas explotan la Red para reclutar, radicalizar, recaudar fondos y, en menor medida, organizar ataques. Nada más cierto. Pero Internet también ayuda a los médicos en zonas de desastre, a los testigos de casos de corrupción e incluso a los que luchan contra el terrorismo.

"La relación entre terrorismo e Internet es muy estrecha, pero eso no significa que el terrorismo se explique por Internet. No es una condición necesaria ni suficiente. Es, en todo caso, un facilitador -dice Khatchik Derghougassian, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad San Andrés y especialista en temas de seguridad internacional y Medio Oriente-. Las causas son mucho más sociales, ideológicas, políticas y, a veces, económicas. Internet simplemente facilita, es una táctica, de la misma forma en que recurrir al terrorismo es una táctica violenta para llevar adelante sus causas."

Resistencia

Pero el ciudadano reclama que se haga algo. Entonces se recurre, por ejemplo, a la vigilancia estatal indiscriminada o se propone, como hizo el primer ministro británico, David Cameron, eliminar el cifrado de Internet. Estas prácticas son resistidas hoy no sólo por los defensores de los derechos civiles, con justa razón, sino también por gigantes como Apple y Google, que saben que sin cifrado Internet no puede funcionar. Y sin Internet, la economía mundial se desmorona en horas.

Además, como sucedió con los videojuegos, la vigilancia no parece estar dando resultado. El autor de la masacre de Orlando había sido interrogado por el FBI en relación con posibles vínculos terroristas, y aún así pudo comprar un fusil semiautomático y una pistola 9 mm.

"Me parece que esas prácticas son más bien engañosas. Lo digo porque por más que incrementan la vigilancia no están logrando frenar los ataques", observa Derghougassian, y añade que "una de las consecuencias no deseadas de la vigilancia masiva es que pone a todos los musulmanes en la misma bolsa, y esto conduce a una mayor radicalización".

Pero la vigilancia es algo por mostrar a personas que tienen miedo y quieren respuestas. No obstante, como señala Derghougassian, en el fondo todos estos fenómenos de violencia tienen causas políticas. "Mientras no se atiendan esas causas, van a seguir", agrega.

El problema es de una complejidad extrema e inédita, sin soluciones sencillas, rápidas y fáciles. Aún si apagaran Internet, los ataques terroristas no sólo no se detendrían, sino que las víctimas quedarían aisladas, amordazadas y con más miedo que ahora.

La Nación
22 de Junio de 2016