José Fanelli: "Bono demográfico": aumentar el ahorro e invertirlo bien


Los cambios demográficos se producen de manera paulatina y, por ende, las políticas orientadas a lidiar con ellos son con facilidad desplazadas en la agenda pública por las urgencias de la coyuntura. O por la conveniencia política, porque no ocuparse de la demografía es a veces una forma de conseguir financiamiento dejando un pasivo “invisible” –o menos herencia– para las generaciones venideras. Es mucho más agradable anunciar un aumento de las jubilaciones o una moratoria que un incremento de impuestos para asegurar el financiamiento de la seguridad social. También lo es incrementar el gasto corriente en vez de la inversión pública que aumentaría la herencia que dejaríamos. La demografía suena lejana. Pero el consejo de la economía es ocuparse de ella.


La Argentina es relativamente joven y está cursando el llamado “bono demográfico”. Le quedan aún unos veinte años antes de empezar a envejecer. La etapa del bono es la mejor para el crecimiento económico por dos razones. La primera es que la proporción de personas en edad de trabajar en relación a la población total es máxima; la segunda es que hay más “ahorradores primarios”, que son las personas en edad de ahorrar. En la etapa de envejecimiento hay menos trabajadores en relación a los retirados y menor capacidad de ahorro. Los países desarrollados están entrando en esa etapa. Pero aunque será más difícil para ellos, entran con ventaja para mantener a sus mayores porque ya son ricos. En función de esto, el desafío esencial que la demografía le plantea hoy al país puede resumirse de manera simple: ¿cómo usar la mayor capacidad de trabajo y de ahorro que brinda el bono para que la Argentina se haga rica antes de hacerse vieja?


Si en los próximos veinte años ahorramos como ahora, creceremos al 2.5% como ahora y al fin del bono el ingreso por habitante será 67% mayor. Si creciéramos al 5.5% triplicaríamos el ingreso en igual período. ¿Exagerado suponer esto? Para nada, si observamos la experiencia de países que aprovecharon el bono demográfico como es el caso de Corea. Pero bueno, digamos el 4% de crecimiento anual en los próximos veinte años. Al terminar el bono habría menos trabajadores para mantener a los jubilados en proporción, pero ganarían 2.2 veces más. Para lograrlo, hay que incrementar la tasa de ahorro no menos de 4 o 5 puntos porcentuales del PBI. Es justamente para esto que hay que aprovechar la mayor proporción que hoy tenemos de ahorradores primarios. Obviamente, para que puedan ahorrar y ganar más, los trabajadores deben tener trabajo y esos trabajos deben ser de calidad creciente para que aumente la productividad. Conclusión importantísima: hay que aumentar el ahorro y hay que invertirlo bien para generar empleo. Fallar en esto es imperdonable porque el bono es pasajero. Los errores “valen doble”.


Para canalizar el ahorro a la inversión hay que desarrollar el sistema financiero. Y esto no va a ocurrir si no baja la inflación. Aunque esto es sólo una condición necesaria. Se necesitan además buenas regulaciones y políticas activas de promoción de los mercados de capital para atraer fondos de los argentinos hoy colocados en el exterior. El sector público debe reasignar el gasto en favor de la inversión pública. Hacen falta como mínimo tres puntos porcentuales del PBI más. Esto implica que habría que mantener el control sobre otros gastos, en particular sobre la seguridad social. Estamos gastando ya bastante más de 10 puntos porcentuales del PBI y no envejecimos todavía. La inversión en capital humano (sobre todo educación) no puede bajar y es necesario multiplicar esfuerzos para incrementar la eficiencia del gasto.


La economía hace varios años que no crece, no crea empleos de productividad razonable y la inflación es alta. ¿Cómo podría no ayudarnos con los problemas del presente ocuparnos de lo que demanda la demografía? 


José María Fanelli es economista. Profesor de la Universidad de San Andrés e investigador del CONICET.

Clarín
25 de Julio de 2016